Hay cosas que dije ese día que no están escritas en este post y viceversa, cosas que están escritas aquí que me faltó decir en la prédica. Así que se complementan.
“Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed” Jesucristo (S. Juan 4:13 RVR1960)
“Todos los sedientos, venid a las aguas”. Isaías 55:1a LBLA
La mujer samaritana buscaba el agua viva… Y todos nosotros también
En el evangelio de Juan, capítulo 4, se narra el encuentro entre Jesús y la mujer samaritana. Mi invitación para hoy es que a medida que vamos repasando los detalles de esta historia, te pongas en el lugar de la mujer samaritana y te prepares para un encuentro con Jesús.
La historia comienza con un viaje, Jesús y sus discípulos se desplazan caminando desde la región de Judea hasta la región de Galilea al norte, un viaje largo. En medio de ese camino pasan por la región de Samaria, por la ciudad de Sicar y Jesús cansado del camino se detiene a descansar, sentándose junto a un pozo.
y allí estaba el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era como la hora sexta (mediodía). Juan 4:6 LBLA
El pozo de Jacob existía desde hacía mucho tiempo (1800 a.C) y todavía existe. Es un acceso hecho por un ser humano (Jacob) a una corriente de agua subterránea, alimentada por varios manantiales cercanos y es muy profundo. Inicialmente tuvo una profundidad de 40 metros. Actualmente tiene una profundidad de 23 metros. 1
Es decir, el pozo de Jacob es una fuente de agua de muy buena calidad para saciar una necesidad básica. Jesús se sentó junto al pozo, junto a la vida común y corriente. Y era la hora sexta, las 12 del día, la hora de comer.
Una mujer de Samaria vino a sacar agua, y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. Entonces la mujer samaritana le dijo: ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos. Juan 4:7-9 LBLA
Jesús se aparece en su cotidianidad, le sorprende y coloca en una situación peculiar y le pide agua, algo que ella también está buscando.
Respondió Jesús y le dijo: Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva. Juan 4:10 LBLA
Jesús le responde que hay dos cosas que la Samaritana no sabía:
- Quién era Jesús
- Qué regalo tenía Dios para ella. “Si conocieras el don de Dios” = hay algo que Dios tiene para darte que es gratis. Se trata del agua viva, agua que da vida.
Ella le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo del cual bebió él mismo, y sus hijos, y sus ganados? Juan 4:11-12 LBLA
Jacob tuvo que cavar ese pozo, es un ejemplo del esfuerzo humano para satisfacer una necesidad. Ese pozo era una fuente de “agua viva”, porque el adjetivo “viva” significa que se trata de agua en movimiento, una corriente de agua. El agua en movimiento es un agua de mayor valor porque es un agua llena de oxígeno disuelto, lo contrario del agua estancada. Estamos hablando de que esa agua era un agua de calidad, como las que hoy sacan de los manantiales y nos la venden como agua embotellada. Esa agua merecía el esfuerzo frecuente que ella hacía de caminar 3 Km para venir a sacarla y luego devolverse a su casa otros 3 Km cargando esa agua.
Lo que ella le está diciendo a Jesús es: ¿Cómo vas a ser capaz de darme un agua de más valor, de mayor calidad que la que nos dio Jacob con su esfuerzo, y que yo me esfuerzo por conseguir?
Respondió Jesús y le dijo: Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna. Juan 4:13-14 LBLA
Si bebes del pozo del esfuerzo, de las respuestas humanas para lo que tú crees que son tus necesidades… volverás a tener sed (necesidad).
En griego, la construcción gramatical transmite continuidad: “todo el bebiendo”2 todo el que se mantenga bebiendo de esta agua, “otra vez” o “también”, se mantendrá sediento, es decir, nunca se sacia.
