El propósito de este artículo es compartir mi propia experiencia y lo que he aprendido acerca de la soberbia, orgullo o arrogancia. Lo que pienso acerca de la soberbia en mi vida es similar a la idea que expresa el apóstol Pablo cuando escribió lo siguiente:
‘Esto es verdad, y todos deben creerlo: Jesucristo vino a este mundo para salvar a los pecadores del castigo que merecen, ¡y yo soy el peor pecador de todos! Pero Dios fue bueno y me salvó. Así demostró la gran paciencia que Jesucristo tuvo conmigo. Lo hizo para que otros sigan mi ejemplo, y confíen en Cristo para tener vida eterna. ‘ 1 Timoteo 1:15 TLA
Mi intención es que a través de lo que comparto a continuación, puedas reflexionar sobre las posibles manifestaciones del orgullo o soberbia en tu propia vida y sus efectos, antes que señalar la arrogancia de otros y que podamos ver la necesidad de ser salvados de nuestros propios pecados antes que juzgar o condenar los errores de los demás.
En mayo de 2020, finalizando la primera ola de la pandemia de COVID-19, tuve un día de trabajo especialmente difícil en el centro de salud donde me desempeñaba por aquel entonces. Ese día actúo como detonante de todo lo que llevaba viviendo a nivel personal y laboral desde incluso antes de la pandemia, pero que visto en retrospectiva, fueron una serie de experiencias vividas que Dios usó para despertarme, inquietarme y hacerme pensar acerca de la temporalidad, la vanidad de la vida, el egoísmo y el sufrimiento, pero también sobre el problema del orgullo, incredulidad e idolatría en mi vida.
Así que a raíz de ese día y temporada complicada y el malestar emocional que experimentaba, busqué ayuda, y mientras conversaba con una amiga y mentora acerca de esas experiencias, en especial como médica ayudando a distintas personas en medio de la primera ola y siendo testigo de tanto dolor y sufrimiento, ella llamó mi atención hacia el problema del orgullo vs. la humildad en el ejercicio profesional. No me esperaba esto porque en mi contexto de profesional de primera línea en la pandemia, me esperaba unas palabras más de consuelo y ánimo que de exhortación, pero por otro lado, sabía que ya llevaba Dios un tiempo hablándome de esto, tanto que incluso había comprado un libro sobre el tema1 , pero no había podido casi leerlo porque me costaba mucho entenderlo o una parte de mí no quería entenderlo.
Así que a raíz de esto, me tomé más en serio el transitar por este camino que Dios me quería hacer entender y andar y del cual aun sigo aprendiendo y caminando.
‘Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti. No seas como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento; cuyos arreos incluyen brida y freno para sujetarlos, porque si no, no se acercan a ti.’ Salmo 32:8-9 LBLA
En esos momentos, no entendí muy bien cómo el trabajar la humildad podría ayudarme a transitar por esa temporada profesional y personalmente difícil, pero ahora creo que lo entiendo. Cuando las cosas salen bien, la soberbia te hace sentir que «gracias a ti» las cosas han salido bien, te hace colocarte la medalla, recibir aplausos y creerte mejor que los demás. Pero cuando algo sale mal, esa misma soberbia o no te deja reconocer el error o te hunde, porque te hace sentir que «por tu culpa» las cosas han salido mal y te condena y destruye. También la soberbia nos hace sentir que todo es nuestra responsabilidad, que tú eres el salvador, de quién depende todo y quién debe saberlo todo, lo cual coloca una carga muy grande sobre tus hombros y te llena de ansiedad y de temor a equivocarte.
Hace un par de años tuve la oportunidad de compartir sobre este asunto de la soberbia y lo que Dios me mostró al respecto en mi propia vida en una conferencia, así que si lo prefieres, en vez de leer o además de leer, puedes escucharme en el siguiente vídeo:
Mi trasfondo
Para comenzar me gustaría hablarte un poco sobre mi trasfondo: nací en Colombia en el seno de una familia de misioneros. Mis padres le entregaron su vida al Señor Jesús cuando eran solteros. Se conocieron en la Iglesia, se enamoraron y se casaron, formando un hogar con principios cristianos. A mi papá Dios le ha usado para abrir y dirigir varias congregaciones en Colombia y en España. Mi mamá es abogada, especializada en derecho de familia, que dejó sus aspiraciones profesionales por servir a Cristo y por su hogar. Así que tuve el privilegio y la bendición de ser criada por unos padres maravillosos, con principios cristianos.
