Jesús el pan vivo y partido para nutrirnos con su vida

En el Nuevo Testamento, Jesús afirma que Él es el pan de vida y promete que el que viene a Él nunca tendrá hambre y que el que cree en Él, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35).

Para entender mejor este concepto de “pan de vida”, hay una enseñanza en el Antiguo Testamento que nos puede servir…

Isaías 58: El verdadero ayuno implica “partir el pan”.

En Isaías 58, Dios está diciendo en qué consiste el ayuno que Él quiere y dice que más que aguantar hambre, Él quiere lo siguiente:

ISAÍAS 58:6-7, 9-10 RVR1960
¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?

¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? …

Entonces invocarás, y el Señor responderá; clamarás, y Él dirá: «Heme aquí». Si quitas de en medio de ti el yugo, el amenazar con el dedo y el hablar iniquidad, y si te ofreces al hambriento, y sacias el deseo del afligido, entonces surgirá tu luz en las tinieblas, y tu oscuridad será como el mediodía.

En Isaías 58:7 nos dice que el ayuno que Dios quiere implica que «partas tu pan con el hambriento», y más adelante, en el versículo 10, menciona la misma idea de ayudar al hambriento, pero expresada de una manera más comprometida. La parte que dice «y si te ofreces al hambriento, y sacias el deseo del afligido…» En el original hebreo dice:

«Y si puc (gastar/flaquear) tú néfesh (alma) al hambriento y sabá (saciar) el néfesh (alma) del oprimido (afligido)»
(Biblia Interlineal)

Gastar tu nefesh, significa que te quedas «flaco» de ti mismo, de tu «pan», es decir de tu vida, de tu ser, para llenar/saciar el alma/vida (néfesh) del hambriento (necesitado, afligido).

Conexión entre Isaías 58 y la última cena.

En la última cena, Jesús hizo lo siguiente:

Mateo 26:26 LBLA
Mientras comían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

¿Qué significa realmente partir el pan?

Partir es compartir algo que es tuyo (pan/ser/vida) con otro que lo necesita (hambriento).

El pan que se ordena partir en Isaías 58:7 es el alma/el ser/vida (nefesh) de Isaías 58:10.

Al Jesús partir el pan y dárnoslo, nos dio toda su alma/nefesh, toda su vida. Lo que hizo fue decirnos: «todo lo que soy, te lo doy a ti».

Lo que nos pide Dios hacer en Isaías 58:7, 10 fue lo que Jesús hizo con nosotros al entregar su vida en la cruz: partió su alma y nos la dio, compartió su alimento, su vida divina, lo que llenaba su ser con cada uno de nosotros. Se quedó flaco Él, sin vida, para llenar de vida (Su vida), la mía. Perdió Su vida, gastó Su alma, para dármela a mí.

Todo de lo que yo tengo hambre (amor, seguridad, aceptación, aprobación, afecto, atención, importancia, etc.), los anhelos profundos de mi corazón, es de lo que está lleno Cristo y que me dio para alimentarme, para saciar todas mis necesidades profundas, al entregarse por mí en la cruz.

ROMANOS 8:31-32 LBLA
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

El Padre mostró su amor generoso al «partir el pan», es decir, la vida de su Hijo, y compartirlo con nosotros, para que así pudiéramos  experimentar Su vida, la vida eterna.

Así como el pan llena nuestros estómagos y sacia nuestra hambre, la vida de Cristo (que tiene la vida de Dios, eterna) sacia el hambre de nuestra alma.

Mateo 26:26-28 LBLA
Mientras comían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: Bebed todos de ella; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.

La sangre (el vino) es limpieza/perdón y nuevo pacto.
Su cuerpo (el pan) es alimento/vida eterna, abundante.

Comer del pan es creer y confiar en que el amor generoso del Padre, manifestado en el regalo no merecido (la gracia) del sacrificio de Su Hijo, nos ha transmitido la vida misma de Cristo para saciarnos por completo. El pan es la vida de Cristo entregada por amor. La invitación es a alimentarnos de Su gracia, de Su vida entregada gratuita e inmerecidamente, como la fuente que sostiene y nutre todo nuestro ser (Hebreos 13:9).

El vino representa la sangre de Jesús derramada para el perdón de los pecados y la limpieza de nuestro ser, permitiendo la entrada en un Nuevo Pacto (o compromiso de matrimonio) con Dios. Beber el vino es un acto de comunión íntima donde se reconoce que Su sacrificio es la única vía para estar en paz con el Padre.

Ambos actos (comer y beber) constituyen una declaración de lealtad y dependencia diaria de la obra de Jesús, reconociendo que la plenitud vital proviene de Su sacrificio y no de nuestros propios esfuerzos humanos.

Nuestro turno de ser pan

Juan 15:12 LBLA
Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado.

Así como Él estuvo dispuesto a ofrecer Su vida, su pan, para saciar mi necesidad, mi hambre, me pide que yo haga lo mismo. Esto es derramarse (gastarse) para llenar a otro. Esto fue lo que hizo el Señor Jesús al partir su pan conmigo, su alma, su vida divina, conmigo.