Más el que beba (bebiendo), del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás. Esa agua “se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna”, es decir, que al beber esa agua tendrá en sí mismo la fuente de agua corriente, de agua de vida. Ya no tendrá que ir a ningún sitio a sacarla. Por eso es que ella responde:
La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga sed ni venga hasta aquí a sacarla. Juan 4:15 LBLA
Jesús le respondió con una condición para darle esa agua de vida:
Él le dijo: Ve, llama a tu marido y ven acá. Respondió la mujer y le dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: «No tengo marido», porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad. Juan 4:16-18 LBLA
¿Por qué Jesús le salió con esas?, ¿Por qué pedirle justo eso, que vaya y llame a su marido, en vez de pedirle otra cosa?
El Señor Jesús le pregunta por su marido, porque esa era la forma cómo ella había estado tratando de saciar su sed, con «agua de hombres», sin haber podido ser saciada. En esa pregunta, el Señor Jesús le estaba preguntando por la forma cómo ella había intentado saciar su sed (sed de amor, sed de afecto, sed de atención). Básicamente le dice, que para Él poder darle su agua, su fuente, necesita que ella le traiga su agua, su fuente, necesita que reconozca que esa fuente es insuficiente, para que así deje de beber de ella.
La pregunta de hoy es, ¿Cuál es tu sed? y ¿Cómo has intentado hasta el momento saciarla?, ¿Ha sido suficiente o sigues con sed?, esa agua, esa fuente, quiere el Señor que le entregues, que le traigas.
Mi búsqueda del agua viva
Vamos a leer el Salmo 107:4-9. Este es un salmo repleto de historias donde los redimidos, los rescatados por Dios, cuentan cómo Él tuvo misericordia de ellos y los rescató. Expresa la gratitud de los redimidos por la misericordia de Su Dios Salvador. Esta porción del Salmo que vamos a leer, es un pasaje con el que así como con el relato de la mujer samaritana, me identifico plenamente:
Vagaron por el desierto, por lugar desolado, no hallaron camino a ciudad habitada; hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos. Entonces en su angustia clamaron al Señor, y Él los libró de sus aflicciones; y los guió por camino recto, para que fueran a una ciudad habitada. Den gracias al Señor por su misericordia y por sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque Él ha saciado al alma sedienta, y ha llenado de bienes al alma hambrienta. Salmo 107:4-9 LBLA
El lugar desolado, el desierto, era yo vagando por el mundo intentando saciar mi hambre y mi sed con logros y sin poder llegar a esa ciudad habitada, a ese paraíso, a ese reposo. Pero tal cual como dice allí, en mi angustia clamé al Señor y Él me guió por camino recto, el de la humildad, arrepentimiento y fe y me llevó a Su casa, a esa ciudad habitada, a esa tierra prometida, a ese Sión dónde está su río, el río que da vida a ese lugar desolado que es mi alma. El río es Su Espíritu Santo. Como la mujer samaritana con sus cinco maridos, sin ser saciada, con muchos amantes, así estuve vagando por el desierto sin ser saciada. Hasta que me fui notando cada vez con menos fuerzas para seguir cosechando logros, reconocimientos y aplausos. Cada vez con menos fuerzas para hacer el esfuerzo de ir una y otra vez hasta ese pozo para ir a buscar agua.
Hace cinco años yo tenía 39 años, a esas alturas yo había cumplido las metas que hasta el momento me había propuesto para mi vida, me consideraba una mujer exitosa en prácticamente todas las áreas, todo gracias a Dios. Así valoraba mi vida:
- Desde siempre exitosa en lo académico y fuera de lo académico, en el colegio y universidad. Medalla de honor, botón dorado en el colegio, respetada y apreciada por compañeros y profesores. Luego una hermosa profesión y especialidad, la medicina de familia, con formación en los mejores lugares.
- He trabajado en sitios desafiantes que era lo que quería.
- Un trasfondo familiar excelente, familia convencional, padres que se aman, honrados y famosos en su círculo cristiano (mis padres son pastores evangélicos).
