Oro refinado por fuego: La verdadera riqueza

Deseo compartirte dos cosas, por un lado, un diálogo con el Señor que escribí en Septiembre de 2021, y que recordé recientemente tras pasar por una situación difícil. Y por otro lado, tras repasar lo que dice la Biblia sobre el propósito de las pruebas, te comparto lo que aprendí y que espero te sirvan a ti también, en tus propias pruebas.

Oro refinado por fuego (el diálogo).

Porque dices: ‘Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad’; y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo, te aconsejo que de mí compres oro refinado por fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos para que puedas ver. Yo reprendo y disciplino a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete. 
(Mensaje del Señor Jesús a la iglesia de Laodicea). Apocalipsis 3:17-19 LBLA

El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.
Mateo 13:44 LBLA

Por eso, aun cuando por algún tiempo tengan que pasar por muchos problemas y dificultades, ¡alégrense! La confianza que ustedes tienen en Dios es como el oro: así como la calidad del oro se pone a prueba con el fuego, la confianza que ustedes tienen en Dios se pone a prueba con los problemas. Si ustedes pasan la prueba, su confianza será más valiosa que el oro, pues el oro se puede destruir. Así, cuando Jesucristo aparezca, hablará bien de la confianza que ustedes tienen en Dios, porque una confianza que ha pasado por tantas pruebas merece ser alabada.
1 Pedro 1: 6-7 TLA

Yo: Aquí vengo Señor, lo quiero comprar.
Él: ¿Qué cosa?
Yo: Lo del oro refinado por fuego.
Él:  Ah sí y ¿por qué?
Yo: Porque soy pobre, me creía rica pero bueno, tú me has mostrado que no lo soy y yo de verdad si quiero serlo, quiero ser rica de verdad verdad.
Él: Ok, muy bien.
Yo: ¿Y cuánto vale?
Él: Mucho, toda tu vida.
Yo: ¿Cómo así?
Él: Mira, allí hay unas brasas. Vas a coger toda tu vida, todo lo que has hecho, todo lo que tú creías que era riqueza, todo tu “oro”. Todo, absolutamente todo y lo vas a poner allí. Luego, cuando todo eso ya esté quemado, como que me lo has vendido a mí, coges tus ropas, todo lo que te da identidad, esas que tú pensabas que eran finas pero son andrajosas y las vas a poner allí, todo, te quedas desnuda, luego vas tú misma, subes por las escaleras y te pones allí en el fuego del altar, todo se consumirá.
Yo: ¿Y eso por qué? ¿Y después de eso qué?
Él: Porque eso es todo lo que me puedes dar y ese es el precio: “todo lo que tienes”. En realidad lo que vas a obtener a cambio es mucho, muchísimo más valioso que eso, pero bueno, yo soy bueno y solo te pido todo lo que me puedes dar. Si esto que te ofrezco es realmente valioso para ti lo harás.
Yo: mmm... dejar mi oro, que no es oro genuino sino falsificación, dejar mi ropa que no es fina de verdad sino andrajos, dejar mi vida y mi cuerpo terrenal, que tampoco es para tanto, que se va pudriendo poco a poco y a cambio me das oro genuino y ropa fina de verdad y vida y cuerpo eterno mmm... Si todo lo que dices es verdad y lo creo, en realidad es muy buen negocio, el tema es si te creo aunque no lo veo, aunque no veo nada de todo eso bueno que me dices que tienes.
Él: El no ver hace parte del trato, la fe que pasa por el fuego es oro refinado, es lo que se necesita para obtener el oro verdadero, la nueva naturaleza que solo yo tengo, poner toda tu confianza en mí, en lo que hice por ti en la cruz, en mi muerte y resurrección y en nada más.
Yo: Ok, acepto. ¿Y ahora qué hago?
Él: Nada, sólo déjame todo aquí bien firmado que me entregas todo voluntariamente y ya yo me encargo. Solo que cuando yo me esté haciendo cargo y sea doloroso, hazme el favor de no resistirte, simplemente agacha la cabeza, alégrate, súbete al altar voluntariamente y di “ok, esto no es nada, esto es una baratija, estoy comprando oro refinado por fuego”.

