Rompiendo Murallas: El Camino hacia la Libertad Espiritual. Testimonio Personal.

Yo tenía una «fortaleza», no en el sentido positivo sino en el negativo, una mentira que se construyó y se hizo una muralla en mi ego, como una defensa en contra del gobierno de Dios en mi vida y todo lo que este gobierno trae: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. 

La fortaleza se trataba de buscar ser  importante, destacar. La intenté derribar. Hace unos años (2021), hice un «Demoledor de Fortalezas», analizando esa mentira.

El “Demolador de Fortalezas” era así:

«Problema: Buscar reconocimiento, atención y aprobación de la gente como motivador de muchas cosas que hago o dejo de hacer.

Mentira: tengo que caerle bien a todo el mundo, ser aprobada, ser el centro de atención, admirada, ser la mejor, para sentirme segura, aceptada e importante.

Efectos: Riesgo de hacer cosas que desagradan a Dios o dejar de hacer cosas que le agradan a Él por buscar la aprobación y admiración humana. Buscar adoración y alabanzas de la gente a cualquier precio, favor, tiempo, etc. Frustración cuando no obtengo constante admiración, atención y protagonismo o si no siento que estoy haciendo cosas llamativas y grandes. No dejar que otros brillen porque busco brillar yo. Hablar demasiado en algunas ocasiones y en otras callar demasiado o no decir lo que debo decir, modificando mi comportamiento según la situación social en la que esté, incluso aunque no sea correcto (hipocresía).

Verdad: Lo que Dios piensa de mí, tener su atención y hacer lo que le agrada a Él es más importante que lo que los demás piensan de mí o agradarle a ellos. El reconocimiento de Dios es eterno y mucho mejor que el reconocimiento de los hombres. Que él me ponga atención y me aplauda es suficiente para mí.»

En el «Demoledor de Fortalezas» luego venían versículos bíblicos que apoyaban la verdad de Dios y a continuación una oración/declaración en la que renunciaba a esa mentira y declaraba la verdad de Dios.  El ejercicio que hice después, según me enseñaron a hacer, incluía leer y hacer esa oración/declaración diariamente durante 40 días. 

Funcionó parcialmente, principalmente para hacerme consciente del problema y saber cuál era la mentira y cuál la verdad, pero no fue suficiente para traer sanidad y liberación a mi vida.

En relación con este conflicto interior, Dios me mostró que tenía esta tendencia a buscar ser importante porque en la raíz de mi ser había una mentira de que no soy importante y que la raíz de esa fortaleza, de esa mentira, se originó en mi infancia.

El origen de la mentira fue:

«Mi padre no tiene tiempo para mí, no soy importante». En realidad creo que la creí con ambos padres, pero fue más evidente en relación con mi padre. Mis padres trabajan como misioneros cristianos, son pastores evangélicos y mi papá en especial, viajaba mucho cuando yo era niña y tenía muchas responsabilidades y actividades en su trabajo como misionero. Al ser un trabajo vocacional dedicado a Dios, pues yo entendía que obviamente para mis padres Dios era más importante que yo, pero pienso que era difícil tanto para mis padres como para mí diferenciar a Dios de su trabajo para Él, ya que más que un trabajo es su misión de vida.  “Dios está por encima de mí” muchas veces significó: “su trabajo y las personas a las que ayudan en su trabajo están por encima de mí”. Además que las actividades de su trabajo se solían realizar en los horarios en los que otras familias hacen vida familiar: noches y fines de semana. Así que bueno, no es fácil conciliar vida familiar y laboral con un trabajo así. 

Justo por mi temperamento natural necesito mucho de las relaciones humanas, el Señor me hizo relacional. Esa configuración incluye la necesidad de dar y recibir mucha atención de las personas, de estar acompañada y acompañar, celebrar y ser celebrada. No es que mis papás no me dieran ningún tiempo, sino que no me dieron el tiempo que mi necesidad, mi sed requería para ser saciada.