El pan para dar, no tengo que producirlo yo, tengo es que recibirlo de Él y dejarme partir/compartir. El pan, la vida abundante que recibo del Señor Jesús, debo compartirla, dejar que Él la bendiga, la parta y la comparta.

Explicación del concepto “Pan de Vida” en Juan 6.

De esto mismo habló el Señor en Juan 6:22-71.

Juan 6:26-29 LBLA:

Jesús les respondió y dijo: En verdad, en verdad os digo: me buscáis, no porque hayáis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre os dará, porque a este es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en el que Él ha enviado. 

Yo no necesito tanto del pan físico, es decir, saciar necesidades visibles y terrenales porque «no sólo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:3-4). Jesús es esa «Palabra que sale de la boca de Dios», el «verbo» lleno de vida (Juan 1:1-4, 14) por el cual puedo vivir, satisfacer mis necesidades profundas, eternas, de vida eterna/vida espiritual/vida abundante/vida plena. Esas necesidades sólo las puede llenar/alimentar/saciar el Señor Jesús, el «Maná/alimento de vida eterna». Debo creer en Él, en Jesús, porque este es a quien Dios ha dado para saciar mis necesidades eternas/profundas, mi necesidad de vida eterna.

Juan 6:32-33 LBLA
Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo.

El verdadero pan del cielo es Jesús, que da vida al mundo. La verdadera necesidad no es de vida física (pan terrenal), sino de vida espiritual (eterna), que me la da el Padre por medio de Jesús.

Juan 1:4 LBLA
En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

En Jesús está la vida que yo necesito y Él me la compartió al morir en la cruz por mí. La vida de Dios en mí.

Juan 6:35 LBLA
Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.

Jesús es el pan que da la vida, vida eterna, abundante, que sacia todas mis necesidades/anhelos profundos de aceptación, seguridad, importancia, afecto, aprobación, amor, etc. 

El alimento que Él me comparte es la vida eterna. De lo que yo siento hambre en mi interior es en realidad de vida eterna. 

Juan 6:57 LBLA
Como el Padre que vive me envió, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

En Jesús está la vida que yo necesito y Él me la compartió al morir en la cruz por mí, para que yo pueda tener la vida de Dios en mí. Esa vida de Dios solo me llega por medio de Cristo, que tiene la vida de Dios en sí mismo.

Esta vida de Dios en mí, me permite vivir con Dios siempre y disfrutar de la plenitud vital de Él para siempre.

Tener vida eterna no es solo la garantía de existencia eterna, tranquila y feliz después de morir físicamente, es una nueva vida que se puede disfrutar desde ya y que incluye el tener todas mis necesidades satisfechas en Dios por medio de Cristo al disfrutar de comunión eterna y permanente con Él, la cual satisface todo mi ser para siempre. (Juan 15:11; 17:3).

Es por esta razón que en la Carta a los Hebreos se nos dice lo siguiente:

Hebreos 10:19-22 LBLA
Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne, y puesto que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura.

En este pasaje se ve nuevamente como la sangre (perdón) y la carne de Cristo (vida), son el «Santo y seña» para poder entrar con confianza al Lugar Santísimo celestial, a la comunión íntima con Dios por medio de Cristo. El velo, la carne de Cristo se partió para darnos acceso a la vida de Dios, para poder recibir Su vida que llena, sacia nuestra alma hambrienta.

Juan 6:47-48 LBLA
En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.

El que cree (en Jesús como Hijo de Dios, como enviado de Dios para darme la vida eterna, Su vida) tiene vida eterna. 

«Yo soy el pan de la vida.» Juan 6:48

Jesús es el pan de la vida, que al ser partido y repartido para que nosotros le comamos, nos está dando la vida, la vida eterna. 

Juan 6:50 LBLA
Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera.

El que come de Jesús, es decir, el que cree y confía en Cristo como su alimento, el que llena todas sus necesidades profundas con Cristo, no muere.

Juan 6:51 LBLA
Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne.

«Si alguno come de este pan vivirá para siempre», es decir, tendrá satisfacción, llenura, eterna.

«El pan que yo daré es mi carne». Nos da su carne/cuerpo pura, perfecta, santa y sin mancha, que vive para Dios y está llena de la vida de Dios.

Juan 6:53 LBLA
Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

La carne y sangre de Jesús están llenas de la vida de Dios, llenas de lo que Adán perdió, por lo que al comerlo y beberlo recibo Su vida.

Su carne es verdadera comida, sacia todas las necesidades de mi ser con la vida de Dios.

Su sangre es verdadera bebida, limpia todo mi ser, sacia mi sed de perdón y amistad con Dios.

Juan 6:56 LBLA
» El que come mi carne y bebe mi sangre», llenas de la vida de Dios, vida eterna.

«permanece en mí y yo en él», se mantiene viviendo conmigo y yo con Él. Esto es convivencia, comunión.

