Asesinos – reflexiones sobre sangre, violencia y amor.

A raíz de todo lo que estamos viviendo últimamente, con noticias de guerras y muertes violentas por todo lado, deseo compartir una reflexión sobre lo que he vivido y aprendido sobre este tema en mi caminar personal y profesional con Dios.

En la historia de la humanidad según el relato bíblico, poco después de que el ser humano rompe su relación con Dios (Génesis 3), la rompe también con sus semejantes (Génesis 4-6) y la tierra se convierte en un lugar lleno de violencia y muerte:

‘Y Caín dijo a su hermano Abel: vayamos al campo. Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató. Entonces el Señor dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano? Y Él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. ‘ Génesis 4:8-10 LBLA

‘Y la tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios a la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra. ‘ Génesis 6:11-13 LBLA

Más adelante en el relato bíblico, tras el diluvio, Dios hace un pacto con la humanidad, hablando a Noé y sus descendientes lo siguiente:

‘Por cierto, de la sangre de ustedes yo habré de pedirles cuentas. A todos los animales y a todos los seres humanos pediré cuentas de la vida de sus semejantes. »Si alguien derrama la sangre de un ser humano, otro ser humano derramará la suya, porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios mismo. ‘Génesis 9:5-6 NVI.

También, en la ley de Moisés, Dios da el mandamiento «No matarás» (Éxodo 20:13) y varias instrucciones sobre cómo juzgar los homicidios. En Números 35, habla sobre las ciudades de refugio, que servían para los que habían matado sin intención, ya que los asesinos con intención tenían que ser matados. En Deuteronomio 19:6 que habla de lo mismo, explica que un homicidio sin intención, era un homicidio en el que no había odio previo.

Leyendo este capítulo, me llamó la atención ‭esta parte:

Así que no contaminaréis la tierra en que estáis; porque la sangre contamina la tierra, y no se puede hacer expiación por la tierra, por la sangre derramada en ella, excepto mediante la sangre del que la derramó. Y no contaminaréis la tierra en que habitáis, en medio de la cual yo moro, pues yo, el Señor , habito en medio de los hijos de Israel».’ Números 35:33-34 LBLA.

Leer sobre este tema de la sangre humana derramada, tiene un significado especial para mí.

Para comenzar, en febrero de 2020, un poco antes del inicio de la pandemia, en medio de un ayuno colectivo que hicimos en la iglesia a la que asisto, una amiga que estaba participando en el mismo, me dijo que tuvo una impresión espiritual mientras caminaba por Madrid, sus calles le empezaron a oler a sangre. En ese momento no supimos cómo interpretar eso, pero analizando en retrospectiva, probablemente signifique que hay sangre clamando a Dios por venganza desde esta ciudad y en general desde toda la Tierra.

Además, no recuerdo exactamente la fecha, pero entre finales de 2020 y comienzos de 2021 tuve una impresión orando y era el de tener mis manos manchadas de sangre. La sensación me evocaba Ezequiel 33, la función del atalaya, con la impresión de no haberla cumplido bien:

‘Y vino a mí la palabra del Señor , diciendo: Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo y diles: «Si yo traigo una espada sobre un país, y la gente del país toma a un hombre de entre ellos y lo ponen de centinela, y este ve venir la espada sobre el país, y toca la trompeta y advierte al pueblo, y el que oye el sonido de la trompeta no se da por advertido, y viene una espada y se lo lleva, su sangre recaerá sobre su propia cabeza. Oyó el sonido de la trompeta pero no se dio por advertido; su sangre recaerá sobre él. Pero si hubiera hecho caso , habría salvado su vida. Pero si el centinela ve venir la espada y no toca la trompeta, y el pueblo no es advertido, y una espada viene y se lleva a uno de entre ellos, él será llevado por su iniquidad; pero yo demandaré su sangre de mano del centinela». Y a ti, hijo de hombre, te he puesto por centinela de la casa de Israel; oirás, pues, la palabra de mi boca, y les advertirás de mi parte. Cuando yo diga al impío: «Impío, ciertamente morirás», si tú no hablas para advertir al impío de su camino, ese impío morirá por su iniquidad, pero yo demandaré su sangre de tu mano. Pero si tú, de tu parte adviertes al impío para que se aparte de su camino, y él no se aparta de su camino, morirá por su iniquidad, pero tú habrás librado tu vida. ‘ Ezequiel 33:1-9 LBLA