Estos diseños y necesidades, esta «sed» o «hambre» interior, que cada uno tiene en  diferente medida de intensidad, es lo que hace que aunque pasemos por las mismas circunstancias o muy parecidas, no a todos nos afecten igual, ni nos produzcan el mismo tipo de heridas. En mi caso, un día tuve la impresión de que el Señor me dijo lo siguiente:

«Hija, solo confía y descansa en mí. Has descubierto tu sed: sed de reconocimiento, aprobación, grandeza y gloria, sed de ser la mejor, sed de aceptación, sed de amor, sed de atención.

«El que bebiere de esta agua volverá a tener sed, más el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás».

Solo bebe de mí y sacia tu sed, cree y disfruta que lo que yo te doy es suficiente, busca mi presencia, de mi Espíritu y sacia tu sed en mí. Sé que te cuesta creer que ya lo tienes pero es así, ya lo tienes.»

El «cree que ya lo tienes», se refiere a que por medio de Cristo, al creer y aceptar en mi corazón que Él murió en la cruz para el perdón de mis pecados y resucitó para darme vida, soy unida a Él y confiando en Él ya tengo de parte de Dios todo eso que mi sed busca. Ya tengo la atención, el reconocimiento, la aprobación, la grandeza, la aceptación, el amor, la gloria de Dios, etc. En Dios tengo por medio de Cristo la fuente que puede saciar cualquier sed de mi interior, ya que unida a Cristo por medio de mi confianza en Él, en todo lo que hizo por mí, recibo gratuitamente de parte de Dios todo lo que Cristo es y todo lo que Él merece y recibe de Dios, toda esa atención, reconocimiento, aprobación, gloria, aceptación, cuidado, protección, amor, etc.

De su abundancia, todos hemos recibido una bendición inmerecida tras otra. Pues la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor inagotable de Dios y su fidelidad vinieron por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; pero el Único, que es Dios, está íntimamente ligado al Padre. Él nos ha revelado a Dios. Juan 1:16-18 NTV

Para mí fue muy liberador entender que no era malo tener sed, en mi caso, por ejemplo, sed de atención. A veces nos enseñan, nos transmiten el mensaje de que uno no debería tener esa sed o uno quisiera ser fuerte y no tener esa sed, no tener la necesidad de beber, en mi caso beber atención. Pero la realidad es que no fui hecha para no tener sed, sino que fui hecha para saciar mi sed en mi relación con Dios. Lo malo no es tener sed, lo malo es buscar saciarla bebiendo de la fuente insuficiente, de la fuente incorrecta.

El Salmo 37:4 traducido al español en la versión Reina-Valera 1960 dice:

“Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón”.

Lo entendí mejor al leerlo en esta otra versión en una tarjetita de promesas:

Salmos 37:4 DHH94I: “Ama al Señor con ternura, y él cumplirá tus deseos más profundos.”

Comprendí que este Salmo no habla de que el Señor me va a contestar todas mis peticiones, mis caprichos o deseos que se ven, por ejemplo: que me vaya bien en el estudio o encontrar pareja o tener un trabajo, sino que lo que va a conceder llenar, es saciar la sed, el deseo, la necesidad que está motivando esas peticiones, la sed que en el fondo estoy buscando saciar. Esas necesidades y motivaciones profundas son las “peticiones del corazón”, es decir, los deseos que están en el núcleo de tu ser.

Además, esa mentira de «mis padres no tienen tiempo para mí, no soy importante», es a la vez una herida, que debía perdonar y lo hice en su momento, cuando el Señor me la hizo ver. Pero un tiempo después, el Señor también me permitió comprender que el perdón completo incluía una renuncia a los sentimientos de venganza, y me reveló cuál era la venganza inconsciente que yo había elaborado en reacción a esa herida:

«Mis padres no tienen tiempo para mí, no soy importante… Pues yo tampoco tengo tiempo para ellos y tampoco me importan», y además pude entender de parte de Dios, que así como esa herida y mentira había extrapolado más allá de mis padres a todas mis relaciones humanas, de la misma forma había extrapolado la venganza a todas mis situaciones y relaciones humanas, como una especie de defensa, de armadura para mi ego, de armadura para mí. Esta armadura hizo que me centrara más en mí misma y mis planes o proyectos, que en el dar amor o dedicar tiempo y atención a mis amigos y seres queridos. Las murallas o armaduras que nos hacemos aparentemente funcionan para prevenirnos de ser heridos, pero a su vez se convierten en una cárcel que nos aísla de los demás, que nos impide amar y que muchas veces lastima a los demás. Por otra parte, esta armadura o muralla, iba en contra del diseño de Dios para mí, por lo que me hacía difícil caminar por el camino del amor, ternura y dulzura que entendí es la manera como Dios me hizo y para lo que me hizo. Y entonces, en realidad estas armaduras nos pesan, cargan, frustran y cansan.