Te amo Señor Jesucristo, eres mi esperanza. Quiero tu nueva naturaleza aunque el proceso de quema de la paja sea doloroso, deseo el oro refinado por fuego que solo tú me puedes dar, el oro de tu nueva naturaleza, no yo sino tú, quémalo todo y que solo quedes tú, que solo quede el oro refinado por fuego que es lo que eres tú y lo que tú me das.

Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20 LBLA

El oro refinado por fuego = la nueva naturaleza = no yo sino Cristo.

Oro refinado por fuego (enseñanza)

El oro refinado por fuego es poner mi confianza solo en Cristo para así recibir y experimentar Su vida

Lo que dice Gálatas 2:20, de «vivir por la fe (confianza) en el Hijo de Dios» y no en mí, ni en nada ni en nadie más, es lo del «oro refinado por fuego», que le dice el Señor Jesús a los de Laodicea que compren de Él.

Y se compra así:
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para vosotros, que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo. En lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; a quien sin haberle visto, le amáis, y a quien ahora no veis, pero creéis en Él, y os regocijáis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, como resultado de vuestra fe, la salvación de vuestras almas.  1 Pedro 1:3-9 LBLA

La «esperanza viva» que se menciona en 1 Pedro 1:3 es la esperanza de participar de la gloria de Dios, de la santidad de Dios:

Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Romanos 5:1-2 LBLA

Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad. Hebreos 12:10 LBLA.

La esperanza de la gloria de Dios y el propósito de Dios de que participemos de su santidad, es la esperanza de disfrutar de todo lo maravilloso que es Dios, de la vida que está escondida en Él y de ser como Él en Su carácter. Es participar de Su naturaleza, de que Él se refleje, de que Él que es luz, se manifieste y se refleje completamente en nuestras vidas en toda su belleza. Es experimentar, disfrutar y manifestar todo Su amor, Su luz, sin sombras, sin tinieblas. Es ser uno con Él en su luz, en su fuego o llama de amor. Pero no puedo separar el fuego de Su amor, el fuego de la unión, del fuego celoso, del fuego consumidor. El mismo Dios que nos anhela celosamente es el Dios que nos ama apasionadamente y se dio todo por nosotros. El mismo Dios que nos desea intensamente, nos desea solo para sí. La pasión de la llama que refina, que quita la impureza, la llama que cela, que me quiere toda para sí, es la misma llama apasionada de Su amor, la llama que me hace experimentar intensamente de todo lo bueno y maravilloso que es Dios.

Porque nuestro Dios es fuego consumidor”. Hebreos 12:29 RVR1960

Las pruebas y la «corona de la vida»

Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman. Santiago 1:12 LBLA

La frase: “que el Señor ha prometido a los que le aman”, se menciona de una forma muy parecida en este otro pasaje:

Sino como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios. 1 Corintios 2:9-10 LBLA

La «corona de la vida» es esa promesa de vida abundante de Juan 10:10, una vida que consiste en cosas que «ojo no vio ni oído oyó», tan sobrenatural, maravillosa y sublime, que no se puede entender ni alcanzar con métodos o entendimiento humano. Es una vida extraordinaria y maravillosa que es revelada a nosotros por el Espíritu Santo y que solo podemos recibir por medio de Cristo, ya que es una vida que solo tiene Dios y que solo puede dar Dios.