En ese momento para mí, esta impresión de tener la manos manchadas de sangre, tuvo una aplicación práctica más que todo con lo del COVID, en el sentido de que yo había visto venir claramente una nueva ola de contagios y sabía lo que iba a pasar, pero tenía esa sensación de no haber advertido lo suficiente, o con la suficiente antelación, la gente se juntó de nuevo por Navidad y vino una ola muy fuerte de contagios y muertes. Me sentí fatal. Sabía que obviamente la aplicación de este pasaje era principalmente en el sentido espiritual, de advertir del pecado y del juicio del Señor si no hay arrepentimiento, pero lo que sentía más de primera mano, más intensamente era lo del COVID. Digamos que fue como una lección muy clara para que entendiera la seriedad del asunto, mi parte de responsabilidad por la vida y/o muerte de mi prójimo, tanto en el plano físico como espiritual.

El apóstol Pablo cuando se despidió de unos discípulos camino a Jerusalén les dijo:

‘Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. ‘ HECHOS 20:25-27 RVR1960

Desde aquella ocasión, en la que entendí este asunto, esta misma motivación de Pablo, de tener la conciencia limpia delante del Señor en cuanto a mi responsabilidad de contarle a mi hermano lo que me enseña el Señor y advertirle del peligro, ha motivado muchos de mis comportamientos, tanto en el plano profesional como en el espiritual. Aún tengo que ser más valiente y me falta mucho por mejorar en esto, porque es más fácil para mí pasar de largo que involucrarme en servir, enseñar, advertir y ayudar, pero ahí vamos, confiando en que el Señor continúe haciendo su obra en mí.

Además, esto de la sangre derramada, también me evoca recuerdos que como otros tantos médicos, cargo en una mochila emocional llena de aquellos casos en los que cometí algún error de diagnóstico o tratamiento que tuvo una consecuencia de daño para algún paciente de forma directa o indirecta, por acción o por omisión. Los médicos no somos Dios, pero nunca sabrás qué hubiera pasado sí…  Los éxitos se olvidan rápido o se recuerdan un poco, pero no tienen el mismo impacto emocional que los fracasos. Una vez más, lo vivido en la pandemia llenó muchas mochilas de muchos profesionales sanitarios, entre los que me encuentro yo. Entonces, cuando leo sobre el homicidio sin intención, puede sonar un poco exagerado, pero a mí me evoca este tipo de recuerdos, recuerdos de fallos. 

Hay una canción muy bonita que se llama «Salvador de Almas» , que rinde homenaje a los médicos, una de sus frases dice: “médico valiente salvador de almas…”, de las almas que “salvas” no te sueles acordar, es tu trabajo, pero de las almas que “pierdes”, y más si te sientes responsable por algún detalle que dejaste pasar, que ignoraste o que sientes que hiciste mal o pudiste haber hecho algo más, de esas si te acuerdas. Aunque no necesariamente el resultado de tu error sea la muerte sino algo menos grave, si sientes que has hecho algún daño, aunque intentes racionalizarlo o justificarlo, es algo por lo que te sientes mal y es algo que duele. Probablemente ni siquiera está bien decir que salvas o que pierdes almas, no tenemos esa capacidad, solo somos instrumentos de Dios, pero así se siente, tenemos el privilegio y la responsabilidad de ser “trabajadores de la salud” de seres humanos, un bien muy valioso. 

Por otro lado, este asunto de «sangre derramada» también me recuerda que el Señor Jesús equiparó el odio hacia el hermano con el asesinato:

‘ »Ustedes saben que bajo la ley de Moisés la regla era que el que matara sería castigado. Pues yo añado que el que se enoja contra su hermano está cometiendo el mismo delito. El que le dice “idiota” a su hermano, merece que lo lleven al juzgado. Y el que maldiga a una persona, merece ir a parar a las llamas del infierno. Por lo tanto, si mientras estás presentando tu ofrenda delante del altar, te acuerdas de pronto de que alguien tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda. Vete primero a reconciliarte con tu hermano y luego regresa a presentar tu ofrenda. ‘ Mateo 5:21-24 NBV

En este caso la situación es más crítica, porque si el insultar, guardar resentimiento, estar enojado contra mi hermano es equiparable a un asesinato, pues sí que he sido culpable y no de homicidio sin intención, sino del que tiene al odio como causa. Esta enseñanza de Jesús nos transmite lo grave que es a los ojos de Dios las rencillas, enfados e insultos entre seres humanos, el guardar rencor hacia otro ser humano.

