Hace unos días leí el Salmo 89, que es una queja, un reclamo al Señor de por qué no le está cumpliendo sus promesas a David, a sus descendientes, por qué no los está respaldando y por qué es como al revés, que sus enemigos les están ganando.
Aplicaba eso a la situación de mi padre pero también a otras situaciones en las que aunque somos creyentes y herederos de las promesas hechas al Señor Jesucristo, las cosas no salen bien.
Y haciendo eco de ese Salmo, le preguntaba al Señor, ¿por qué?, que parece ser la actitud del salmista. ¿Por qué Señor es esto así, por qué no se acaba ya esto, por qué no nos está yendo bien?, y pensaba que la razón por la que ese pacto con David no se cumplía o eso parecía, era por el pecado del pueblo, por el pecado de los descendientes de David y el Señor estaba cumpliendo lo que había dicho que iba a hacer en ese caso, estaba corrigiendo.
Entonces me acordé de Santiago 1:4, que fue como la respuesta del Señor a mi pregunta de «¿Por qué?»:
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
Se me venía a la mente en especial la primera frase del versículo 4: «más tenga la paciencia su obra completa«. Dice en una traducción antigua (Biblia del Oso): «y la paciencia consuma la obra», es decir, que la paciencia, la espera paciente, perseverante en el Señor, permita que el Señor acabe Su obra, Su trabajo en nuestra vida. Que la espera paciente, perseverante en el Señor en medio de la prueba, permita que el Alfarero termine su vasija, con todos los arreglos y detalles que Él considere que se necesitan.
Pensar en esto me enfoca, me recuerda de qué va todo, de en qué consiste Su obra completa, y escribí lo siguiente:
«Mi esperanza es ser como tú por la obra de tu Espíritu Santo en mí, mi esperanza es la Nueva Naturaleza, mi esperanza es que tú brilles en mí, mi esperanza es: no yo, sino tú Señor Jesucristo.
Ayúdame a perseverar en confiar en ti. Aunque no lo veo, aunque no lo entiendo, ayúdame a creer que tú estás haciendo la obra en mí y alrededor de mí. Ayúdame a perseverar confiando en ti.
Haz de mí esa sierva fiel y obediente y llena de tu Espíritu Santo que tú quieres que yo sea.»
Luego, escribí lo siguiente como impresión de lo que me quería decir Dios:
«La meta, el objetivo final no es nada terrenal, no es un gran ministerio o una gran misión. Mi objetivo y mi gran obra es transformarte a mi misma imagen y no sólo a ti sino a toda mi Iglesia, hacer de mi Esposa, una esposa perfecta, por la obra de mi sangre y de mi Santo Espíritu.
Para que mi nombre sea conocido, para que puedas ser mi testigo, para que puedas verme y escucharme e ir a contárselo a otros, necesitas del poder y la presencia de mi Espíritu Santo, revelando que la obra es mía siempre.» (Hechos 1:8).
Y me acordé de una canción que habla acerca de esto. La busqué en YouTube y la encontré acompañada de un vídeo que no había visto antes. Es un vídeo que ejemplifica muy bien que significa «una obra completa», con muchos y preciosos detalles.
Al día siguiente, como muy en línea con esta enseñanza, leí el siguiente devocional:
Mi amor te restaura.
Barry & Anneliese Adams. Godlovesyou.tv
1 Pedro 5:10
En su bondad, Dios los llamó a participar de su gloria eterna por medio de Cristo Jesús. Así que, después de que hayan sufrido un poco de tiempo, él los restaurará, los sostendrá y los fortalecerá, y los establecerá sobre un fundamento sólido. NTV
Querido mío, te creé para que vivieras en un jardín libre de pecado y sufrimiento. Si Adán y Eva nunca hubieran caído, la humanidad habría permanecido libre de la corrupción de un mundo quebrantado. Y tú también estarías viviendo allí, amado mío.
Pero debido a las consecuencias del mundo caído en el que vives, el dolor y el sufrimiento son parte de la experiencia humana en este lado del cielo. Y en medio de tus dificultades, Mi amor te sostendrá, te fortalecerá y te restaurará. Mi corazón está lleno de compasión y mis brazos están extendidos hacia ti.
Así que ten ánimo, mi hermoso hijo. Hoy no estás solo, porque te prometo que seré tu Padre en todo. Si te rindes al amor que te rodea en este mismo momento, refrescaré tu alma cansada y te daré la fuerza que necesitas para enfrentar el día.
Todos los seres humanos experimentamos situaciones difíciles, seamos creyentes o no. La diferencia con el creyente es saber que nuestras vidas están en las manos de Dios y que Él tiene todo bajo control, que así como en el caso de la tortura y muerte del Señor Jesucristo, Dios puede usar aún las situaciones más difíciles para cumplir sus buenos propósitos eternos con cada uno de sus hijos que le aman y confían en Él.
Confiando en el buen trabajo que hace Dios
En estos días estoy de vacaciones y he estado viendo paisajes preciosos, de mar, de montaña, un museo sobre animales del pasado, un acuario, un parque natural. Cientos y cientos de demostraciones de las obras de Dios, que aunque manchadas por las consecuencias del pecado que trajo juicio y muerte a esta creación, aún mantienen ese «sello de autor», esa «denominación de origen», ese resplandor de la hermosa obra de Dios.

«¡Ese es Dios!» parecen gritarme todas sus obras, que me cuentan que Él sabe lo que hace, que es un Artesano muy virtuoso, en el cual puedo confiar, para que haga de mí una nueva creación gracias a la obra salvadora de Cristo, la clase de persona que el quiere que yo sea, porque de seguro que Su diseño, sus pensamientos para mí y mis seres queridos, son mucho más altos, mucho mejores, que los míos, que los planes de mi egocentrismo. Son pensamientos de bien y no de mal, para darnos un futuro y una esperanza que apunta a la eternidad. Cada obra suya me recuerda su gran poder, pero también su gran bondad. La tierra está llena de muestras de su gran abundancia, de su gran generosidad.
¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; La tierra está llena de tus beneficios. Salmos 104:24 RVR1960
Todas estas maravillas de Dios, me demuestran que en Él puedo confiar, simplemente rendirme en sus manos y dejarlo a Él trabajar. No tengo que decirle a Dios lo que tiene qué hacer o no hacer con mi vida, Él lo sabe muy bien, sabe muy bien lo que quiere hacer. Lo que tengo qué hacer es no estorbarle con mi rebeldía a su actuar en mi vida, sino confiar en Él, hacerle caso y con paciencia y expectativa dejarlo hacer Su trabajo, porque Él no sólo me ama, sino que es bueno, es poderoso, es sabio y es fiel.
Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.







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