Cristo se ofreció a Dios como sacrificio por nuestros pecados. Nosotros seguimos su ejemplo y nos ofrecemos también a Dios en gratitud, como respuesta a Su misericordia. Estos dos cuerpos sobre el altar del sacrificio de adoración a Dios, el de Cristo y el nuestro, constituyen la adoración que el Padre busca, en espíritu y en verdad. Os comparto lo que aprendí acerca de esto:
Mientras comían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Mateo 26:26 LBLA
Por eso, cuando Cristo vino al mundo, le dijo a Dios: «No quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado. Pero me has dado un cuerpo para ofrecer. [6] No te agradaron las ofrendas quemadas ni otras ofrendas por el pecado. [7] Luego dije: “Aquí estoy, oh Dios; he venido a hacer tu voluntad como está escrito acerca de mí en las Escrituras”». Hebreos 10:5-7 NTV
Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne, y puesto que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura. Hebreos 10:19-22 LBLA
El sacrificio de Cristo, la entrega de Cristo, de su cuerpo partido, todo su cuerpo sin reservas, abrió la entrada para nosotros al Lugar Santísimo. Ahora entramos directamente a la presencia de Dios por medio de nuestra fe en el sacrificio de Cristo. Allí en el altar de Dios, el Señor Jesucristo ofreció su cuerpo partido, toda su vida humana perfecta entregada, para que yo pueda ser perdonada y aceptada por Dios; limpia, pura y sin mancha, para que yo pueda ser reconciliada y hecha amiga e hija de Dios que puede entrar con confianza a la habitación de Su Padre celestial.
En Romanos 12:1-2, se nos invita a hacer algo muy parecido a lo que dice en Hebreos que hizo el Señor Jesucristo. Se nos invita a entregar nuestro cuerpo como un sacrificio a Dios, un sacrificio vivo, pero no como una ofrenda por el pecado, como fue el sacrificio de Cristo, sino como una ofrenda de adoración, de gratitud hacia Dios por Su misericordia al salvarnos por medio de la fe en Jesucristo. En los capítulos 1 al 11 de Romanos se nos explica en qué ha consistido esa misericordia y en los capítulos 12 al 15, se nos explica cómo responder a esa misericordia, entregándonos como un sacrificio vivo:
Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto (adoración) racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto. Romanos 12:1-2 LBLA
Por tanto, hermanos míos, os ruego por la misericordia de Dios que os presentéis a vosotros mismos como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios. Este es el verdadero culto (adoración) que debéis ofrecer. No viváis conforme a los criterios del tiempo presente; por el contrario, cambiad vuestra manera de pensar, para que así cambie vuestra manera de vivir y lleguéis a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto. Romanos 12:1-2 DHHED
Otros pasajes del Nuevo Testamento también nos invitan a lo mismo, a entregarnos como ofrenda, así como lo hizo Cristo, en respuesta al amor de Dios:
Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma. Efesios 5:1-2 LBLA
Con el Cristo estoy juntamente enclavado en la cruz: y vivo, no ya yo: mas vive en mí el Cristo: y lo que ahora vivo en la carne, por la fe del Hijo de Dios lo vivo, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí. S. PABLO A LOS GALATAS. 2:20 BDO1573
Volviendo a Hebreos 10:5, se nos dice que Cristo entregó su cuerpo a Dios como un sacrificio perfecto por el pecado. Y los otros pasajes que hemos visto nos invitan a que haya otro cuerpo más sobre ese altar de adoración a Dios, el nuestro. Se nos invita a entregar nuestro cuerpo, toda nuestra existencia por completo, como una ofrenda de adoración a Dios, pero no se entrega para el perdón de pecados, no es una ofrenda de expiación, esa ya está puesta (Hebreos 10:12), esa ofrenda es la de Cristo, sino que se nos invita a que sobre ese altar se entregue todo nuestro cuerpo, toda nuestra vida a Dios como una ofrenda de gratitud, de consagración, en respuesta a las misericordias de Dios. En gratitud ofrecemos/entregamos toda nuestra vida al Señor para vivir para Él, para adorarle con toda nuestra vida, en espíritu y en verdad.
Vamos a ver cómo está figurado este tipo de entrega y relación entre el sacrificio de Cristo y el nuestro a través de algunos pasajes del Antiguo Testamento:
1. Ministerio sacerdotal:
Esto es lo que les harás para consagrarlos para que me sirvan como sacerdotes: toma un novillo y dos carneros sin defecto… Éxodo 29:1 LBLA
Cuando se consagraron Aaron y sus hijos como sacerdotes, Dios ordenó hacer tres sacrificios: un novillo y dos carneros. El primero, el novillo, era una ofrenda por el pecado (Ex. 29:14), el segundo, uno de los carneros era un holocausto (se quema todo, hasta consumirse por completo), una ofrenda encendida, aroma agradable al Señor (Ex. 29:18) y el tercero, el otro carnero, era una ofrenda de consagración (Ex. 29:22), de plenitud (entrega total, completa), de ser apartados completamente, consagrados, para el servicio a Dios como sacerdotes.