Jesucristo no solo enseñó esto sobre el homicidio, el enojo, el odio y el amor, también lo vivió:

Pues Dios los llamó a hacer lo bueno, aunque eso signifique que tengan que sufrir, tal como Cristo sufrió por ustedes. Él es su ejemplo, y deben seguir sus pasos. Él nunca pecó y jamás engañó a nadie. No respondía cuando lo insultaban ni amenazaba con vengarse cuando sufría. Dejaba su causa en manos de Dios, quien siempre juzga con justicia. Él mismo cargó nuestros pecados sobre su cuerpo en la cruz, para que nosotros podamos estar muertos al pecado y vivir para lo que es recto. Por sus heridas, ustedes son sanados. 1 Pedro 2:21-24 NTV

Si entendemos lo importante que es para Dios el amor, entenderemos lo grave que es para Él el odio. Toda actitud hacia el prójimo que no es de amor, es odio. Y este odio hacia el prójimo, este asesinato, crea una barrera entre nosotros y Dios. Por eso nos dice que nos reconciliemos primero y luego vayamos y presentemos la ofrenda y en Números 35: 34 transmite un mensaje similar de incompatibilidad entre la comunión con Dios y el odio: “Y no contaminaréis la tierra en que habitáis (derramando la sangre de otro ser humano), en medio de la cual yo moro, pues yo, el Señor, habito en medio de los hijos de Israel».

Hace unos meses tuve este tipo de experiencia, de mostrarme el Señor unos resentimientos que habían en mi corazón y su deseo de que abandonara toda amargura, perdonara y en especial, que renunciara a todo pensamiento de venganza, lo cual era algo que no me podía imaginar que yo estuviera haciendo hasta que el Señor me mostró de qué manera mis pensamientos y conductas en esta situación eran venganza. Dios me hizo entender y pude hacer lo que me pedía, dejándome limpiar y sanar mi corazón por su amor. Lo que experimenté posteriormente fue mayor intimidad con Dios y de conocimiento de su amor. Fue una experiencia muy bonita y leyendo este versículo de Números con la perspectiva del Señor Jesús, pude entender mejor qué fue lo que sucedió y darle mucha más importancia a este asunto de los conflictos y de respetar y valorar a cada ser humano como alguien muy importante para Dios. 

Así que bueno, pensando en todo esto, en mis propios «derramamientos de sangre», leí también 1 Juan 1 en el que habla de que Dios es luz y de la confesión de pecados. Muchas cosas en qué pensar, aunque todas esas cosas ya eran cosas confesadas y tratadas con el Señor en el pasado, por lo que no tenían un fuerte impacto emocional como lo tuvo en el momento en que el Señor las trató por primera vez, pero si fue como una especie de «recordatorio de delitos».

Recordé una canción que había escuchado hace unos años que se llama «En tu presencia», cuyo autor la compuso pensando en esto de las ciudades de refugio, en qué corríamos a Cristo como nuestra ciudad de refugio y decía en la introducción a la canción que no seríamos juzgados por nuestros delitos, porque en esas ciudades no se juzgaba sino hasta la muerte del sumo sacerdote y nuestro sumo sacerdote que es el Señor Jesús nunca iba a morir. Leyendo los diferentes pasajes sobre el tema, no entendí lo mismo que este compositor. Entendí que a la ciudad de refugio se iba el que había asesinado sin intención y que cuando muriera el sumo sacerdote se podría ir de nuevo a su tierra, pero que si el que iba a refugiarse era uno que había matado con odio previo, a ese lo tenían que sacar y matar, ese tipo de asesino no se podía esconder en la ciudad de refugio. Además, aplicar esa idea a mi relación con Cristo me transmite como que yo sigo siendo yo, sino que escondida en un sitio donde estoy protegida del odio del vengador de la muerte de mi prójimo, pero en sí, sigo sintiéndome culpable. Así que bueno, en mi caso, aunque me servía de algo, no me daba mucho consuelo y paz pensar en esta forma de aplicación de la enseñanza de las ciudades de refugio.