En el Nuevo Testamento se nos enseña sobre la «armadura del cristiano» y se nos motiva a «revestirnos de Cristo». Al respecto, el Señor me había dicho en otra ocasión: «para que te puedas poner mi armadura, tienes que quitarte primero tu armadura» y aquél día mientras entendía lo de mi venganza extrapolada y renunciaba a ella, sentí la presencia del Señor como una mano que se acercaba por mi espalda y me quitaba mi armadura, pero no me ponía otra, sino que me quedaba desnuda, y luego lo que experimenté fue la impresión de que el Señor se acercaba a mí tiernamente, como cuando un esposo se acerca con ternura a su esposa desnuda para hacer el amor. El Señor Jesús se acercaba cariñosamente y uniéndose a mí, me vestía de Él. Fue una experiencia muy bonita, en la que a continuación pude experimentar en profundidad Su amor, inmenso amor, consuelo y sanidad mientras escuchaba dos canciones que el Señor permitió que sonaran en ese momento de intimidad con Dios: “Corro a mi Padre” y “Nadie te ama como yo”. 

Fue una experiencia muy especial, inolvidable, sanadora y liberadora. Recuerdo que sentí que mi interior había quedado como relata la Biblia que se convirtió la piel de Naamán después de ser sanado de lepra: como la piel de un bebé (2 Reyes 5:14). 

¿Qué es estar vestida de Cristo?

Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad.

Colosenses 3:12-14 LBLA

Pues todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Y todos los que fueron unidos a Cristo en el bautismo se han puesto a Cristo como si se pusieran ropa nueva. 

Gálatas 3:26-27 NTV

Antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne.

Romanos 13:14 LBLA

Vestirse de Cristo es estar unido a Él, disfrutando de Él, y vestido de todas esas virtudes que le pertenecen a Él. De Su amor, de Su humildad, de Su bondad, compasión, servicio, etc. 

Ese día en que tuve esa experiencia, me sentí muy amada por Dios y libre, muy libre, sana y libre para ser quien Dios  me diseñó para ser, con Su presencia, Su fuerza y revestida de Él.

En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas. Isaías 61:10 RVR1960

¿Cuál era la armadura/vestido que tenía puesta y que el Señor me quitó para poderme vestir de Él? 

Creo que la arrogancia/soberbia/orgullo. Llenarme de logros y éxitos humanos que me dieran esa importancia, esa atención y esa aprobación y aceptación que no sentía tener. 

Según la narrativa bíblica, los seres humanos fuimos creados por Dios en el jardín del Edén, un lugar muy agradable y placentero, que es lo que significa la palabra “Edén”. Tal vez te parezca difícil creer en pleno siglo XXI en Adán y Eva, los primeros seres humanos según la Biblia. Pero en realidad la genética poblacional humana es compatible con esta historia. Toda la familia humana desciende de un solo hombre y de una sola mujer, lo puedes buscar en Internet, se conoce como «Adán cromosómico» y «Eva mitocondrial». Puede que no coincida lo que creemos que dice la Biblia con lo que dice la comunidad científica actual respecto a hace cuánto tiempo se cree que vivieron o dónde vivieron, no existe un consenso en muchos aspectos, pero es un hecho reconocido que absolutamente todos los que vivimos actualmente en este planeta finalizamos nuestra genealogía en un mismo padre y en una misma madre. Es decir, todos somos parientes.