Desde pequeña me destaqué en el área académica, se me daba realmente bien y sin mucho esfuerzo. Mis padres, en especial mi madre, me inculcaron el amor por el aprendizaje, así que en realidad no fue ni es un sufrimiento estudiar, disfruto aprendiendo cosas nuevas. Estudié medicina en la Universidad Nacional de Colombia, me gradúe en 2003, trabajé unos tres años en Colombia y posteriormente emigré a España donde me especialicé en Medicina Familiar y Comunitaria y desde entonces ejerzo esta profesión aquí en Madrid.
El conocimiento envanece
El problema de mi amor por el aprendizaje y el conocimiento es que también me llevó a disfrutar el saber más que los demás. Dice la Biblia que “el conocimiento envanece, el amor edifica” (1 Corintios 8:1), doy fe de que eso es cierto. Además el conocimiento, el saber algo muy valioso, se convirtió en mi fuente de identidad y autoestima, la forma como aprendí a tener éxito en el mundo, seguridad, importancia y aceptación. La sociedad aplaude a personas como yo. Aunque económicamente los médicos tal vez no tengamos tanto éxito como otras profesiones, podemos aspirar a un buen nivel de vida y socialmente gozamos en general de buena reputación. Todo el mundo sabe que estudiamos mucho y que no cualquiera estudia esta profesión, además ¿quién no necesita de un médico alguna vez en su vida?, la medicina es una profesión muy conocida, todos hemos usado sus servicios alguna vez. El sentirte necesitado te hace sentir valioso, y la sociedad hasta estuvo un año aplaudiendo nuestros esfuerzos desde su balcón.
Pero, ¿qué piensa Dios?
Un día me lo mostró leyendo Ezequiel 28, la profecía contra Tiro. Tiro era la ciudad más importante de los Fenicios. Los Fenicios son admirados por muchas cosas: Inventaron el alfabeto, fueron grandes navegantes (les debemos adelantos como la orientación astronómica y el desarrollo de la arquitectura naval), colaboraron en la construcción del templo de Salomón en Jerusalén, fundaron el comercio marítimo y establecieron muchas ciudades por el mediterráneo, fueron grandes artesanos y también comercializaron la púrpura, símbolo de reyes y emperadores. Si lees sobre ellos, encontrarás que fueron y aún hoy son muy admirados. Pero, ¿qué opinó Dios de ellos?, esto dijo a través del profeta Ezequiel:
Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: «Así dice el Señor Dios: “Aun cuando tu corazón se ha enaltecido y has dicho: ‘Un dios soy, sentado estoy en el trono de los dioses, en el corazón de los mares’, no eres más que un hombre y no Dios, aunque hayas igualado tu corazón al corazón de Dios. He aquí, tú eres más sabio que Daniel; ningún secreto te es oculto. Con tu sabiduría y tu entendimiento has adquirido riquezas para ti, y has adquirido oro y plata para tus tesoros. Con tu gran sabiduría, con tu comercio, has aumentado tus riquezas, y se ha enaltecido tu corazón a causa de tus riquezas. Por lo cual, así dice el Señor Dios: ‘Por cuanto has igualado tu corazón al corazón de Dios, por tanto, he aquí, traeré sobre ti extranjeros, los más crueles de entre las naciones. Y ellos desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría y profanarán tu esplendor. Te harán bajar al sepulcro, y morirás con la muerte de los que mueren en el corazón de los mares. ¿Dirás aun: “Un dios soy”, en presencia de tu verdugo, tú que eres un hombre y no Dios, en manos de los que te hieren? Con la muerte de los incircuncisos morirás a manos de extraños, porque yo he hablado’ —declara el Señor Dios” ». Ezequiel 28:1-10 LBLA
Contrariamente a la opinión del mundo, en este pasaje de Ezequiel Dios los juzga y profetiza su destrucción porque:
- Su corazón se ha enaltecido.
- Ha dicho “un dios soy”.
- Se cree muy sabio. Es un sabelotodo.
- Fruto de la sabiduría se ha hecho rico.
- La riqueza/prosperidad lo ha enaltecido.