Pensando en todo esto escribí:

ASESINA
Sí, no solo soy una
prostituta perdonada,
una adúltera espiritual,
sino también una asesina.
Asesina literal,
tal vez sin intención,
sin odio previo
pero con manos manchadas de sangre.
Tal vez una asesina metafórica,
De las que habló el Señor en el sermón del monte,
que he matado con mi odio y mi resentimiento a mi hermano.
Asesina por omisión,
Por no haber advertido del peligro a mi hermano.
Asesinato por todos lados.
Recuerdo mucho aquella vez que me dijiste que tenía las manos manchadas de sangre,
que yo relacioné con el COVID pero que también tenía un sentido espiritual.
Sí, soy responsable de la sangre de mi hermano, y sí, merezco la muerte,
Pero he corrido a esconderme en Ti.
Tú pagaste el precio de mis homicidios
Y es muy duro verte allí,
Pagando el precio por mí.
Tú pagaste el precio de mi sangre y me diste tu vida
y me limpiaste a mí.
Tú me escondiste en tu presencia
Y yo no puedo tener comunión contigo si ando en tinieblas.

Sí, Señor, yo lo hice,
Yo maté y te pido perdón,
Yo concuerdo que lo que Tú dices que es pecado lo es y yo lo he cometido y te pido perdón.
Perdón por mis pecados,
Perdón por el derramamiento de sangre,
Perdón mi Señor, perdón.

Has puesto en mis manos la vida de muchas personas para ayudarlas,
pero muchas veces, infinitas veces no he hecho bien mi trabajo,
Las he tratado mal y matado con mi mirada, no he tenido temor de Ti,
no sabía cuán valioso era ese ser humano para Ti,
no he tratado con respeto a esa criatura amada y tan valiosa para Ti.
Te pido perdón Señor y te ruego me ayudes y me dirijas a tratar a mis pacientes y a la gente en general como Tú quieres que te trate a Ti, como te trataría a Ti.

Te pido perdón por mis pecados, convénceme de lo malo y lávame, más y más de mi pecado, necesito de Ti.
¿Acaso voy a juzgar si yo también herí?
¿Si yo también asesiné y yo también herí?
¿Habiendo sido yo un blasfemo y un asesino? (1 Timoteo 1:13, Hechos 22:19-20).

‭Salmos 51:14 RVR1960‬
Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; Cantará mi lengua tu justicia.

Cuando terminé de escribir mi oración al Señor, su respuesta fue la siguiente:

“Cuando hablas así, hablas de un muerto, Viviana ya fue juzgada, no está viva en una ciudad de refugio, Viviana fue crucificada, juzgada como culpable y matada, ya no existe aquí, quién habita conmigo es una nueva Viviana, que es perfecta, limpia y sin mancha, perfecta para mí, tú eres perfecta para ser una conmigo, perfecta para mí.

Confiesa tus pecados y déjame a mí el lavarlos, tú eres perfecta por mi sangre, perfecta para mí. No tienes que pagar por ellos, tú eres perfecta para mí.”

Perfecta para ti,
Perfecta por ti, 
Limpia, pura y sin mancha,
La asesina y prostituta fue crucificada,
Gracias Señor por rescatarme, 
Tú y solo Tú me has hecho perfecta para tí.

He aprendido la lección,
Cada ser humano es muy importante para ti.
Yo no quiero derramar más sangre, quiero ser perfecta para Tí,
Pero yo no puedo hacerlo Señor,
en mis fuerzas seguiré derramando sangre, 
yo solo quiero que tú me sigas haciendo perfecta para Ti.

‭Hebreos 10:14 RVR1960‬
porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. 

‭2 Corintios 5:14-17 LBLA‬
Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de ahora en adelante ya no conocemos a nadie según la carne; aunque hemos conocido a Cristo según la carne, sin embargo, ahora ya no le conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.

Con todo esto aprendí que el entender mi identificación con Cristo es muy importante para entender y experimentar la limpieza que hace posible nuestra comunión con Dios. No solo es que el Señor Jesucristo lave mis pecados, es que mi “viejo ser humano” lleno de pecado, mi carne, mi ego lleno de pecado y rebeldía contra Dios ya fue juzgado, encontrado culpable, sentenciado a morir y ejecutado con Cristo en la cruz.

