¿Qué Precio Tiene el Cielo? – Sobre los Dos Gritos de Jesús en la Cruz.

El velo del templo en Jerusalén, separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo, el lugar donde estaba el arca del pacto que representaba la presencia de Dios, el mismísimo trono de Dios, la habitación íntima de Dios. A ese lugar sagrado solo podía entrar una persona, el Sumo Sacerdote y solo una vez al año, el día de la Expiación. 

Cuando Jesús murió, el velo del templo se rasgó, representando que ahora gracias al sacrificio de Jesucristo, gracias a su sangre, se abrió el camino para que todo ser humano que confíe en Jesucristo pueda tener acceso al lugar donde vive Dios y tener comunión con Dios.

Que ahora podamos tener un trato cercano, íntimo con Dios por medio de Jesucristo es un privilegio que costó muy caro.

Te invito a leer el relato de este suceso, tal como lo cuenta el evangelio de Mateo:

Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: ELí, ELí, ¿LEMA SABACTANI? Esto es: DIOS MíO, DIOS MíO, ¿POR QUé ME HAS ABANDONADO? Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: Este llama a Elías. Y al instante, uno de ellos corrió, y tomando una esponja, la empapó en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. Pero los otros dijeron: Deja, veamos si Elías viene a salvarle. Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las rocas se partieron

S. Mateo 27:46-51 LBLA

Estos gritos de Jesús transmiten una intensidad emocional muy grande, que logra expresarse a pesar de una intensa debilidad física. Son los gritos de una persona moribunda, torturada, adolorida y anémica, que además se encuentra en una postura que le dificulta mucho el respirar. Es una persona tremendamente debilitada que emite dos gritos muy fuertes. Es un gran esfuerzo, es algo sorprendente para un moribundo.
No sé si has estado con una persona así de debilitada, en sus últimos segundos, pero es que casi no pueden ni hablar, no les sale, les cuesta respirar. Se necesita hemoglobina/sangre para transportar el oxígeno. Jesús murió por choque hipovolémico, perdió toda su sangre, es decir, en esos últimos minutos/segundos de agonía, tendría que tener una dificultad respiratoria tremenda como para que le salieran dos gritos.

Meditando y hablando con Dios acerca de esto, tuve la impresión de que me dijo lo siguiente:

-Yo: El entrar a tu presencia costó tu dolor, tú grito y tu sangre.
-Dios: Aún recuerdo ese grito. Lo recuerdo como Hijo y lo recuerdo como Padre.
-Yo: Me pregunto de dónde sacaste fuerzas para dos gritos si ya casi no tenías sangre.
-Dios: Lo saqué de dentro del alma, lo saqué de lo profundo de mi carne.

Así de intenso es su deseo de intimidad con nosotros, como para pagar ese precio para que nosotros podamos entrar al Lugar Santísimo verdadero, celestial.

Pero muchos quedaron asombrados cuando lo vieron. Tenía el rostro tan desfigurado, que apenas parecía un ser humano, y por su aspecto, no se veía como un hombre.
Isaías 52:14 NTV

Por opresión y juicio fue quitado; y en cuanto a su generación, ¿quién tuvo en cuenta que Él fuera cortado de la tierra de los vivientes por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida?
Isaías 53:8 LBLA

Sin embargo, fue Dios mismo el que decidió humillarlo y hacerlo sufrir hasta la agonía. Pero el siervo ofreció su vida en sacrificio por nuestros pecados. Por eso, tendrá una larga vida y llegará a ver sus descendientes. Todos los planes de Dios se harán realidad por medio de sus manos.
Isaías 53:10 NBV

Aunque agradó a Yahvé
aplastarlo de pena,
  será restaurado a favor.
   Después de que su alma se convierta en una ofrenda por la culpa,
    contemplará a su numerosa descendencia y prolongará sus días.
     Y a través de Él, los deseos más profundos de Yahweh
     serán completamente cumplidos.

