La oscuridad que hay en el mundo, más que preocuparme o atemorizarme, me duele por el sufrimiento que trae consigo. Me preocupa y le temo mucho más, a la oscuridad en mi propio corazón.
Mi esperanza es que me alumbre Cristo y así disipe mi oscuridad y alumbre al mundo, a mi mundo (a mi esposo, mis hijos, mi entorno cercano, mis compañeros de trabajo y pacientes).
Un día, Dios me recordó los siguientes versículos bíblicos:
Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo.
2 Corintios 4:6 LBLA
Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti. Porque he aquí, tinieblas cubrirán la tierra y densa oscuridad los pueblos; pero sobre ti amanecerá el Señor, y sobre ti aparecerá su gloria. Y acudirán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer.
Isaías 60:1-3 LBLA
Mientras meditaba en estos versículos, vino a mi mente una imagen y escribí lo siguiente:
La imagen es un corazón oscuro, negro, al que llega la luz e ilumina ese lugar (el corazón) y la luz que nos ilumina el corazón es el conocimiento de la gloria de Dios (de lo hermoso, maravilloso y grandioso de Dios) que se nos muestra (revela) en el rostro de Cristo.
Cuando veo a Cristo lo que estoy viendo es la gloria de Dios, estoy viendo lo maravilloso, hermoso y grandioso de Dios.
Lo increíble es que la imagen no es de algo externo sino de algo interno -dentro de mí-, que erradica las tinieblas de mi interior y me llena de su luz y empiezo a resplandecer, a reflejar la luz que estoy recibiendo.
Y así tenemos la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en prestar atención como a una lámpara que brilla en el lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones.»
2 Pedro 1:19 LBLA
Amanecer=la luz de Cristo (muy clara) ha salido y quitado la oscuridad (mi carne/lo humano).

«Ya el sol no será para ti luz del día, ni el resplandor de la luna te alumbrará; sino que tendrás al Señor por luz eterna, y a tu Dios por tu gloria. Nunca más se pondrá tu sol, ni menguará tu luna, porque tendrás al Señor por luz eterna, y se habrán acabado los días de tu luto.»
Isaías 60:19-20 LBLA
Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.
»Tu ojo es como una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad. Y si la luz que crees tener en realidad es oscuridad, ¡qué densa es esa oscuridad!
Mateo 6:21-23 NTV
Ojo= visión, hacia donde me dirijo, mis deseos, mis sueños, lo que quiero conseguir.
Un ojo sano es un ojo que se enfoca en Dios, cuyo deseo y anhelo es Dios. Porque Él es lo que en realidad necesitamos.
Hace unos años, tuve la impresión de que el Señor me decía lo siguiente y que es aplicable a cualquiera de nosotros, cada cual con su propia oscuridad:
«Tú no tienes ni idea de lo que yo soy capaz de hacer contigo, sí, milagros o no, tal vez otras cosas, ese no es el punto, el punto es que yo sea tu luz y nada más, tu gloria y nada más. No hay lugar para dos en tu corazón, o tú o yo. Cuando dejas que sea tu corazón el que te ilumine, tus intereses, sueños y motivaciones, en realidad la luz que hay en ti es tinieblas. Si dejas que yo sea el que te ilumine, se irán todas las tinieblas, se irá el orgullo que tanto te atormenta, se irá la riña, la pelea, se irá la carga, la prisa y el sin sazón, la inquietud.
Tú debes morir para que surja yo, para que amanezca yo. Esa nueva naturaleza que tanto estás anhelando es tan sencilla como «no tú, sino yo».
Si eso es así, que te ilumino yo, puede venir mucha grandeza y bendición que te va a alegrar pero en sí te va a dar igual porque el motor de tu vida, tu luz, tu plenitud, tu satisfacción soy yo.
Por eso a veces me alejo, para que te des cuenta que todo lo bueno que experimentas soy yo.»
Dejar que el Señor nos ilumine es morir a nosotros mismos (nuestro corazón/carne, egocentrismo y autogobierno, nuestros intereses, sueños y motivaciones) y dejar que nos ilumine su corazón, es decir, sus motivaciones, deseos, intereses y sueños (todos resumidos en la palabra «amor»). Dejar de confiar en nosotros mismos sino descansar en el poder y la misericordia de Dios, dejándonos llenar/guiar/dirigir por Su Espíritu Santo que nos llena de Su Vida sin fin (vida eterna), esa comunión eterna que produce una fuente de vida que llena de sus frutos nuestras vidas y bendice a los que nos rodean con todas las manifestaciones del amor del Señor.