Con el Cristo estoy juntamente enclavado en la cruz: y vivo, no ya yo: mas vive en mi el Cristo: y lo que ahora vivo en la carne, por la fe del Hijo de Dios lo vivo, el cual me amó, y se entregó a si mismo por mi. ‘ S. PABLO A LOS GALATAS. 2:20. Biblia del Oso 1573

Cuando Cristo murió en la cruz, allí yo también morí, de tal forma que la Viviana que puede tener comunión con el Señor no es la vieja Viviana egocéntrica, ya que esa Viviana no tenía remedio y por eso fue crucificada junto con Cristo, sino que la Viviana que puede tener comunión con el Señor es la nueva Viviana resucitada, con Cristo viviendo en mí, hecha de nuevo como una vírgen pura, inocente, limpia y sin mancha, gracias a la obra de Cristo en la cruz y a su resurrección. 

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. 2 Corintios 5:21 RVR1960‬

La pena de muerte que merecía el que derramara sangre, el que asesinara a otro, fue la pena que Cristo sin merecerla pagó. La pagó por nosotros, los asesinos que teníamos cuentas pendientes con Dios y que Cristo allí en la cruz saldó.

El tomó sobre sí mi pecado,
Dios lo hizo pagar por mí.
Golpeado, torturado y maltratado,
Todos esos golpes,
Recibió por mí.

Yo no debo nada,
Ya he sido perdonada,
Ya no soy culpable,
Estoy vírgen, como si nunca hubiera pecado.
Me uno contigo, me voy a vivir,
Estoy casada contigo, 
me voy contigo a vivir.

Puedo ser una contigo, limpiada y sin mancha solo por Tí.
No me interesa vivir, 
ya contigo morí,
Ya se murió esa pecadora y culpable,
Y ahora, volví a vivir.

No necesitamos que resucite para nada, no me interesa que vuelva a vivir.
Solo necesitamos una nueva Viviana, contigo limpia, pura y resucitada...Perfecta para ti.

Esta es una muy buena noticia, Dios nos hace perfectos gracias a Cristo, por medio de Cristo y en unión con Cristo, pero ¿Cómo define Dios la perfección?, ¿Cómo es una Viviana perfecta en Cristo?‭

La perfección de Dios

Mateo 5:43-48 LBLA‬
Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo». Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis más que otros? ¿No hacen también lo mismo los gentiles? Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

La perfección de Dios es amar perfectamente.

Dios quiere hacernos a su imagen, que cada uno de sus hijos tenga su imagen, que seamos su “anuncio publicitario”, que le muestra al mundo quién es Él en realidad, ¿y cuál es su imagen?, ¿cómo es Él en realidad?

‘Queridos, Dios es la fuente del amor: amémonos, pues, unos a otros. El que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. Por nuestra parte, hemos conocido y hemos puesto nuestra confianza en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios permanece en él. ‘ 1 JUAN 4:7,16 BLP

Dios es amor. Por eso me convence de la gravedad qué es la falta de amor y limpia mi corazón de delitos de sangre, de los pecados de falta de amor. El siguiente vídeo explica bastante bien esta relación entre el pecado y el amor:

Vídeo sobre la definición de pecado según la Biblia.

En 1 Juan nos habla mucho de esto, por ejemplo:

1 Juan 2:7-11 TPT
Amados, no les escribo un mandamiento nuevo, sino uno antiguo que tuvieron desde el principio y que ya han oído. Sin embargo, en cierto sentido es un mandamiento nuevo, ya que su verdad se manifiesta tanto en Cristo como en ustedes, porque la oscuridad está desapareciendo y la luz verdadera ya está brillando. Cualquiera que diga: «Estoy en la luz», mientras alberga odio en su corazón hacia su hermano creyente todavía está en la oscuridad. Pero el que verdaderamente ama a su hermano creyente vive en la luz, y no hay nada en él que haga tropezar a alguien más. Pero el que odia a su hermano creyente vive en la oscuridad, tropezando en la oscuridad sin tener idea de hacia dónde va, porque está cegado por la oscuridad.

El comentario en esta traducción dice lo siguiente acerca de 1 Juan 2:11: ”Juan equipara la oscuridad con la ausencia de amor. Amar es andar en la luz de Dios. Odiar es andar en la oscuridad.”

En 1 Juan 2 y 3 el pecado del que habla, las «tinieblas», es la falta de amor, entendido el amar como el mandamiento que debemos cumplir.

‭1 Juan 2:6 LBLA‬
El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.