Juan 6:57 LBLA
«Como el Padre que vive» (que tiene vida) me envió, y yo vivo por el Padre (porque tengo la vida del Padre que Él me comparte), asimismo el que me come (cree en mí), él también vivirá por mí (vivirá con mi vida que yo le doy, que es a su vez la vida del Padre).

Juan 6:58: «Este es el pan que descendió del cielo» (con la vida eterna de Dios)…
«El que come este pan» (la vida de Dios en Cristo), vivirá para siempre.

Juan 6:63 LBLA
El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

«El Espíritu es el que da vida» (viene del Padre y se lo dio a Cristo y Cristo me lo da a mí). El Espíritu es el que llena plenamente todas mis necesidades profundas, toda mi hambre y mi sed. 

«La carne para nada aprovecha», las cosas terrenales no sacian la sed y hambre interior. 

Las palabras que Jesús me enseña son espíritu y son vida. Tienen la capacidad para saciarme por completo. 

Juan 6:64 LBLA
Pero hay algunos de vosotros que no creéis. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que le iba a traicionar.

Pero para poder disfrutar de los beneficios de este alimento espiritual, debo creerlo y no irme a otro lado a buscar el alimento, la vida. Irme a comer otros alimentos, es idolatría. 

Juan 6:67-68 LBLA
Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Las palabras (enseñanzas) de Cristo son palabras de vida, que nos permiten experimentar la vida de Dios, si las creemos y obedecemos. 

El problema es que muchas veces buscamos saciar nuestra hambre con otros alimentos que no son Cristo, tal cual le pasó al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento…

La desnutrición y hambre espiritual que provoca sentarnos a otra mesa y comer de otro pan

Jeremías 44:17-18
…sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno. Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos.

Jeremías 44:20-23
Y habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres y a todo el pueblo que le había respondido esto, diciendo: ¿No se ha acordado Jehová, y no ha venido a su memoria el incienso que ofrecisteis en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes y el pueblo de la tierra? Y no pudo sufrirlo más Jehová, a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de las abominaciones que habíais hecho; por tanto, vuestra tierra fue puesta en asolamiento, en espanto y en maldición, hasta quedar sin morador, como está hoy. Porque ofrecisteis incienso y pecasteis contra Jehová, y no obedecisteis a la voz de Jehová, ni anduvisteis en su ley ni en sus estatutos ni en sus testimonios; por tanto, ha venido sobre vosotros este mal, como hasta hoy.

El pueblo de Judá estaba ciego espiritualmente, creyendo erróneamente que sus ídolos eran los que le daban el alimento y que por dejar de adorarlos es que ahora tenían hambre. Jeremías les replica diciéndoles que era Dios quien les daba el alimento y los prosperaba y  que por dejar de buscarle y ser infieles a Él, adorando otros dioses y haciendo maldades, era que habían sido expulsados de la tierra que Dios les había dado y sufrían de hambre y conflictos. 

En nuestras vidas pasa algo parecido, nos desnutrimos en nuestro interior cuando buscamos el alimento en el lugar equivocado, en dioses modernos que nunca podrán saciar por completo las necesidades profundas de nuestro interior. 

Hoy Dios nos pregunta:

¿De dónde viene tu fuente de alimento, de los dioses de Egipto (el sistema del mundo actual) o de mí? 

Sentándose en la mesa que nutre, sacia y da vida.

Juan 6:63 LBLA
El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

Las palabras que Jesús habló son espíritu y son vida. El creer en Jesús implica creer en sus palabras (enseñanzas) y en consecuencia ponerlas en práctica. Al confiar de tal manera en Jesús, Él promete que serán satisfechas todas las necesidades profundas de nuestro interior (amor, aceptación, seguridad, importancia, aprobación, etc).

Así como el pan alimenta nuestros cuerpos, la vida de Jesús y sus enseñanzas son un alimento para el alma.

Vino= sangre
Pan= carne

Por su sangre el perdón, por su carne la vida. Comamos y bebamos, la mesa está puesta todos los días.

Conclusión y Oración: Dependencia diaria

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Mateo 6:11

Padre celestial, danos todo lo que necesitamos cada día en todas las áreas de nuestra vida (física, mental, social y espiritualmente), tú eres nuestro proveedor de vida, de hoy y del futuro, dependemos de Ti. Danos todo lo que necesitamos para poder hacer Tu voluntad. Danos de comer a tu Hijo, Él es nuestro pan. Que hoy tengamos mayor revelación de Él a través de tu Palabra. Mayor revelación de tu amor expresado en la cruz por nosotros, de todo el amor y poder que Tú nos das a través de la entrega total de Cristo por nosotros. Haznos conscientes de la salvación y de la gracia que recibimos cada día gracias a lo que tu Hijo Jesucristo hizo por nosotros. Que hoy podamos descansar y confiar en Tí, en tu amor, en tu poder, en tu sabiduría y no en nosotros.

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