Tener a Cristo es tener Su vida, con todo lo que esa vida es. Es tener la misma vida que comparten Padre, Hijo y Espíritu Santo, en nosotros. Según la Biblia, esa vida es la vida que Dios sopló en Adán, el antepasado de todos los seres humanos, cuando le creó (Génesis 2:7) y que Adán perdió al rebelarse y desobedecer a Dios y que al ser separado de esa vida, entonces murió (Génesis 2:17). Es la misma vida que por medio de lo que Cristo hizo, otra vez a nosotros se unió (Romanos 5:17-21, Romanos 6:23).

¿Por qué se recibe la “corona de la vida” tras perseverar en medio de las pruebas?

Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y Él mismo no tienta a nadie. [14] Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. [15] Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte. Santiago 1:13-15 LBLA

Lo que nos impide disfrutar de esta vida abundante, de esta “corona”, no son nuestras circunstancias externas, por muy difíciles que estas sean, sino los deseos y pasiones de nuestra carne, que cuando pasamos por circunstancias difíciles  luchan de manera especial contra nuestra confianza en Dios y por eso es que se pasa la prueba «crucificando» a nuestra carne, es decir, negándonos a nosotros mismos, tomando nuestra cruz (muriendo a nuestro egocentrismo) y siguiendo a Cristo.

Santiago 1: 13-15, no dice que Dios no permita que pasemos o incluso que no pueda provocar o que no esté bajo el control de circunstancias externas difíciles, sino lo que dice es que Dios no es la fuente del mal que lucha en nuestro corazón.

Ante la misma circunstancia adversa, cada persona puede reaccionar distinto, lo que evidencia lo que hay en su interior. Cuando pasamos por una situación difícil, se ponen a prueba las confianzas, motivaciones y convicciones de nuestro corazón, y se revela hasta qué punto confiamos y obedecemos a Dios. Al pasar por una situación difícil nos puede costar más seguir confiando y obedeciendo a Dios, se nos hace más difícil negarnos a nosotros mismos y confiar en Cristo, pero ahí, justo ahí, es cuando se compra el «oro refinado por fuego», cuando decido dejar o renunciar a confiar en mi propia prudencia y/o negarme a mis propios intereses, pasiones, sueños, motivaciones y deseos para aferrarme a confiar y seguir a Cristo, Su gracia, sus enseñanzas y métodos.

Mi experiencia con las pruebas y la perseverancia en la fe

Desde hace aproximadamente 8 años, mi padre sufre un problema de salud mental muy grave e incapacitante. El Señor ha usado tanto este proceso de la enfermedad de mi padre como lo que viví como médico en la pandemia, así como otras situaciones difíciles personales, familiares y laborales para poco a poco tratar mi orgullo u arrogancia de la vida. 

Dios tenía que hacerme ver mi pobreza verdadera para anhelar y dejarme vestir por su riqueza verdadera. Tenía que llegar al punto de valorar todo como basura para solo desear y buscar «ganar a Cristo», el oro refinado por fuego, Su vida.

Hace unas semanas, una vez más hablé con el Señor acerca de mi padre, recordando mi lucha entre mi deseo de que mi padre se sane y lo que ya hice hace un tiempo que fue renunciar a ese deseo y en cambio desear que se haga la voluntad de Dios en su vida y que si sólo Dios quiere mi padre se sane. En aquella ocasión el Señor me contestó que nunca dude de que Él quiere hacer “jesed”, misericordia, pero que la disciplina es necesaria.

Necesaria por esto:

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Santiago 1:2-4 RVR1960

Paciencia = perseverancia.

Entonces, hace unas semanas, recordando esto de desear no su sanidad sino el que se haga la voluntad de Dios en su vida, le pregunté al Señor: ¿Cuál es tu voluntad, tú deseo, en el caso de mi papá? Y esta fue la respuesta que escribí, que fue la impresión que tuve en ese momento, lo que pienso me contestó Dios: «Que me crea, me sirva y me ame. Que sea solo yo su Señor y su Dios, su Primer Amor. No su rol, ni su posición, ni su salud, ni nada, ni el lugar donde vive, nada.”