Según nos cuenta el relato bíblico, Adán y Eva estaban desnudos y no se avergonzaban, no necesitaban vestirse porque Dios les daba honra, valor, belleza, dignidad, protección y cuidado. Para todo lo que ahora necesitaríamos un vestido, a ellos se los daba Dios directamente. Cuando ellos desobedecieron y decidieron independizarse de Dios, se dieron cuenta de que estaban desnudos y se avergonzaron. Eso que les daba Dios ya no lo tenían y decidieron vestirse con un vestido de hojas de higuera. Esto mismo hacemos inconscientemente desde entonces todos sus descendientes, y fue lo que hice yo al sentir mis necesidades no satisfechas, “vestirme” de la mejor manera que pude para intentar paliar la necesidad, la sed que mi interior sentía. 

Hace unos años escribí lo siguiente al respecto:

“No sé cómo, ni cuándo, ni en qué momento me empecé a colocar este vestido llamado arrogancia. No sé por qué, seguro hay alguna razón, alguna debilidad, alguna enseñanza, algún trauma, incluso tal vez alguna predisposición familiar/genética o cultural, no lo sé; el hecho es que recuerdo estar con ese traje puesto desde muy muy pequeña.

Mi debilidad humana encontró en ese vestido un refugio, una máscara que funcionaba, una cisterna a la cual ir y que aparentemente saciaba, sin saber que era Tú gracia la que me bendecía y me guardaba a pesar de que inflaba mi arrogancia, a pesar de que me robaba tu gloria. La verdad no entiendo por qué lo hiciste, por qué me seguiste ayudando y bendiciendo, sinceramente no parece justo, me refiero a que no era lo que merecía. Tal vez me veías como realmente soy y por eso te compadecías y me dabas Tú gracia. En realidad no lo sé, el hecho es que el vestido aparentemente estaba muy bien puesto y conseguía su objetivo: hacerme sentir bien, aunque al mismo tiempo ese vestido era una defensa pero también el muro de una cárcel que me impedía no solo abrirme contigo sino también con los demás, salvo muy contadas excepciones era muy difícil que dejara flanquear ese muro y que alguien llegara a mí, a la que soy de verdad. 

Aunque agradezco que Tú si llegaste, desde hace muchos años. Tal vez eras el único al que dejaba entrar, el único que conocía todos mis temores y vergüenzas pero no eras mi Libertador, la cárcel seguía allí tal vez porque me gustaba, me creía que me iba bien y no tenía ningún interés en quitármela. Toda enseñanza o sugerencia siquiera era rechazada, no la veía mala o probablemente ni siquiera me daba cuenta que la tenía puesta, que llevaba un vestido llamado arrogancia.”

Para poder cambiar de vestido, debemos desnudarnos primero. Desnudarse es despojarse, quitarse la ropa que se lleva puesta. Dios poco a poco me ha ido llevando por un proceso de desnudarme, de morir a mí misma, de arrepentimiento y de humildad. De mostrarme primero la realidad de la existencia de esas estrategias de mi ego, y su insuficiencia, impotencia y problemas que me traen a mí y a los demás, para que así yo acceda a quitarme mis trajes de hojas de higuera y mis máscaras. Despojarme de mi arrogancia, para pasar a dejarme vestir por Él, que es confiar en todo lo que ha conseguido Cristo por mí y lo que soy en Él y no en mí. Renunciar a mí y a mis artimañas, renunciar a la independencia para pasar a depender de Él y dejarme cuidar y sacar mi valor, aprobación, aceptación, seguridad e importancia de Él. Y aunque en estos años el Señor había hecho mucho en mi vida en esa área, había algo que impedía la liberación completa de mi arrogancia y era sanar la raíz de la misma, la cual desconocía, pero al Señor mostrarla, pude perdonar y renunciar a la venganza por medio de la arrogancia. Incluso probablemente había influencias allí espirituales, demoníacas, de soberbia y arrogancia, con puertas abiertas y permisos para actuar en mi vida, fruto de la falta de perdón completo y renuncia a la venganza. Gracias a Cristo, por el poder del Espíritu Santo, fui liberada y sanada. 

¿Y ahora qué?

Mi carne, mi humanidad aún sigue teniendo hambre, aún sigue teniendo sed, y muchas veces fallo en ir a Él a comer y a beber, a confiar en el Señor Jesús como mi vida, mi fuente de valor, seguridad, aceptación e importancia. Pero ya sé cómo reconocer cuál es el problema y dónde buscar el agua, dónde buscar el pan, dónde saciar mi sed y confiando en Cristo, todo lo tengo en Él.

Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca. Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente, para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó. Isaías 41:17-20 RVR1960

A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. Isaías 55:1-3 RVR1960

El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. Isaías 61:1-3 RVR1960

Todas estas profecías del Antiguo Testamento las cumplió Cristo:

Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. S. Juan 6:35 RVR1960

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado. 

S. Juan 7:37-39 RVR1960

Nuestra vida separados de Dios, gobernados por nosotros mismos es como un desierto, como un sitio seco y sin agua ni alimento. Nos la pasamos sin vida, muertos de hambre y de sed. Cuando confiamos continuamente en Jesús, en todo lo que Él consiguió para nosotros en la cruz y en la resurrección, cuando lo aceptamos no sólo como una verdad intelectual sino como una realidad experimental, como la fuente que sacia por completo nuestra necesidad de amor y sentido de valor, aceptación, aprobación, seguridad e importancia y renunciamos a comer y beber de otras falsas fuentes de agua, Dios por el poder de Su Espíritu Santo transforma ese desierto en un jardín lleno de plantas, de árboles grandes, fuertes y frondosos, llenos de Su vida en abundancia. Y no sólo nos llena de vida a nosotros sino que nos permite ser canales de Su vida para otros, fuentes de Su amor, de Su bondad, de Su paz, de Su vida en abundancia. 

Hace unos años (2021) al hacer los pasos para la Libertad en Cristo, antes de empezar, la persona que me iba a guiar por ellos, me compartió la siguiente promesa que me dijo era del Señor para mí:

Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con estos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres.

Salmos 126:1-3 RVR1960

Hoy doy gracias al Señor Jesucristo por ver esta promesa hecha realidad en mi vida, por ser Él mi Libertador y seguir siéndolo, no sólo del mío sino de todos aquellos que ponemos nuestra confianza en lo que Él hizo, en Su poder y en Su amor y no en nosotros mismos.

Canciones basadas en el Salmo 126 e Isaías 61:10.
Es maravilloso poder celebrar con alegría lo que ha hecho el Señor.

Agradecimientos

Agradezco al Señor por todas las personas que el Señor ha usado en este proceso de traer verdadera libertad y poder experimentar Su vida en mi vida.

Y agradezco también por los siguientes materiales que el Señor usó y usa aún para mostrarme muchas de las cosas que he contado aquí:

-«Curso de Discipulado» de Libertad en Cristo. En especial estudiando y preparando el curso para enseñarlo, muchas cosas de las que os he contado me mostró el Señor allí. Con este material aprendí lo del «Demoledor de Fortalezas».

– Taller «Los Pasos a la Libertad en Cristo». No sólo cuando hice el taller sino posteriormente como material de consulta, el Señor ha usado este libro en múltiples ocasiones, tanto para señalar mi soberbia, como en el caso del perdón.

-Libro: “Humildad, la belleza de la santidad”, de Andrew Murray. Un libro que me sirve continuamente para recordar en qué consiste este asunto tan poco entendido pero tan necesario de la humildad. 

-Libro: «El Camino del Calvario» de Roy Hession. Dios lo ha usado como manual muy práctico de lo que implica despojarme de mis vestidos y vestirme con Él.

– Libro “Dying to Self” (Morir a uno mismo) de William Law con comentarios de Andrew Murray. Donde entendí mejor el asunto de los deseos y la sed de mi interior.

– Libro: “Hacia la Felicidad”. de Charles Solomon. Muy útil para comprender mejor el proceso de despojarme de mí misma y vestirme de Cristo. También me sirvió mucho ver los vídeos de un curso basado en este libro. El curso se llama: Para mí el Vivir es Cristo.

5 respuestas a “Rompiendo Murallas: El Camino hacia la Libertad Espiritual. Testimonio Personal.”

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    Anónimo

    Excelente muy edificante !!

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    1. Avatar de Viviana Marín

      Muchas gracias 😊. Me alegro mucho de que sea de bendición.

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    2. Avatar de Viviana Marín

      Muchas gracias 😊. Me alegro mucho de que compartir lo que Dios ha hecho en mi vida sea de bendición.

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    3. Avatar de Viviana Marín

      Muchas gracias 😊.

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