El amor es la característica de Cristo y si decimos que permanecemos en Él, debemos comportarnos en esta vida como Él lo hizo, es decir, en amor.

‭1 Juan 3:1 LBLA‬
Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y eso somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él.

‭1 Juan 3:9-10 LBLA‬
Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano.

El amor y la justicia es la señal de que somos hijos de Dios. Los hijos de Dios tienen la semilla de Dios, para poder ser cómo Su Padre, es decir, amor. Practicar la justicia y el amor al prójimo son las características que distinguen a los hijos de Dios.

1 Juan 3:10-15 TPT
El hermoso mensaje que han escuchado desde el principio es que debemos andar en amor abnegado unos hacia otros. No debemos ser como Caín, quien se rindió al Maligno y asesinó brutalmente a su propio hermano, Abel. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus propias acciones eran malas y las de su hermano justas. Así que no se sorprendan, amados hermanos y hermanas, si experimentan el odio del mundo. Sin embargo, podemos estar seguros de que hemos sido trasladados de muerte espiritual a vida espiritual porque amamos a la familia de los creyentes. Una vida sin amor permanece espiritualmente muerta. Todo aquel que sigue odiando a un hermano creyente es un asesino, y ustedes saben que ningún asesino tiene vida eterna residiendo en él.

El odio al hermano es característica del impío, es el camino de Caín, es asesinato, y no se puede experimentar la vida eterna siendo un asesino.

1 Juan 3:16 TPT
Así es como hemos descubierto la realidad del amor: Jesús sacrificó su vida por nosotros. Debido a este gran amor, debemos estar dispuestos a dar nuestras vidas unos por otros.

En cambio el amor sacrificial por otro es una señal que demuestra que hemos experimentado el amor de Cristo y que estamos vivos espiritualmente.

1 Juan 3:17-18 TPT
Si alguien ve a un hermano creyente en necesidad y tiene los medios para ayudarlo, pero no muestra compasión y cierra su corazón contra él, ¿cómo es posible que el amor de Dios habite en él? Amados hijos, nuestro amor no puede ser una teoría abstracta de la que solo hablamos, sino una forma de vida demostrada a través de nuestras acciones amorosas.

Cerrar el corazón hacia el hermano es lo contrario de la compasión, del afecto entrañable, que sale desde lo más profundo del corazón. Cerrar el corazón es no dejar que la necesidad de mi hermano me llegue al fondo de mi corazón, de tal forma que ignoro sus necesidades y no le ayudo. Hacer esto es no tener amor de Dios en nuestro corazón. El amor verdadero es sincero y se manifiesta en acciones sinceras, que se realizan motivadas por el amor hacia el otro.

Leer esto fue muy reconfortante, al igual que fue leer 1 Juan 2:1-2:

1 Juan 3:19-24 TPT
Sabemos que la verdad vive dentro de nosotros porque demostramos amor en acción, lo que tranquilizará nuestros corazones en su presencia. Siempre que nuestros corazones nos hagan sentir culpables y nos recuerden nuestros fracasos, sabemos que Dios es mucho más grande y misericordioso que nuestra conciencia, y que él sabe todo lo que hay que saber sobre nosotros. Mis queridos amigos, cuando nuestros corazones no nos condenan, tenemos una libertad valiente para hablar cara a cara con Dios. Y todo lo que le pidamos lo recibiremos, porque cumplimos sus mandamientos y con nuestras buenas intenciones continuamos haciendo lo que le agrada. Así que estos son sus mandamientos: que pongamos continuamente nuestra confianza en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que sigamos amándonos unos a otros, tal como él nos ha ordenado. Porque todos los que obedecen sus mandamientos encuentran que sus vidas están unidas en unión con él, y él vive y florece en ellos. Sabemos y tenemos prueba de que él vive y florece constantemente en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

‭1 Juan 2:1-2 LBLA‬
Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Él mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Es muy lindo entender que el Señor trae convicción de pecado a nuestro corazón, no para condenarnos sino para limpiarnos por medio de Jesucristo y traernos a su luz (1 Juan 1:5-10). La palabra propiciación es muy bonita, porque significa que Cristo no sólo hace que Dios perdone mi pecado al cargarlo sobre Cristo, al haberlo pagado Cristo en la cruz, sino que además me hace “propicia” a Dios, me hace favorable a los ojos de Dios, tan aceptada y aprobada a sus ojos como lo es Cristo. Y cuando Dios nos pide que cumplamos sus mandamientos, se refiere a que confiemos en Su Hijo y que nos amemos los unos a los otros.