Eso sucedió en la mañana. Y justo por la noche mi papá se cayó y se dio un golpe fuerte en la cabeza. Así que lo llevamos a urgencias y le hicieron una serie de pruebas, las cuales no salieron mal, pero en una de ellas se detectó algo, que puede ser o no importante, le seguirán estudiando de forma ambulatoria. Así que cuando iba ya de vuelta a mi casa tras haber dejado a mi padre en la suya, pensaba en esto de los hallazgos de la prueba diagnóstica y el Señor me recordaba un versículo que fue el que nos dio en una situación en 2016, en la que en mi opinión comenzó toda una racha de circunstancias adversas vividas en mi familia. El versículo que nos mostró en aquella ocasión fue: 

No tendrá temor de malas noticias; Su corazón está firme, confiado en Jehová. Salmos 112:7 RVR1960

Mirando hacia atrás puedo ver cómo toda otra confianza poco a poco o de golpe ha fallado y así se va purificando el oro. Ese oro que es estar firme, confiado en Jehová.

Hay una canción que dice: «Sublime gracia del Señor que a un pecador salvó, fui ciego mas hoy veo yo, perdido y él me halló» (Vasijas rotas). El Señor ha usado y sigue usando todas esas circunstancias difíciles para que yo pueda cantar esta canción con el corazón. Es maravilloso poder ver mi humanidad como Dios la ve. Es milagroso dejar de considerarme a mí misma como rica o «vasija de oro» y empezarme a ver como pobre o «de barro». Es irónicamente liberador, ya que me permite desear, aceptar y vestirme de la riqueza del Señor, una riqueza eterna que perdurará más allá de esta vida y al mismo tiempo me libra del orgullo, de creerme mejor que los demás y me une al “club de los desgraciados”, de los pobres en espíritu a los que Jesús llama bienaventurados. Es pasar de ser fariseo a publicano, lo cual a los ojos de Dios es mejor condición porque el uno se va a su casa declarado inocente por la misericordia de Dios y el otro no. 

Es sumamente paradójico que hay que dejar de ser en tus fuerzas para poder llegar a ser en las fuerzas del Señor. Es contrario a la corriente de este mundo. Es contrario a la concepción popular de autoestima. Es dejar de verme a mí misma como maravillosa en mi propio concepto y comenzar a verme maravillosa solo en el contexto de la obra de Cristo en mí, solo por la obra de la cruz. Y al mismo tiempo me libera porque no necesito nada más para ser maravillosa, solo necesito la cruz, solo necesito ser quién soy en Cristo. No necesito títulos, obras, ministerios cristianos, logros, posesiones, etc. En Él estoy completa, en Él ya tengo todo eso y más, tengo el universo, he heredado Su Gloria.

El trato de Dios me lleva a que pueda seguir haciendo cosas si Dios quiere,  pero por motivaciones diferentes. Ya no por la emoción, adrenalina y arrogancia de la vida que me produce conseguir un éxito nuevo, sino simplemente porque Dios quiere hacerlo a través de mí. Hacer o no hacer ya no es lo que determina mi valor, mi «autoestima», sino que lo que me determina y me hace sentir exitosa es el amor que Dios me ha demostrado por medio de Cristo y que me sigue revelando por medio de Su Espíritu. 

Dejando las otras confianzas, el falso oro:

No a todas las iglesias el Señor le aconsejó que comprara de Él «oro refinado en fuego», sino a la de Laodicea. La razón por la que le dijo esto a esta iglesia, es porque esta iglesia se creía rica, con oro, pero este oro, no era oro fino, sino oro perecedero. 

Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. [18] Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Apocalipsis 3:17-18 RVR1960

Me parece muy curioso ciertas similitudes entre Santiago 1 (que habla de las pruebas) y el mensaje a la iglesia de Laodicea. Por ejemplo, en ambos pasajes se menciona el problema del doble ánimo y en Santiago 1 además de las pruebas, también habla de la riqueza, el problema de la iglesia de Laodicea. En medio del capítulo uno de Santiago, nos encontramos con esto:

El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas. Santiago 1:9-11 RVR1960

El Señor Jesús dijo:

Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. S. Lucas 6:20-21 RVR1960

Pero también dijo:

Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. S. Lucas 6:24-25 RVR1960

No siempre es necesario comprar «oro refinado en fuego». En 1 Pedro dice «si es necesario«:

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. 1 Pedro 1:6-7 RVR1960

Pienso que solo es necesario comprar oro refinado por fuego cuando nuestra fe es imperfecta, al estar puesta más en nosotros mismos que en el Señor. Necesitamos comprar oro fino, oro refinado por fuego cuando creemos que somos «ricos», cuando estamos engañados porque llamamos «riqueza» a riquezas perecederas. Son cosas que no son el Señor, el único tesoro, la única riqueza eterna.  

Si eres humilde, pobre en espíritu, tal vez te sea más fácil poner toda tu confianza en el Señor y no necesites de tantas pruebas porque sencillamente te es más fácil negarte a ti mismo y no hacerte caso a ti mismo y no confiar en ti mismo. No lo sé, simplemente sé que yo sí que necesité de la disciplina y puede que siga necesitando, pero no puedo decir que todo el mundo necesite de lo mismo o de la misma manera. Pero sea como sea, tal como dice Santiago 1 o Hebreos 12, es una bendición saber que incluso aunque Dios nos permita pasar por la más difícil circunstancia externa, Él es bueno y tiene un propósito bueno y eterno al permitirnos pasar por ella. 

La Experiencia del apóstol Pablo

Al Dios llevarnos a confiar más en Él que en nosotros mismos, por medio de las pruebas,  consigue producir en nosotros algo muy interesante que entendí recientemente. El apóstol Pablo nos lo cuenta de la siguiente forma:

Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. [3] Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), [4] que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. [5] De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. [6] Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. [7] Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; [8] respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. [9] Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. [10] Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. 2 Corintios 12:2-10 RVR1960

Pablo nos cuenta que aprendió a jactarse en sus sufrimientos, aquellos por los que el Señor le permitió pasar, “para que repose sobre mí el poder de Cristo”. Es decir, el sufrimiento le enseñaba su impotencia y permitía que se manifestara en su vida el poder de Cristo, no el suyo. Solo unos versículos después de mencionar esta frase sobre el poder de Cristo, el apóstol Pablo dice lo siguiente:

Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros.  2 Corintios 12:12 RVR1960

Es decir, era algo evidente que el poder de Cristo se manifestaba en la vida de Pablo de esta forma tan increíble, y no podemos separar la manifestación del poder de Dios en su vida, de los sufrimientos experimentados. No por el sufrimiento en sí, sino por lo que el sufrimiento le enseñaba, que era que la gracia de Cristo era lo único que necesitaba y la única razón por las que las revelaciones y el poder de Dios en su vida se manifestaban, que no tenía ningún mérito o poder propio, que todo era obra de Dios, que todo era Su gracia. 

La Experiencia del Señor Jesús con el sufrimiento y la invitación a seguir su camino

El Señor Jesús experimentó algo parecido. Se manifestó en su vida el poder del Espíritu Santo tras 40 días de ayuno en el desierto a donde fue llevado para ser tentado/probado por el diablo (Lucas 4:1, 14). Allí demostró confianza en Dios e hizo manifiesta su lealtad y fidelidad a Dios, a pesar de sentir mucha hambre (una evidencia de su carne/humanidad con sus pasiones y deseos). En medio de la prueba, el Señor Jesús resistió a Satanás y se mantuvo fiel a Dios. 