En nuestro caso, en el Nuevo Pacto, Jesucristo nos hizo reyes y sacerdotes para Dios Su Padre (1 Pedro 2:9, Ap.5:9-10). Dios nos limpió de nuestros pecados, nos perdonó, por medio del sacrificio de Cristo, quien es nuestra ofrenda por el pecado. Cristo representaría el primer sacrificio. El segundo y tercer sacrificio, podrían representarnos a nosotros, el primer carnero representaría nuestra participación en el sacrificio de Cristo, ofrecidos en holocausto, muriendo juntamente con Él, muriendo a nosotros mismos, (Mateo 16:24) y el otro carnero representaría nuestra vida de resurrección, que se vive como sacrificio vivo, una nueva vida consagrada a Él, para el servicio de Él.
Cada vez que por el poder del Espíritu Santo, nos negamos a nosotros mismos, muriendo a nuestro ego y entregamos nuestra vida a Dios, dejándonos dirigir por Él para hacer Su voluntad, para amar como Él amó, consagrados a Él, somos una ofrenda encendida, aroma agradable a Dios y una ofrenda de consagración.
A esto se refería Jesús cuando dijo:
Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad. Juan 4:23-24 LBLA
Cristo nos limpia y consagra para Dios, para que podamos servirle como sus sacerdotes del Nuevo Pacto:
Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?Hebreos 9:13-14 RVR1960
Esto es lo que hacen los sacerdotes, para eso son consagrados, ése es su oficio, servir a Dios.
Ofrendas sobre el altar
Aquí estoy,
Ya morí,
Morí a mis planes,
Morí a mis formas,
Morí a mis metas,
Simplemente ya no estoy yo,
Porque ya morí,
Ya dejé de existir.
Si yo no existo,
No hay planes,
No hay barreras,
No hay objeciones,
No hay condiciones,
No hay nada mío,
Nada que pueda aportar,
Ni nada que pueda frenar tu obrar,
Porque simplemente ya no existe.
Ya no vivo para mí,
Porque vivir para mí,
Es vivir para un muerto.
Ahora vivo para agradar al Padre,
Ese es mi culto racional,
Toda mi vida es entregada a Él
En gratitud.
Allí está la cruz del Calvario,
Ese es el altar,
Allí Tu cuerpo yace molido y entregado por mis pecados,
Allí yace mi cuerpo molido y entregado en gratitud a Tí.
Tú resucitaste por el poder del Padre,
Yo junto contigo he resucitado también por el poder del Padre,
Resucitado a una nueva vida que vive solo para el Padre,
Que se deja dirigir y guiar por Tí.
Me compraste con Tú sangre,
Eres el Dueño de toda mi existencia,
Eres el Dueño de mí.
Allí en ese Calvario nos encontramos
Y allí estamos los dos clavados,
Tú estás clavado para el perdón de mis pecados,
Yo estoy clavada en gratitud a Tí.
Allí junto a Tí clavados en sacrificio vivo,
Dejamos de vivir para nosotros mismos
Y vivimos sólo para Tí,
Entregamos toda nuestra vida
Para servirte y adorarte solo a Tí.
Todo propósito egocentrista sencillamente dejó de existir,
Porque todo es entregado
Para el servicio a Tí,
Para Tú fin y Tú propósito,
Es entregada toda mi vida
Sólo para Tí.
Mi cuerpo allí clavado junto a Tí,
Manos y pies horadados,
Costado traspasado,
Toda mi carne,
con sus intensos deseos y pasiones,
pensamientos, intenciones y emociones,
sacrificados en absoluta confianza a Tí.
Eso es morir contigo,
eso es morir junto a Tí,
para así dejarme dirigir
no por lo que yo pienso, siento y quiero,
sino vivir dirigida solo por Tí.
Ya no me hago caso a mí misma
sino al Espíritu Santo
para vivir dirigida solo por Tí.
Los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Gálatas 5:24 LBLA.
Los que han sido comprados por Cristo, pertenecen a Él, por lo que ya no viven para satisfacer sus pasiones y deseos, sino que viven para agradar a Dios, guiados por el Espíritu Santo.
Y esto lo hacen en respuesta al entendimiento de la inmensa misericordia de Dios que les ha perdonado y dado una nueva vida por medio del sacrificio de Cristo.
2. El holocausto continuo y las ofrendas de paz
«Manda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo. Y les dirás: Esta es la ofrenda encendida que ofreceréis a Jehová: dos corderos sin tacha de un año, cada día, será el holocausto continuo. Un cordero ofrecerás por la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde; y la décima parte de un efa de flor de harina, amasada con un cuarto de un hin de aceite de olivas machacadas, en ofrenda. Es holocausto continuo, que fue ordenado en el monte Sinaí para olor grato, ofrenda encendida a Jehová. Y su libación, la cuarta parte de un hin con cada cordero; derramarás libación de vino superior ante Jehová en el santuario. Y ofrecerás el segundo cordero a la caída de la tarde; conforme a la ofrenda de la mañana y conforme a su libación ofrecerás, ofrenda encendida en olor grato a Jehová.»