En 1 Juan 4 nuevamente se nos muestra al amor como la señal de que hemos sido engendrados por Dios, o sea de que tenemos vida espiritual, la vida de Dios fluyendo en nosotros, la señal de que somos hijos de Dios, en conexión con Dios compartiendo su mismo Espíritu. Los que tienen este nacimiento de Dios y tienen una relación profunda con Él, conocen cuánto les ama Dios y obedecen a Dios en su mandamiento: amar.

Básicamente, si no somos hijos de Dios, nacidos de Él y no hemos desarrollado intimidad con Él, no hemos experimentado su amor, no tenemos lo que se necesita para poder ser como Él: amor. Una persona que tiene una relación profunda con Dios es una persona que ama.

‭1 Juan 4:7-13 LBLA‬
Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se perfecciona en nosotros. En esto sabemos que permanecemos en Él y Él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu.

Esta lógica de pensamiento es lo que guía el resto del capítulo 4 de 1 Juan: Dios nos ama, su amor se reveló/brilló en nosotros al entregarnos a su Hijo para que vivamos por Él, por su gracia. Y nuestra respuesta al experimentar ese amor de Dios por medio de Cristo, hecho realidad en nosotros por su Espíritu Santo es amar.
Amar al otro es una expresión de que estamos experimentando el amor de Dios y viviendo en unión con Él, comportándonos en este mundo como es Él (amor).

Si andamos como Él anduvo, amando, podemos estar confiados de que estamos haciendo todo lo que Dios quiere que hagamos y que pasaremos su juicio porque nos estamos comportando como Él quiere, como Su Hijo. Por eso no hay miedo al castigo sí estamos experimentando y dando su amor, porque el criterio con que nos evalúa Dios es el amor.

‭1 Juan 4:16-19 LBLA‬
Y nosotros hemos llegado a conocer y hemos creído el amor que Dios tiene para nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios permanece en él. En esto se perfecciona el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como Él es, así somos también nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo, y el que teme no es hecho perfecto en el amor. Nosotros amamos, porque Él nos amó primero.

Pero, ¿qué es el amor?

Dónde mejor está definido el amor en la Biblia es en 1 Corintios 13. Y si Dios es amor, 1 Corintios 13 en realidad está definiendo cómo es Dios:

‘El amor es paciente, es bondadoso ; el amor no tiene envidia ; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido ; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre , todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser… ‘ 1 Corintios 13:4-8a

Ser «perfecto», a imagen de Dios, es que 1 Corintios 13 sea nuestra naturaleza porque así es Él.

Para esto vino Cristo al mundo y para esto ha venido también el Espíritu Santo después de Él, para librarnos del pecado, y así poder restaurar a la humanidad a la imagen de Dios, una humanidad a su imagen, es una humanidad caracterizada por el amor. ¿Refleja toda nuestra vida esta característica de Dios?, ¿Podemos amar al prójimo si primero no amamos a Dios?, ¿Podemos decir que amamos.a Dios si no amamos al prójimo?

Si nuestro llamado es a vivir como Jesús vivió, ¿Puede un cristiano justificar o usar la violencia, el derramamiento de sangre, los insultos o la falta de amor?

¿Necesitas también, así como yo, confesar tus «delitos de sangre», tu resentimiento, tu odio o tus faltas de amor?

2 Corintios 5:17-21 TLA
Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación. Dios ya no tiene en cuenta nuestra antigua manera de vivir, sino que nos ha hecho comenzar una vida nueva. Y todo esto viene de Dios. Antes éramos sus enemigos, pero ahora, por medio de Cristo, hemos llegado a ser sus amigos, y nos ha encargado que anunciemos a todo el mundo esta buena noticia: Por medio de Cristo, Dios perdona los pecados y hace las paces con todos. Cristo nos envió para que hablemos de parte suya, y Dios mismo les ruega a ustedes que escuchen nuestro mensaje. Por eso, de parte de Cristo les pedimos: hagan las paces con Dios. Cristo nunca pecó. Pero Dios lo trató como si hubiera pecado, para declararnos inocentes por medio de Cristo.

Si Fue en la Cruz – Canción de Danilo Montero.
Canción «Evidencia» del grupo «Un Corazón».

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