Este es un claro ejemplo de lo que nos dice Santiago 4:7:

  • Sométanse a Dios: confió y obedeció las instrucciones de Dios a pesar de su situación de debilidad. Experimentó en sí mismo, lo que luego nos enseñó de: «Niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame«.
  • Resistan al diablo: «crucificó» su humanidad con sus pasiones y deseos. (Gálatas 5:24). Permaneció en la verdad de Dios y esta le hizo libre. (Juan 8:31-32).
  • Y huirá de vosotros: No cayó en la tentación y el diablo le dejó. (Mateo 4:11).

Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. Hebreos 2:10 RVR1960

Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. [8] Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; [9] y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen. Hebreos 5:7-9 RVR1960

La confianza de Jesús en su Padre se hizo evidente, demostró que era «oro fino», al pasar lo máximo de lo máximo en pruebas, al obedecer hasta las últimas consecuencias.

El camino de Cristo

¿Por qué Cristo pudo resucitar?, ¿En qué consiste su victoria? 

Según la narrativa bíblica, la muerte no fue creada como parte del orden natural de la creación, sino que se introdujo como una maldición, un castigo por la rebeldía del ser humano ante Dios. Esta actitud de rebeldía, de independencia de la criatura frente a Su Creador, y los actos de desobediencia que produce, se conoce en la Biblia como «pecado».  

La muerte nos cuesta aceptarla, porque no es natural, no debería estar pero está.

Jesucristo resucitó porque nació sin pecado y nunca pecó. Jesús de Nazaret es Dios despojado de su forma de Dios, Dios hecho carne, hecho ser humano. Nació como un ser humano como nosotros pero vivo espiritualmente, sin pecado, aunque tenía la posibilidad de perder esa vida, podía hacerlo, podría haber pecado y separado de Dios Padre, simplemente tomando cualquier decisión fuera de la voluntad del Padre, independiente de Dios. 

El Señor Jesucristo como humano fue llevado hasta el máximo extremo de la confianza, lealtad, dependencia y sumisión a Dios Padre, probando su disposición a obedecer hasta el extremo de la muerte y muerte de cruz, es decir, una muerte cruel, humillante y vergonzosa. 

Como la paga del pecado es la muerte y Jesucristo nunca pecó, al morir en la cruz recibió un castigo no merecido, injusto. Él, un ser humano vivo espiritualmente, cargó con los pecados de todos nosotros, pero de sí mismo no tenía pecado ni heredado ni propio, y la muerte no lo pudo retener, y por eso, fue completamente justo que el Padre lo resucitara con Su poder. 

Es por esto que decimos que Jesucristo venció a la muerte y al diablo en la cruz. Venció al no caer en la tentación de desconfiar, ser rebelde y desobediente a Su Padre, aunque obedecer le llevara a la muerte. Y como el padre de toda rebeldía/pecado es el diablo, el Señor Jesucristo le venció por medio de morir en sumisión y obediencia absoluta al Padre. Y sin pecado no hay castigo, no hay paga de muerte. Sin pecado hay vida, vida abundante, conexión y comunión eterna con Dios, la fuente de la vida, de vida eterna.

El regalo de Dios para nosotros ahora es recibir esa victoria de Cristo, esa vida espiritual, eterna, al depositar nuestra confianza en lo que Jesús hizo, en lo que Él ganó para nosotros en la cruz, el perdón de pecados y la vida eterna. Cuando aceptamos para nosotros y depositamos nuestra confianza en lo que Jesús hizo por nosotros, somos declarados justos e inocentes como Cristo, somos aceptados por Dios tal como Él acepta a Cristo. Dios nos da Su vida, Su Espíritu, haciéndonos hijos benditos suyos, que le pertenecen a Él, herederos suyos que pueden acercarse a Él con confianza y disfrutar de Él y de todo lo que Él es. Estar unidos a Su vida, teniéndola en nosotros, nos capacita para poder ser como Él en su carácter y disfrutar de Él y de todo lo suyo. 