En varias partes en la Biblia, se nos habla de «contemplar/mirar el rostro de Cristo», por ejemplo en 2 Cor 4:6, 2 Cor 3:18 y también el Señor me recordaba :
«Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados.»
Salmos 34:5 RVR1960
«Los que buscan su ayuda estarán radiantes de alegría; ninguna sombra de vergüenza les oscurecerá el rostro.»
Salmos 34:5 NTV
Mirar el rostro de Cristo, de Dios, contemplarlo, es el equivalente a que lo buscas a Él y sólo a Él como tú Salvador, tu solución, tu agua, tu pan. Entiendes con convicción de corazón que ni en ti ni en nadie más está eso que buscas, esa agua que calme tu sed sino sólo en Él y le buscas y confías sólo en Él, solo en su cruz, solo en su obra completa de salvación. Es lo mismo que hacer de Él nuestro lugar de refugio, nuestro escondite.
«Pues ustedes han muerto a esta vida, y su verdadera vida está escondida con Cristo en Dios».
Colosenses 3:3 NTV
«Reyes poderosos y grandes naciones colmarán todas tus necesidades, como si fueras un niño amamantado por una reina. Por fin sabrás que yo, el Señor, soy tu Salvador y tu Redentor, el Poderoso de Israel.»
Isaías 60:16 NTV
«Tú meta es amar y ser amada (por Dios) nada más. Tú éxito es amar y experimentar mi gracia (Su amor)».
Ya el sol no será para ti luz del día, ni el resplandor de la luna te alumbrará; sino que tendrás al Señor por luz eterna, y a tu Dios por tu gloria.
Nunca más se pondrá tu sol, ni menguará tu luna, porque tendrás al Señor por luz eterna, y se habrán acabado los días de tu luto.
Isaías 60:19-20 LBLA
Que Él sea mi «luz eterna» es igual a que Él sea mi fuente de vida, de calor, de guía, mi motivación, mi visión, mi deseo. Lo que me da alegría, mi sueño, la razón por la que hago las cosas, que sea Él mi interés y deseo, la fuente de mis sueños. «Que mi amor por ti sea tu único motivador».
Que Él sea «mi gloria», es igual a que Él sea lo que me hace sentir hermosa, valiosa y grande, mi éxito. Que contar con Él, con Su amor, con Su presencia, con Su perdón, con Su compañía, con Sus promesas sea lo más valioso para mí y lo que me hermosea y me hace grande. No mis éxitos o habilidades sino lo que Él ha hecho en mí y por mí. No mis vestidos, mis máscaras, mis apariencias (que son harapos y hojas de higuera) sino Sus vestidos que me da a mí, Su justicia, Su gloria compartida conmigo, Su hermosura. Que sea Él quien alimenta mi autoestima, mi sentido de valor e importancia, mi identidad, mi ¿quién soy yo?, no si tengo o no la razón, no mi reputación, no el valor que me dan los otros sino solo Él, el que a sus ojos fui de gran estima como para pagar por mí y dejar el cielo por mí. «Dios dejó el cielo por mí», ese es mi valor, esa es mi gloria. Él es mi gloria, que Él me ame es lo que me hace valiosa. El ser su hija.
Cuando entendí esto, renuncié a todos los demás soles y lunas (fuentes de identidad y valor): reputación, alabanzas humanas, éxito, dinero, conocimiento, profesión, afecto y cariño humano, cosas materiales, caer bien, agradar, reconocimiento, buen comportamiento, etiquetas humanas, atención y admiración humana.
«Ayúdame Señor a hacer las cosas solo por Ti y para Ti.
¿Por qué hago esto o aquello? Porque al Señor le agrada, porque el Señor quiere que lo haga.
Dios, eres mi sol que me ilumina y toda mi vida gira en torno a Ti y hacia a Ti, contigo quiero estar, eres la razón de mi vivir.»
Entorno a esta convicción y búsqueda, gira todo lo que compartiré en este blog y por eso es que se llama «Luz en el corazón».
Te invito a acompañarme en esta aventura y que sea Dios iluminando nuestro interior.
Dios es el primer amor de mi vida. Por eso es que aunque esta es una canción romántica, yo se la dedico al Señor.
Si lo deseas, puedes leer mi testimonio personal de cómo Dios ha ido haciendo y sigue haciendo para convertirse en mi «luz eterna» aquí:







Replica a Mateo 24 – ¿Fin del mundo o fin de mi mundo? – Luz en el corazón – Blog de Viviana Marín Cancelar la respuesta