- Me casé con un hombre excelente, que me llegó caído del cielo, al que Dios me permitió ver y enamorarme desde Su punto de vista, basado en 1 Samuel 16:73. Aún recuerdo esa oración de rodillas, en la que pedí perdón al Señor por fijarme en las apariencias y oré al Señor por enamorarme de lo que Él valora y creo que no pasó ni un mes cuando después conocí al que ahora es mi esposo. La vida marital aunque con sus dificultades ha sido en general muy bonita, nuestros problemas han sido externos más no profundos de nuestra relación.
- Los hijos igual, me considero una madre exitosa, pude llevar los embarazos bien gracias a Dios, le pude dar lactancia materna a mis hijos todo el tiempo que quería, los niños han ido creciendo sanos, comen más o menos saludable, hacen ejercicio, son buenos alumnos gracias a Dios y niños normales en cuanto a su carácter que está en formación, van conociendo a Dios poco a poco. Aunque desde luego se puede mejorar, somos una bonita familia numerosa con tres hijos.
- En cuanto a la formación cristiana y amistades igual, una buena comunidad de fe, con buena doctrina, unos líderes excelentes y muchos buenos amigos creyentes.
- Además está Él, siempre Él, Dios, desde hace muchos años. Su abrazo lo recuerdo y siento desde pequeña.
Para rematar todo esto con broche de oro, en el 2019:
- Obtuve la nacionalidad Española
- Saqué el carnet de conducir.
- Pasé el examen de oposición para una plaza fija como médica de familia de la Comunidad de Madrid. Es decir, trabajo estable de por vida.
Como podéis ver, así como ese pozo de Jacob fue una bendición de Dios para él y su familia, así ha sido toda mi vida. Una mezcla de bendición de Dios y esfuerzo, cosas de calidad. A mí me encantaba planear, hacía lista de cosas por hacer, de metas y era una satisfacción ir tachándolas como cumplidas, (aunque en realidad todo en mi vida ha sido la gracia de Dios). Todas en general eran metas buenas.
Entonces, sucedieron dos situaciones en las que el Señor se encontró conmigo junto al pozo:
La primera fue la enfermedad de mi padre. Desde el 2017 sufre una depresión grave, que se supone iba a mejorar tomando tratamiento, con los mejores cuidados médicos, pero no fue así. A mí su cuadro clínico no me encajaba con lo que veo habitualmente en mi práctica clínica diaria, no lograba ponerle una etiqueta clara y eso me hizo sospechar de que esto era algo más que orgánico o psicológico, me hizo pensar en la posibilidad de una opresión espiritual y a la par de las soluciones naturales buscamos las espirituales. En febrero 2020 iniciamos un ayuno colectivo con este objetivo, porque el Señor nos habló claramente sobre este problema espiritual. Pero a la par, mientras hacíamos este ayuno, hablé con alguien al que admiro y en quién confío, experto en este tipo de problemas de salud, el cual revisó la historia clínica de mi padre y me dijo que pensaba que el problema de mi padre era definitivamente orgánico. Esto me generó un gran conflicto interior, no en sí por el problema de mi padre, ya que entiendo que el ser humano tiene tres dimensiones: espíritu, alma y cuerpo, sino porque el Señor con este dilema me hizo caer en cuenta de que yo tenía al conocimiento y a la medicina como dios, al mismo nivel que mi confianza en Él. Es decir, si mis dos dioses estaban de acuerdo yo estaba bien, caminaba por los dos caminos. Pero el Señor me puso a decidir, así como al pueblo de Israel, entre Baal y Jehová4. Dios permitió que muchos de mis mejores esfuerzos humanos por ayudar a mi padre, sencillamente no funcionaran.
