La Fe Que Salva. ¿En Qué Consiste?

En este artículo deseo compartirte lo que he aprendido sobre la similitud que hay entre la fe de Abraham y la nuestra según nos la muestra la carta a los Romanos, en el Nuevo Testamento y por qué esto es importante para nosotros en cuanto a que su ejemplo se nos presenta cómo modelo y motivación para confiar en Dios de esa misma manera y así poder experimentar la salvación que Él nos promete.

Para comenzar, te invito a leer Romanos 4: 13-25:

[13] Obviamente, la promesa que Dios hizo de dar toda la tierra a Abraham y a sus descendientes no se basaba en la obediencia de Abraham a la ley sino en una relación correcta con Dios, la cual viene por la fe. [14] Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. [15] Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. [16] Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros [17] (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. [18] Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. [19] Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. [20] Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, [21] plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; [22] por lo cual también su fe le fue contada por justicia. [23] Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, [24] sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, [25] el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. Romanos 4:13-25 NTV

En este pasaje, Pablo, el autor de esta carta, nos explica cómo fue que se hizo y se cumplió la promesa hecha a Abraham. Dios le prometió a Abraham: “Te he puesto por padre de muchas gentes«. Lo que nos hace caer en cuenta Pablo, es que esa promesa no fue hecha por medio de la ley, en el sentido de que Abraham no tenía que esforzarse haciendo algo por su cuenta para que se  cumpliera la promesa, sino que básicamente lo que tenía que hacer era permanecer fiel a Dios (no adorar otros dioses), creer en Él y creerle a Él de que iba a cumplir esa promesa. El cumplimiento de la promesa dependía de Dios no de Abraham. Lo que tenía que hacer Abraham era creerle.

Es importante entender en qué consistió la fe de Abraham, porque es el mismo tipo de fe que se requiere ahora de nosotros. Así nos lo afirma Romanos 4:16:

Así que la promesa se recibe por medio de la fe. Es un regalo inmerecido. Y, vivamos o no de acuerdo con la ley de Moisés, todos estamos seguros de recibir esta promesa si tenemos una fe como la de Abraham, quien es el padre de todos los que creen. Romanos 4:16 NTV

¿En qué creyó Abraham?

Nos lo explica el versículo 17:

A eso se refieren las Escrituras cuando citan lo que Dios le dijo: «Te hice padre de muchas naciones». Eso sucedió porque Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y crea cosas nuevas de la nada. Romanos 4:17 NTV

Abraham creyó en Dios, pero no solo creyó en la existencia de Dios sino que creyó en que Dios era capaz de hacer lo siguiente:

  1. Dar vida a los muertos.
  2. Crear cosas nuevas de la nada. Hacer existir cosas que no existen. 

Es la fe en que Dios puede, es decir, tiene la capacidad de hacer revivir “huesos secos”(cuerpos muertos) y hacer Nuevas Criaturas. ¿Te suena esto parecido a lo que llamamos “nuevo nacimiento”? 

¿Por qué dice que Abraham creyó en qué Dios podía dar vida a los muertos? Puede que se refiera a la fe que Abraham tuvo al estar dispuesto a llevar a Isaac al monte para sacrificarlo. Que Abraham creyó esto, en qué Dios podía resucitar a Isaac, nos lo afirma Hebreos 11:17-19. Pero en el contexto de este capítulo, en el mismo Romanos 4:19, se nos explica que Abraham consideraba su propio cuerpo como muerto, y así mismo la matriz de Sara, porque ambos eran ya muy ancianos cuando Dios le confirmó a Abraham su promesa y le especificó que está sería cumplida por medio de Sara (Génesis 17:15-21). Probablemente Abraham era tan viejo que ya ni siquiera podía mantener una erección, esto es algo bastante probable en una persona de casi 100 años.

Entonces, Abraham tuvo que creer esto, que Dios podía dar vida a esos cuerpos muertos, el suyo y el de Sara. Y no se debilitó en la fe, no titubeó en incredulidad al contemplar la realidad de la vejez de ambos. Sino que lo que hizo Abraham fue creer en que si Dios había dicho algo, poder tenía para hacerlo realidad. 

La fe que salva, la fe que es como la de Abraham, es una fe que no cree en sí misma, en su propia capacidad para salvarse. Es más, es una fe que acepta la realidad acerca de sí misma y sus posibilidades: nulas. Pero en vez de dudar, esa misma realidad, le lleva a confiar únicamente en el poder de Dios no en el suyo. Es una fe que sabe que no puede ayudarse a sí misma, sino que depende y se fortalece únicamente de su confianza en Dios, en que lo que Dios promete tiene poder para cumplirlo. Esta es la fe que se cuenta cómo justicia. 

En nuestro caso, es la fe que no cree en sí misma, en su propia rectitud o bondad, sino que cree en Dios, que levantó de los muertos a Jesús (que lo considera poderoso para hacer eso) y cree en Jesús como aquel que fue entregado por nuestras transgresiones (pecados) y resucitado para hacernos  inocentes (justificación). 