Isaías 53:10 TPT

HERMOSAS HERIDAS

Hermosas heridas
Que desfiguraron tu rostro
Pero por las cuales
Yo soy sanada

Hermosas heridas
Que complacieron al Padre
Al llevar el castigo
Que yo merecía

Hermosas heridas
Que deberían ser mías
Hermosas heridas
Que compraron mi paz

Yo tal vez llevo alguna herida y cicatriz
Causada por mi propia y débil humanidad
Tú llevas cientos de cicatrices en tu frente,
Tu cabeza y todo tu cuerpo
Cicatrices que no tenían que ser tuyas,
Que no merecías,
Pero que sufriste y llevaste por mí.

Hermosas heridas
Voluntad del Padre
Hermosas heridas
Soportadas por el Cordero
Porque era deseo del Padre
Poder estar junto a mí.

«Era mi deseo que estuvieras conmigo y mi Hijo lo hizo.
Él ya lo hizo todo, ahora ven y disfruta de mí.
Quiero estar contigo, ven y disfruta de mí, come y bebe de mí, depende de mí y sé completamente feliz.

Si me quieres complacer simplemente acepta lo que hizo mi Hijo por ti, ven a mí y déjame hacerte completamente feliz.»

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:5 RVR1960

El castigo de mi paz (bienestar total) fue sobre Él y por su llaga yo fui curada.

«Si me quieres complacer ve y dile a otros que vengan también a mí. El precio ya fue pagado, mi Hijo lo hizo posible, mi Hijo lo hizo por mí, porque era mi deseo profundo que Tú estuvieras aquí, y es mi deseo profundo que muchos más vengan también a mí.»

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
S. Lucas 19:10 RVR1960

¿De quién se habían perdido? …del Padre.

Jesús, aún a pesar del destrozo emocional interno por toda la situación, la traición, el rechazo, el juicio injusto, la vergüenza de estar desnudo, la tortura, los insultos y burlas en la cruz, y la sensación de sentirse de verdad abandonado por Dios en medio del sufrimiento, aún así hizo la voluntad del Padre confiando y obedeciendo hasta el fin.

Esperó en Dios, Dios no lo libró del sufrimiento…pero lo resucitó.

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:14-16 RVR1960

‘Por eso, amados hermanos, gracias a la sangre de Jesucristo podemos entrar libremente en el Lugar Santísimo. Jesús nos ha abierto un camino nuevo y vivo a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo. Además, en él tenemos un gran sacerdote que está al frente de la familia de Dios. Y puesto que es así, acerquémonos a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, ya que en nuestro interior hemos sido purificados de una mala conciencia y exteriormente hemos sido lavados con agua pura. ‘ Hebreos 10:19-22 NBV


El sufrimiento de Jesús nos abrió la puerta, el velo no se rasgó en la resurrección, se rasgó en su muerte, su sangre fue el sacrificio perfecto y el Padre lo aceptó y rompió el velo.

El último gritó de Jesús fue muy probablemente «¡Consumado es!», lo pienso porque en el relato que nos cuenta Mateo, Jesús tras decir «Dios mío, Dios mío porque me has desamparado», gritó de nuevo y expiró, mientras que Juan nos dice que Jesús dijo: «Consumado es» y expiró (Juan 19:30). «Consumado es» significa que se hizo lo que se tenía que hacer, ya no hay más deuda que pagar, solo queda adorar.

Ahora quiero yo por esa puerta abierta entrar, gozar y disfrutar, yo no pagué la entrada sino que voy confiando en que alguien la pagó por mí y aquí voy Padre y aquí llego sin merecerlo, «entra» me dice «ya no tengo nada contra ti, mi Hijo lo pagó todo por ti». Esta invitación a entrar a una relación íntima con Dios por medio del sacrificio de Jesús, es para todos, es también para ti.

Si se nos ha dado esta oportunidad tan grande yo no la quiero desaprovechar, si costó tanto es porque merece la pena estar allí.

Mi corazón ha dicho de ti buscad mi rostro, tu rostro buscaré Papá, sabiendo que no llego a tus brazos por mi esfuerzo sino por tu amor y por el precio que mi hermano mayor pagó por mí.

Canción «Cuando te encontré» de Emilito Barrul.

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