En segundo lugar, Dios usó la pandemia para abrir mis ojos a la realidad de todos mis éxitos y logros. Se aprende mucho en la «casa del luto»5. Hubo un momento en que me di cuenta (por obra de Dios) que si me moría, iba a llegar al cielo y cuando pasara por fuego mi vida, todo, absolutamente todo se iba a quemar, que todo lo que había construido hasta el momento era paja, heno y hojarasca (1 Corintios 3:9-15). Porque:
Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios; si poseo todo conocimiento, si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, si entrego mi cuerpo para tener de qué presumir, pero no tengo amor, nada gano con eso. 1 Corintios 13:2-3 NVI
Inclusive mis actividades religiosas las consideré vanidad. El problema no eran las metas conseguidas sino las motivaciones de mi corazón. En realidad había estado vagando por el desierto de mi egocentrismo. La pandemia me hizo ver lo cruel y malo que es el egoísmo, pero no podía señalar a nadie por lo mismo que yo había practicado y vivido. Lo que más me dolió de mi experiencia durante la pandemia fue darme cuenta de que yo podía ser tal vez muchas cosas, pero no era la clase de médico y persona que Dios quería que fuera. Desde mi punto de vista profesional, la pandemia reveló nuevamente las grandes limitaciones e impotencia de la ciencia médica, pero a nivel personal, me reveló todo lo que Dios quería y tenía diseñado que yo fuera, pero que no lo era. Por mi idolatría y egoísmo, no lo era.
“El que bebiere de esta agua volverá a tener sed” (S. Juan 4:13), “vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:2).
La sed insaciable
En el fondo, detrás de todos esos deseos y detrás de todas esas metas había una cosa que Jesús llamó sed, unas necesidades, unas motivaciones profundas, que al no ser saciadas por el Señor se convierten en lo que la Biblia llama concupiscencia.
1 Juan 2:15-17 LBLA
No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
La palabra que en esta versión traducen como “pasión” o “pasiones” y en otras versiones como “deseos”, es la palabra griega “epidsumía” , que quiere decir “codicia”. Es la misma palabra que usa el apóstol Pedro para referirse a la “concupiscencia” en este versículo:
2 Pedro 1:3-4 LBLA
Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia.
O Pablo aquí:
1 Timoteo 6:9 LBLA
Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición.
Es lo que había motivado a la mujer Samaritana a tener cinco maridos. Y es lo que me había motivado a hacer muchas cosas. Esos deseos surgen desde lo profundo de nuestro corazón, surgen porque tenemos hambre y sed, ¿pero por qué?, leamos nuevamente 1 Juan 2:15:
No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
ROMANOS 3:23 RVR1960
por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.
San Mateo 4:3-4 RVR1960
Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Dios quiere que entendamos que la felicidad se encuentra en algo más que en satisfacer nuestros deseos y nuestras necesidades. El hambre y sed que tenemos, es hambre y sed de Dios, de Su amor, porque fuimos creados para que todas nuestras necesidades fueran llenas con Su amor. En mi caso personal, Dios me permitió darme cuenta que detrás de toda esa búsqueda incesante de logros y éxitos, había una sed de reconocimiento, de importancia, una sed de atención. Lo más irónico fue que aunque toda la vida tenía sed de atención, me la pasaba ignorando/menospreciando al único que sí que me podía poner atención al nivel que yo siempre he necesitado. Esa intensa sed e intensa hambre de mi alma, solo la puede saciar el Señor.
Los creyentes tal vez disfrazamos nuestras concupiscencias con causas aparentemente más nobles: un buen ministerio (servicio cristiano), un sueño misionero, un buen proyecto, una buena causa. Pero en el fondo del corazón tal vez el deseo es también de enriquecernos, hacernos grandes, admirables. La misma motivación en el fondo de cualquier otro sueño que se pueda tener menos religioso. Disfrazamos nuestras concupiscencias de formas socialmente, moralmente, religiosamente más aceptables, probablemente más bondadosas y útiles a la humanidad, pero igual de vanas, en el sentido de que volveremos a tener sed, porque no son el agua viva, no son el Señor.