Ser justificado por la fe es confiar en lo que Dios hizo y en lo que Dios puede hacer, una nueva criatura, limpia, santa y sin mancha, un hijo de Dios, semejante a su Hijo Jesucristo.

Nosotros también tenemos un cuerpo muerto, como el cuerpo de Abraham o la matriz muerta de Sara, porque por nosotros mismos somos incapaces de engendrar una vida que agrade a Dios. Esto nos lo explica muy bien Romanos 7:

[18] Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. [19] Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. [20] Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. [21] Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. [22] Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; [23] pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. [24] ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? ROMANOS 7:18-24 RVR1960

La buena noticia es que así como en el caso de la más que probable impotencia sexual de Abraham o la esterilidad de Sara:

Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores. Romanos 5:6 NTV

Este tipo de fe como la de Abraham, la necesitamos para dos cosas:

  1. Hacer las paces con Dios:

[1] Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; [2] por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. ROMANOS 5:1-2 RVR1960

  1. Ser salvos, es decir, ser liberados de la esclavitud al pecado:

[6] Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. [7] Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. [8] Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. [9] Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. [10] Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. ROMANOS 5:6-10 RVR1960

El que pequemos es lo que hace enfadar a Dios, pero ¿cómo no vamos a hacerlo enfadar siempre, si por nosotros mismos somos incapaces de no pecar? La sangre de Cristo no solo paga el precio de nuestro pecado (nos pone en paz con Dios) sino que nos limpia de pecado y nos da el poder para vencer al pecado. 

[17] Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. ROMANOS 5:17 RVR1960

La buena noticia es que por medio de Jesucristo hemos recibido la abundancia del favor de Dios y el regalo de ser justos, es decir inocentes/sin culpa de pecado, el regalo de “ser buenos”, así como Cristo. 

Este regalo de la justicia, no es solo una declaración ante Dios que luego no se corresponde con nuestra vida diaria, sino que cómo nos explica Romanos 6, está llamado a ser, por el poder de Dios, una experiencia real en nuestra vida:

[6] sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; [7] porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado. Romanos 6:6-7 LBLA

[8] Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él, [9] sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; ya la muerte no tiene dominio sobre Él. [10] Porque en cuanto Él murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto vive, vive para Dios. [11] Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Romanos 6:8-11 LBLA

Cuando creemos en Jesús, no solo creemos en que el murió por nuestros pecados y resucitó para hacernos justos, sino que también cuando él murió, nosotros, los esclavos al pecado, morimos con él y cuando el resucitó nosotros resucitamos con él a una nueva vida, libres de la esclavitud al pecado. 

Pero así como en el caso de Abraham, debemos creer que el poder para vivir una vida nueva, libres de la esclavitud al pecado, no está en nosotros mismos, sino en Cristo, que para experimentar esa libertad, nos ha dado Su Espíritu Santo. Ese es el mensaje de Romanos 8:

[1] Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. [2] Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. ROMANOS 8:1-2 RVR1960

[10] Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. [11] Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. [12] Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; [13] porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. [14] Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. ROMANOS 8:10-14 RVR1960

La fe que nos permite experimentar la salvación en nuestra vida diaria, es decir, vivir libres de la esclavitud al pecado y en paz/comunión con Dios, llenos de su amor y su vida abundante, es la fe que como la de Abraham cree en que el poder para vivir una vida nueva, como una nueva criatura, como hijo de Dios que disfruta a su Padre y sigue su ejemplo, no está en nosotros mismos sino en Cristo, que nos da su Espíritu Santo para darnos su vida, el poder, la capacidad y la dirección para vivir como Dios quiere. 

No dejemos que nuestras circunstancias, nuestras propias limitaciones o debilidades nos hagan dudar de la capacidad de Dios para darnos una nueva vida en Cristo o que nuestra incredulidad nos lleve a intentar tener una nueva vida en nuestras propias fuerzas, sino confiemos en lo que Cristo hizo y hace por nosotros y dejémonos guiar por su Espíritu Santo. Como Abraham no titubeemos sino que mantengámonos firmes en la fe.

[19] Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, [20] por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, [21] y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, [22] acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. [23] Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. HEBREOS 10:19-23 RVR1960

Pensando en esto, me acordé de una profecía de Isaías en el Antiguo Testamento que habla de ríos en el desierto. Transmite el mismo mensaje que vivió Abraham de dar vida a un lugar/cuerpo muerto. Romanos 4:17 dice que Abraham creyó en el que da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fuesen. En la Nueva Traducción Viviente lo traducen así: «Eso sucedió porque Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y crea cosas nuevas de la nada”. La profecía de Isaías dice algo muy parecido:

‘Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca. Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente, para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó. ‘ ISAÍAS 41:17-20 RVR1960

[19] He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. ISAÍAS 43:19 RVR1960

‘Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos; y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas. ‘ ISAÍAS 44:3-4 RVR1960

Esta profecía la cumplió el Señor Jesucristo:

‘En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado. ‘ SAN JUAN 7:37-39 RVR1960

Creamos como Abraham creyó y dejemos que Dios cumpla su promesa y haga que el río, su Espíritu Santo, traiga vida, su vida, al desierto de nuestra humanidad. 

Canción «Es por FE» de Generación 12 + Musiko.

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