Una batalla, un asedio, una promesa de victoria, nosotros los que estamos rodeando la ciudad. Satanás y sus huestes quiénes la están resguardando.
Ellos no son los que atacan, ellos son los que se defienden, los que no quieren que su ciudad sea conquistada. Han sometido al pueblo a la tiranía de la esclavitud del pecado, el egoísmo reina allí y con él la desesperanza. El odio y las rencillas son el pan de cada día mientras el pueblo perece desalentado, sufriendo la muerte en vida.
Se acerca el ejército de la luz, con las banderas del amor, el perdón y la reconciliación. Sus armas la humildad y la mansedumbre, la compasión, la generosidad y la ayuda desinteresada. El ejército avanza, Satanás se defiende, lanza flechas, misiles y llamas.
El ejército del Señor confía en su Comandante y aunque sufre bajas, no se desanima porque sabe que la causa es noble y la guerra ya está ganada. Todo soldado sabe que aunque muera en el intento merece la pena su causa.
Cada soldado no se distrae, entrena, se alista y avanza, en Dios pone su esperanza. Aunque la lucha es fuerte y sufren bajas, el ejército sabe que cada alma ganada merece la pena la batalla.
No te equivoques, no dejes que Satanás te engañe, no eres un pobre cristiano sufriendo ataques del enemigo, no, simplemente has tomado la decisión de ponerte en la batalla. No pierdas la esperanza, no luches con armas erradas, no luches con armas humanas, sométete al entrenamiento de tu Salvador y sigue sus enseñanzas, está guerra no se gana con espadas ni con ejércitos, esta guerra se gana con el Espíritu, con fe, con amor y con esperanza.
Así que el ángel me dijo: «Esta es la palabra del Señor para Zorobabel: »“No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu —dice el Señor Todopoderoso—.
Zacarías 4:6 NVI
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él.
Mateo 11:12 NVI
Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de paciencia, para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque dentro de muy poco tiempo, el que ha de venir vendrá y no tardará. Mas mi justo vivirá por la fe; y si retrocede, mi alma no se complacerá en él. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma.
Hebreos 10:35-39 LBLA
Explicación
La Biblia nos enseña que el mundo está en oscuridad y bajo la influencia directa de Satanás, a quien podemos llamar «el señor de las tinieblas», este reino de oscuridad se encarga de que todo el mundo permanezca en tinieblas, en egoísmo.
Entre tanta oscuridad, cada acto de bondad, de amor y de luz que realiza una persona y un grupo de creyentes que han nacido de nuevo, cada fruto del Espíritu Santo, cada testimonio de palabra y de obra de un hijo de Dios se interpreta por el enemigo como un acto de guerra, como un ataque directo a su reino y su dominio, ya que es una luz que está alumbrando en medio de tanta oscuridad. El señor de las tinieblas no se puede permitir eso, por lo que manda a sus huestes que vayan a intentar apagar esa luz.
Esa es la guerra, somos un ejército de luz en búsqueda y rescate de una humanidad en oscuridad. Cada vez que gana el amor pierde el egoísmo y pierde satanás. Cada alma que se arrepiente y se vuelve a Cristo es una gran victoria ya que alguien ha sido trasladado del reino de las tinieblas al reino de la luz admirable de Cristo. Cada creyente que se arrepiente, que sigue a Cristo en confianza y obediencia es un guerrero peligroso. Nosotros estamos atacando su reino acto simple tras acto simple si va lleno de luz. Como es natural Satanás se defiende atacando a los soldados del Señor, desanimándolos, intentando apagar su luz.
Pero no estamos solos, tenemos al Señor, que nos ha dado su Espíritu Santo, sus armas espirituales y a nuestros hermanos en Cristo que batallan junto con nosotros, además tenemos la seguridad de la victoria que Cristo ya ganó en la cruz, tenemos la esperanza de salvación.







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