La sed no se sacia satisfaciendo deseos sino solo se sacia con Dios
El Salmo 37:4 dice lo siguiente:
Salmo 37:4 LBLA
Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón.
Salmos 37:4 DHH94I
Ama al Señor con ternura, y él cumplirá tus deseos más profundos.
Se parece a lo que dice 1 Juan 2:17 de que el mundo pasa y sus deseos (sus codicias, sus anhelos, sus concupiscencias), pero el que hace los deseos de Dios (la voluntad de Dios, lo que agrada a Dios) permanece para siempre. Lo que quiere decir el Salmo al mencionar que Dios concederá los deseos/peticiones de mi corazón, no es que el Señor va a ser el genio de la lámpara que me los va a conceder literal si yo me deleito con Él, sino que va a saciar los “deseos del corazón”, es decir, los más profundos, va a saciar esa sed que está detrás de esos deseos para que pueda estar realmente saciada. Si Él solo es el genio de la lámpara yo siempre le estaré pidiendo y pidiendo cosas sin nunca estar saciada, porque no le estoy dando a mi alma lo que en realidad desea, como dice el merengue con el que el Señor me mostró mi adulterio espiritual:
“Yo no sabía que mi corazón, lo daba todo por estar contigo” (Canción “Buscando tus besos” de Rubby Pérez).
Me mostrarás el camino de la vida, me concederás la alegría de tu presencia y el placer de vivir contigo para siempre. Salmos 16:11 NTV
El Señor te pregunta hoy, así como me lo preguntó a mí hace cinco años ¿Soy suficiente?, así me confrontó:
“¿Soy de verdad suficiente para ti Viviana? aunque no hagas nada grande, aunque el mundo nunca se entere de tu existencia, aunque simplemente tengas un trabajo, y seas esposa y madre, ¿soy de verdad suficiente?¿se sacia tu ambición con eso? ¿con mi presencia? Si es lo único que te pido ¿te conformarás con eso? ¿o seguirás pensando en hacer algo grande para mí y sintiéndote frustrada por no hacerlo?¿y si la gran obra es solo ayudar y acompañar a tu esposo y a tus hijos en su caminar conmigo y ser ejemplo para ellos de un carácter transformado por mí?¿y si la gran obra es simplemente que donde sea que yo te ponga muestres mi amor aunque nadie se entere que soy yo?¿y si la gran obra es que seas buena esposa, buena hija, buena madre, buena persona, y brilles con mi luz por tu bien obrar más que por tu hablar?
Eso es simplemente lo que yo quiero ser, quiero ser suficiente para ti, que no tengas nada más sino a mí, y que fuera de mí nada desees en la tierra, que te arriesgues solo por el temor de no perderme a mí, por no desagradarme a mí, que hagas las cosas por mí, no por un sueño, solo por mí, porque sabes qué me agrada y qué me desagrada a mí, que perdones por mí, que te aguantes cosas por mí, que me ames a mí y que yo sea suficiente para ti.
Mi gracia es todo lo que necesitas, no necesitas ser más valiente, ni más fuerte, ni más sabia, ni más hábil, así en tu imperfección te amo, lo que necesitas es confiar y depender más de mí y menos de ti, fiarte de mi ayuda y de mi gracia y amarme más a mí. No necesitas nada más, solo a mí.”
¿Qué pasaría si hoy perdieras todo aquello con lo que tanto has soñado, todas las bendiciones que Dios te ha dado, todo por lo que tanto has luchado? ¿Sería Dios suficiente?
¿Qué tienes que la muerte no te pueda arrebatar?, ¿Qué tienes que no sea temporal?
FILIPENSES 1:21 RVR1960
Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.
COLOSENSES 3:1-3 RVR1960
Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
Cambia la palabra “vida” por felicidad: “y vuestra felicidad está escondida con Cristo en Dios”. Como creyentes, el querer encontrar la vida, la felicidad, en este mundo, incluso el religioso, es buscarla en el lugar equivocado.
