Ahí Está – Un Poema sobre el Juicio y la Gracia de Dios
Ahí está

Ahí está, ahí está mi pecado, más horrible de lo que me pudiera imaginar.
Ahí están mis asesinatos, mis insultos, robos y demás.
Ahí está mi inmoralidad, mi lascivia y lujuria.
Ahí está mi glotonería, mi ira, mi adulterio y demás.
Ahí está mi idolatría, ahí está mi familia mil veces imperfecta, ahí está.

Ahí está el juicio completamente justo y verdadero.
Ahí está la ira que merezco.
Ahí está mi hipocresía desenmascarada.
Ahí está a quien no puedo engañar.

Ahí está Dios quién puede hacer lo que le dé la gana,
puede hacerlo porque Él lo creó.
Ahí está porque lo que hizo existe porque Él lo quiere y
puede hacer lo que quiera con lo suyo.

Ahí estoy yo tan pequeña.
Ahí está Él tan grande.
Ahí estoy yo tan impura, tan inmunda y tan lejos.
Ahí está Él tan grande.

Todo lo que me quiera regañar lo merezco.
Todo lo que me quiera gritar es Digno.
Sea hambre, guerra, espada, violación, enfermedad o muerte, lo merezco e incluso más.
He violado Su Santidad, he fallado a Su pacto, he hecho cosas terribles.
He insultado a mi hermano, he buscado en dioses vanos, he fallado todas y cada una de sus leyes y ahí está.

Ahí está el Juez Justo, no hay escapatoria, lo que Él sentencie será justo y se hará.
No hay para mí salida, no hay para mí esperanza, sino sólo lo que en su clemencia pueda dar, pero de merecer ni hablar.

Pero entonces miro la cruz y ahí está.
Ahí está un sacrificio, ahí está una sangre derramada.
Resulta que mi castigo fue pagado ya.
Ahí está, no lo puedo explicar, no tiene lógica, yo me merezco la muerte, pero no, ya no, porque ahí está.
Ahí ya lo han pagado, ya se han llevado todo lo merecido, ahí está.

Y no solo eso, no solo ha pagado, no solo ha lavado, no solo me ha dejado limpia sino además me ha comprado, me ha levantado a su nivel de dignidad, me ha rescatado, redimido, perdonado, lavado, enseñoreado con Él, me ha desposado, me ha casado, me ha hecho suya, se ha unido conmigo y ya no puedo más.

No lo entiendo, no es justo, pero sí lo es porque pagado, pagado está y su amor ha hecho eso y todo lo demás.
Lo ha hecho sin preguntar, lo ha hecho y ya.
Ha pagado, ha comprado, ha limpiado, ha unido y ya.
Y me pregunta, ¿Después de todo esto, puedes en mí confiar?

Cómo no hacerlo, qué alternativa hay sino pagar por todo y más.
Cómo no hacerlo si en la cruz clavada mi culpa y mi vergüenza están.
Cómo no hacerlo si lo que me ofreces es más de lo que nadie jamás me ofrecerá.
No hay hombre, mujer, persona, título o lo que sea comparable a lo que tú me ofreces ya: unirme para siempre contigo y disfrutar de tu heredad, reinar contigo y disfrutar de tu amistad y amor sin igual.
Claro que sí Papá, me caso con tu Hijo y contigo quiero para siempre morar.

Reconocer con sinceridad nuestro pecado es difícil, más difícil aún aceptar que es necesario y justo el castigo. Pero ver al mismo Dios pagar por tus delitos, experimentar profundamente su increíble bondad, compasión, perdón, amor y gracia es imposible si no se reconoce el hedor de uno mismo.

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