Pero el camino para poder cada día experimentar más Su vida en nuestra vida cotidiana, todo eso tan maravilloso así como Cristo lo experimentó y experimenta, es el mismo camino que el Señor Jesús nos dejó claro que Él caminó. 

Es el camino de que a pesar de pasar por pruebas tan extremas, puso toda su confianza en el Padre y hasta el final dependió de Él, fue humilde y le obedeció. El Padre no le libró de la muerte, no lo libró de la prueba, pero lo resucitó. Cristo se humilló y el Padre le exaltó. Este camino es el camino que evidencia la victoria sobre el pecado, al no dejarse vencer por él, confiando en Dios, esperando en Él y siendo fiel y obediente pásese por la prueba que sea, independiente de la condición o circunstancias que se tengan. Es un camino que para poder andarlo, así como Él lo caminó, necesitamos al Espíritu Santo.

Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Apocalipsis 12:11 RVR1960

“Mi gracia es todo lo que necesitas” le dijo Dios a Pablo (2 Corintios 12:9). Si la gracia es todo lo que se necesita para tener éxito en caminar por este camino, ¿Cómo se obtiene más gracia?:

Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildesSantiago 4:6 RVR1960

Por lo tanto, ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el cielo, Jesús el Hijo de Dios, aferrémonos a lo que creemos. [15] Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. [16] Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos. Hebreos 4:14-16 NTV

Para experimentar más de su gracia, necesito más humildad, junto con fe,  para confiar menos en mí y más en Él. 

El ejemplo máximo de fe y humildad es el Señor Jesucristo. Siendo su pasión, muerte y resurrección, la demostración máxima de humildad y confianza en Su Padre.

Por todo esto es que se nos enseña:

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. [17] Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Romanos 8:16-17 RVR1960

El apóstol Pablo es un ejemplo de cómo seguir el camino de Cristo. Decidió dejar su riqueza e ir a comprar “oro refinado en fuego”, el oro de confiar en el Señor y seguir el camino que Él caminó, confiando solo en Su gracia, confiando solo en Cristo: 

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, [9] y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; [10] a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, [11] si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. Filipenses 3:8-11 RVR1960

Solo hay un camino para experimentar de forma real la victoria de Cristo contra el pecado y la corona de la vida, la vida abundante. Se trata de que fortalecidos por el Espíritu Santo confiemos y por ende obedezcamos al Señor Jesucristo (1 Juan 5:4-5), en vez de a Satanás, al mundo o a nosotros mismos.

Pero esta confianza no es solo una confesión o declaración de palabras. Se refina, se limpia, se purifica, se manifiesta su veracidad y se perfecciona en medio de las pruebas. 

Porque aún no hemos “resistido hasta la sangre combatiendo contra el pecado” (Hebreos 12:4), podemos salir victoriosos en medio de las diversas pruebas y recibir la corona de la vida, experimentar Su vida, si fortalecidos por el Espíritu Santo perseveramos en ser humildes, confiar en Él y obedecerle, para poder experimentar más y más de la gracia del Señor y así se manifieste en nuestras vidas Su obra de arte completa, su oro fino, su nueva naturaleza que tiene en el amor su esencia. 

Dios tiene poder para librarnos de las pruebas que enfrentamos, pero recibir la corona de vida, experimentar Su vida, es mucho más valioso y eterno que salir de cualquier circunstancia difícil concreta.

Podemos orar: Padre Nuestro, como el Señor Jesús nos enseñó y Él mismo oró, no nos metas en pruebas, pero si son necesarias, así como la de Él lo fue, líbranos del mal, líbranos de Satanás, de su acción directa y de su influencia a través del mundo y de nuestra propia carne/humanidad. Que con humildad podamos confiar y esperar en Ti, en tu gracia, no haciendo nuestra propia voluntad sino la tuya. Amén. 

Canción «Déjame un rato» de Alex Zurdo y Gabriel EMC

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