A la mujer Samaritana Jesús le ofreció el agua de vida, el agua de Su gracia, de Su amor y Su perdón, para saciar su intensa sed. Le dijo que esa agua se convertiría en ella en una fuente, de la que iba a brotar esa agua de vida. Es decir, ya no tendría que ir a ningún sitio, ya no tendría que conseguir ningún éxito ni ningún logro, ya no tendría qué hacer nada externo para beber de esa agua y ser saciada, porque para ir a beber solo tendría que ir allí adentro, porque allí adentro estaría la fuente, ¿estaría quién?, allí adentro estaría Él. Solo tenía que hacer una cosa: confiar en Él, escogerlo a Él como su fuente a la que iría a beber:
SAN JUAN 7:37-39 RVR1960
En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
La conversación entre Jesús y La Samaritana terminó así:
¿Dónde está la fuente de agua de vida?
SAN JUAN 4:19-26 RVR1960
Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
Jesús lo que hace es explicar dónde está la fuente de agua de vida y dónde está el sitio para encontrarse con Dios. Ella le dice que el debate es si el lugar está en Jerusalén o en ese monte. Él le contesta que aunque la revelación de la fuente fue provista por medio del pueblo judío (Jesús era judío), la realidad es que ya no habría que ir a ningún lado a buscar la fuente de agua viva, a buscar a Dios, sino que si creemos en Él, si confiamos en la oferta de Jesús y le pedimos que nos dé a beber de esa agua viva, la fuente estaría localizada así como en el pozo de Jacob, en lo profundo de nuestro ser, en nuestro corazón, allí es donde hay que creer, ese es el lugar del encuentro, allí es donde hay que adorar.
ROMANOS 10:10 RVR1960
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Si quieres saber lo que realmente crees en tu corazón, en el fondo de tu ser, mira tus emociones, qué te alegra, entristece o enfada, qué te preocupa o asusta y mira tus palabras, esas que se te salen sin filtro, desde el corazón, sin pensar. Te dan una pista de qué es lo que realmente crees en tu corazón, de cuáles son tus convicciones profundas con las que interpretas y afrontas tu realidad.
Así como nosotros tenemos sed, el Padre también tiene sed, busca adoradores. Por lo que ha dispuesto la manera para que esa sed mutua sea saciada, ya no en un lugar concreto externo, en un templo localizado en un sitio específico, sino que ese templo, esa “ciudad habitada” que dice el Salmo 107, esa Tierra prometida, ese Sión, ese Reino de los cielos, ¿Dónde dice que iba a estar ahora? en una actitud correcta interna, en espíritu y en verdad, dentro de nuestro corazón.
Un nuevo corazón con un nuevo Rey, de eso se trata la gracia, ese es el Nuevo Pacto:
HEBREOS 8:10-12 RVR1960
Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos,Y sobre su corazón las escribiré;Y seré a ellos por Dios,Y ellos me serán a mí por pueblo; Y ninguno enseñará a su prójimo,Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.
Jesús vino a reconciliarnos con el Padre y todo Su amor. El Padre quiere estar con nosotros, tiene sed de nosotros y para poder saciar esa sed, para poder beber de nuestra agua, del agua de la devoción que sale de nuestro corazón, éste tiene que ser una fuente de agua viva, limpia, resucitada, con un espíritu regenerado que se puede unir al suyo, sincero, en verdad, limpio, puro, con intenciones puras, motivado por Su amor y el deseo de hacer Su voluntad.
Esta es una obra completamente sobrenatural, que de un corazón del que tal como dijo Jesús, sólo fluían cosas malas, de un desierto, al confiar en Jesús sea perdonado y transformado por Su sangre (por Su vida), en un huerto lleno de vida, en un corazón por el que fluye Su amor, por el que fluye Su Espíritu Santo.