Números 28:2-8 RVR1960
Un holocausto es «un sacrificio religioso en el que se quemaba a la víctima completamente» (RAE), entonces ofrecer un holocausto no es simplemente matarlo, es que se quema por completo, se consume todo el sacrificio.
En el Antiguo Pacto, el holocausto continuo se ofrecía todos los días, continuamente estaba ardiendo, de día y de noche (un cordero por la mañana, otro cordero al atardecer) Este sacrificio entiendo era expiatorio y de adoración, santificaba el tabernáculo, el altar y sus sacerdotes para que el Señor pudiera habitar continuamente con ellos allí. (Éxodo 29:38-46). Era una ofrenda encendida continuamente, de aroma agradable al Señor (Números 28:3-6).
En el Nuevo Pacto, nuestro holocausto continuo, que se entregó por completo por nosotros, para que podamos tener comunión permanente con Dios es el Señor Jesucristo.
Pero además de este holocausto continuo, había otros sacrificios que se quemaban encima de este:
«Y del sacrificio de las ofrendas de paz presentará una ofrenda encendida al Señor: la grasa que cubre las entrañas y toda la grasa que hay sobre las entrañas, los dos riñones con la grasa que está sobre ellos y sobre los lomos, y el lóbulo del hígado, que quitará con los riñones. Y los hijos de Aarón lo quemarán en el altar, sobre el holocausto que está sobre la leña en el fuego; es una ofrenda encendida de aroma agradable para el Señor.»
Levítico 3:3-5 LBLA
Las ofrendas de paz se ofrecían sobre el altar donde se ofrecía el holocausto, es decir primero se ofrecía el holocausto y sobre este sacrificio se ponían luego las ofrendas de paz. (Levítico 3:1-5, 6:12-13).
Comentario de la Biblia de estudio LBLA sobre Lev 3: ofrendas de paz: «Heb.shelamim; singular shelem, relacionada con shalom (paz, bienestar, integridad). La ofrenda de paz era la única ofrenda que era comida en parte por el adorador. Podía ser ofrecida en acción de gracias (7:11-15), como ofrenda voluntaria, o en cumplimiento de un voto (7:16-18; 22:18-25). Mediante la ceremonia, el adorador experimentaba compañerismo con Dios y con el sacerdote, así como también con los miembros de su familia y los huéspedes».
Nosotros somos ahora las ofrendas de paz, de gratitud. Nos ofrecemos a Dios y por amor a Él, también nos ofrecemos a los demás:
«Por lo tanto, por medio de Jesús, ofrezcamos un sacrificio continuo de alabanza a Dios, mediante el cual proclamamos nuestra lealtad a su nombre. Y no se olviden de hacer el bien ni de compartir lo que tienen con quienes pasan necesidad. Estos son los sacrificios que le agradan a Dios.»
Hebreos 13:15-16 NTV
Corderos
Arrodillada, atada de manos y pies, sobre el altar, en tu presencia, en tu fuego, siguiendo tu ejemplo, rendida, sin rechistar, voluntariamente presente, sin protestar.
Ya fue tu turno, ya estás consumido por completo, sobre tus cenizas me pongo yo o me pones tú, no lo sé quién me pone pero ahí estoy, me ofrezco a ti y de ti a los demás, así, rendida, postrada, sometida a ti y por ti.
No hay nadie más, no hay otra razón, simplemente de ti quiero participar y contigo quiero estar, los otros se benefician pero no son la razón principal, la razón principal eres Tú y tú voluntad, estar contigo es mi mejor lugar.
El fuego se mantendrá encendido sobre el altar; no se apagará, sino que el sacerdote quemará leña en él todas las mañanas, y pondrá sobre él el holocausto (Cristo), y quemará sobre él la grasa de las ofrendas de paz (Nosotros). El fuego se mantendrá encendido continuamente en el altar; no se apagará. Levítico 6:12-13 LBLA
Ese es el fuego que nos une con Cristo, el fuego del amor:
Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma. Efesios 5:1-2 LBLA
Porque fragante aroma de Cristo somos para Dios entre los que se salvan y entre los que se pierden… 2 Corintios 2:15 LBLA
Sin poder alguno por nosotros mismos, solo dependiendo de Cristo.
Ya no vivo yo,
Yo ya morí,
Soy libre de mí
Y ahora vivo
Solo para Ti.
«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.»
Gálatas 2:20 RVR1960
Pidamos a Dios poder entender Su gran amor y misericordia mostrada a nosotros por medio del sacrificio de Cristo, para que así, con inmensa gratitud, estemos dispuestos a adorarle así, como Él busca que se le adore, en espíritu y en verdad.







Deja un comentario