ESTAD QUIETOS Y CONOCED QUE YO SOY DIOS

«Estad quietos, y sabed que yo soy Dios;»

exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra».

Salmo 46:10

Hace unas semanas me encontraba afrontando una situación difícil en la que analizaba que lo que Dios me pedía hacer en medio de esta situación cómo: “ser paciente, amable, perdonar, etc” me parecía simplemente imposible de realizar en este caso particular y por otro lado, la situación en sí, me parecía imposible de cambiar. 

Entre más pensaba en este dilema, más tristeza me generaba y más me hundía en la desesperanza. 

En medio de todo esto, confesándole a Dios en oración con total sinceridad mi impotencia y todo lo que esto me generaba, se me ocurrió preguntarle qué debía hacer. 

Su respuesta fue poner en mi mente este versículo bíblico: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios” (Salmo 46:10). Sabía un poco de qué se trataba porque hace un tiempo había estudiado este pasaje y recordaba que tenía algo que ver con que la palabra que traducimos como “estad quietos” significa en realidad soltar, pero no recordaba bien de qué se trataba, así que me fui a estudiarla. 

La palabra traducida “estad quietos” es “harpú” en su idioma original (hebreo), que viene del verbo “rapha” que significa “soltad, cesad, desistid”. Así que la orden “Estad quietos” no implica pasividad, sino soltar el control obsesivo y dejar de asumir un rol divino frente al caos y la incertidumbre. Porque Él es Dios, no tengo que serlo yo. Porque Él es Dios, soy libre de la pretensión de ser mi propio salvador. 

Tras recordar esto, entendí algo que iluminó nuevamente mi esperanza: “Yo no puedo, pero Dios sí puede”. Tal vez esta situación supera mi nivel de amor, paciencia y tolerancia. Tal vez no puedo cambiar la situación o a la persona o personas involucradas. Pero reconocer mi impotencia no tiene por qué llevarme a la desesperanza. Puede llevarme a la humildad, y a mayor confianza y dependencia de Dios y de Su gracia. 

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. (Juan 15:5 RVR1960)

Mi situación particular no cambió inmediatamente, pero sí mi actitud hacia la misma. Pude orar, entregarle a Dios la situación y confiar en su obra en mi vida por medio de estas circunstancias aunque tal vez a mi alrededor las personas o situaciones no cambien de la noche a la mañana, pero sí puedo afrontarlas con fe, poder, amor, paz y esperanza. 

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4: 14-16 RVR 1960

Como hijos de Dios podemos acercarnos a Él con confianza, gracias al camino que Cristo abrió para nosotros por medio de su obra en la cruz. Y al acercarnos al trono de la gracia, podemos encontrar en Él la paz, el amor y la seguridad que anhela nuestra alma, así como la misericordia, el favor, poder y fuerza necesaria para hacer Su voluntad en medio de cualquier circunstancia.

Te animo a leer el Salmo 46 y pedirle a Dios que te hable a través del mismo y te muestre cómo aplicarlo en tu vida:

SALMO 46

Dios es nuestro amparo y fortaleza,

Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,

Y se traspasen los montes al corazón del mar;

Aunque bramen y se turben sus aguas,

Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah

Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios,

El santuario de las moradas del Altísimo.

Dios está en medio de ella; no será conmovida.

Dios la ayudará al clarear la mañana.

Bramaron las naciones, titubearon los reinos;

Dio él su voz, se derritió la tierra.

Jehová de los ejércitos está con nosotros;

Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah

 Venid, ved las obras de Jehová,

Que ha puesto asolamientos en la tierra.

Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra.

Que quiebra el arco, corta la lanza,

Y quema los carros en el fuego.

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;

Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.

 Jehová de los ejércitos está con nosotros;

Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah

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