Este tipo de adoración que el Padre busca, de un corazón regenerado, limpio y puro, lleno de gratitud hacia Su Señor y Salvador, solo la puede conseguir la sangre de Cristo aplicada por el Espíritu Santo en mi corazón. Esto es ser bautizado en Espíritu Santo y fuego. Ser bautizado es ser lavado, en el antiguo Pacto, bajo la ley, se hacían sacrificios y lavamientos, ritos de purificación externos, que no podían cambiar las concupiscencias, no podían saciar la sed que está adentro. En el Nuevo Pacto, la sangre de Cristo aplicada en cada uno de nosotros, en cada área de nuestra vida por Su Espíritu Santo, nos lava nuestras conciencias, nos lava por dentro.
¿Y yo que tengo qué hacer para que eso suceda?: tener sed e ir a Él a beber, buscarle como mi única fuente. Confiar y acercarme a Él, creerle a Él y dejarle obrar a Él. La fe se muestra por las obras, es decir, mis acciones demuestran lo que yo en realidad creo.
Bebiendo de la fuente que da vida, bebiendo de Cristo
Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creéis.
Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
SAN JUAN 6:35, 63-64a, 67-68 RVR1960
Creer en Jesús no es solo creer en que Él murió y resucitó, es creer también en todo lo que Él dice y enseña:
SAN JUAN 8:31-32 RVR1960
Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
SAN JUAN 15:9-11 RVR1960
Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
Tengo que ir a Él y tengo que permanecer en Él, vivir con Él, alinearme con Él, con su forma de ver la vida, mantenerme confiando en todo momento, en todas las áreas de mi vida en Él. Si yo confío de verdad en Él, le creo a lo que me dice y le hago caso a Él, pruebo, experimento Su vida abundante. El Espíritu Santo viene a eso, a guiarme a toda la verdad, a recordarme lo que Jesús dijo, a saciarme con el amor del Padre, a mostrarme todo Su amor, transformándome desde dentro, cambiando mi corazón.
¿Has descubierto tu sed? ¿Has descubierto a dónde has ido, por dónde has estado vagando buscando saciarla?
Te comparto lo que me dijo el Señor a mí y te invito a personalizarla con tu sed, porque el mismo mensaje es también para ti:
“Hija, solo confía y descansa en mí. Has descubierto tu sed: sed de reconocimiento, aprobación, grandeza y gloria, sed de ser la mejor, sed de aceptación, sed de amor, sed de atención.
«El que bebiere de esta agua volverá a tener sed, más el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás».
Solo bebe de mí y sacia tu sed, cree y disfruta que lo que yo te doy es suficiente, busca mi presencia, de mi Espíritu y sacia tu sed en mí. Sé que te cuesta creer que ya lo tienes pero es así, ya lo tienes.”
Nunca pienses ni por un segundo que yo no quiero estar contigo cuando yo he sido el que he dado toda mi vida por ti.
Es tu pecado el que nos aleja, es mi sangre la que nos acerca.
Tú estás sedienta, yo también.
Bebe a borbotones de mi amor
y déjame beber a borbotones de tu devoción.
Yo ya hice todo por ti, solo déjate dirigir por mí.”
Al final del encuentro, ambos, tanto el Señor Jesús como la mujer Samaritana terminaron saciados, la mujer dejó el cántaro, ya no tenía sed, su necesidad básica de agua ya era algo secundario en comparación con el agua viva que había encontrado. Del mismo modo, el Señor Jesús cuando sus discípulos le trajeron comida, no quiso comer, ya estaba saciado. El cumplir el deseo del Padre era su alimento, había cumplido la misión que se le había encomendado, la mujer había creído en Él, Él le había dado amor y perdón, y eso lo tenía extasiado. Ninguno comió ni bebió pero ambos terminaron saciados.
La mujer fue y le contó a todos lo que Jesús había hecho, el agua viva que en Él había encontrado, y yo hoy os cuento lo mismo, que Él es el Mesías, la Vida que tanto había buscado. En Él la verdadera felicidad yo he encontrado.






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