Lo peor para mí no fue que Dios me mostrara que me estaba portando como Tiro sino quién estaba detrás de esas sensaciones. Continuemos leyendo Ezequiel 28 del 11 al 19, donde se da un mensaje al rey de Tiro (el anterior mensaje era para el “príncipe” de Tiro, este es para el “rey” de Tiro):
Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Hijo de hombre, eleva una elegía sobre el rey de Tiro y dile: «Así dice el Señor Dios: “Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría y perfecto en hermosura. ”En el Edén estabas, en el huerto de Dios; toda piedra preciosa era tu vestidura: el rubí, el topacio y el diamante, el berilo, el ónice y el jaspe, el zafiro, la turquesa y la esmeralda; y el oro, la hechura de tus engastes y de tus encajes, estaba en ti. El día que fuiste creado fueron preparados. Tú, querubín protector de alas desplegadas, yo te puse allí. Estabas en el santo monte de Dios, andabas en medio de las piedras de fuego. Perfecto eras en tus caminos desde el día que fuiste creado hasta que la iniquidad se halló en ti. A causa de la abundancia de tu comercio te llenaste de violencia, y pecaste; yo, pues, te he expulsado por profano del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura; corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor. Te arrojé en tierra, te puse delante de los reyes, para que vieran en ti un ejemplo. Por la multitud de tus iniquidades, por la injusticia de tu comercio, profanaste tus santuarios. Y yo he sacado fuego de en medio de ti, que te ha consumido; y te he reducido a ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. Todos los que entre los pueblos te conocen están asombrados de ti; te has convertido en terrores, y ya no serás más”». Ezequiel 28:11-19 LBLA
En este pasaje vemos que el rey de Tiro:
- Era muy sabio.
- Era hermoso.
- No era un ser humano.
- Era un ser creado.
- Era un querubín (ángel con alas).
- Era perfecto hasta que entró en él la maldad.
- Se enalteció su corazón.
- Se corrompió su sabiduría.
- Cometió multitud de iniquidades.
- Fue injusto en sus actividades comerciales.
- Fue irrespetuoso con lo sagrado.
Como vemos se mezclan aspectos del gobierno de Tiro terrenal con un ser espiritual. Los cristianos en general aceptamos en esta descripción una descripción de Satanás, el mayor adversario de Dios. La idea que nos transmite el pasaje es que detrás del gobierno terrenal de Tiro había un gobierno espiritual. Detrás de la altivez producida por esa sabiduría y riqueza estaba Satanás. Cuando entendí esto, comprendí por primera vez en mi vida que detrás de ese orgullo producido por el conocimiento no estaba otro sino Satanás y que el dejarme llevar por eso me convertía en una discípula de Satanás y que por eso, estaba claro que merecía el infierno.
Esto fue muy significativo para mí, porque al crecer en un hogar cristiano y haber recibido a Cristo desde pequeña y una buena formación moral, pues gracias a Dios no había cometido «grandes pecados», según pensaba yo. En general había sido obediente y llevado una buena vida, me sentía sinceramente muy buena, como el joven rico con el que habló Jesús en una ocasión. Me creía sincera pero ingenuamente «mejor que los demás», aunque intelectualmente o teológicamente sabía que no lo era. Esto hacía que fuera difícil para mí entender o experimentar la gracia de Dios. Cuando me vi retratada e identificada en la historia de Tiro, pude milagrosamente entender la gravedad de mi pecado que me colocaba directamente al mismo nivel del diablo, en su club exclusivo, cometiendo su mismo pecado, en su juego y en su trampa. Entender esto fue liberador y fue salir de un gran engaño.
La soberbia y sus consecuencias vienen de Satanás, lo triste es que la habilidad viene de Dios. Lo triste es creerme dios cuando en realidad esa habilidad me la han dado.
Y también al revés cuando te quejas de tus habilidades, que piensas que no son tan buenas como las de los demás o no son las que te gustaría tener, estás renegando de Dios, de que Él se ha equivocado.
El pecado de la soberbia es el pecado de Satanás y es el pecado en el que hizo y hace caer a la humanidad. Y es que es la raíz de muchos otros pecados (por ejemplo, te lleva a humillar a los demás, al prejuicio, a los conflictos, a la violencia, a la injusticia, a la venganza, a la agresión). El culpable del sufrimiento en el mundo es el orgullo, el culpable de que queramos estar los unos por encima de los otros.
¿Qué es la soberbia?
La altivez de corazón o soberbia u orgullo:
- Es la inclinación de nuestro corazón a buscar ser más grande de lo que es. Es el deseo de elevarse a un estado superior. Busca estar por encima de los demás. Es un deseo que te impulsa a compararte con los demás y a verte más grande que ellos, y el ser mejor que los demás te hace sentir bien. La altivez o soberbia va de la mano con el menosprecio: yo me siento grande, yo menosprecio.
- La altivez se alaba a sí mismo (“un dios soy”). Básicamente busca su bienestar y éxito, es su motivación en la vida. Busca ser también un dios porque busca la alabanza y adoración para él mismo. Si recibo adoración, alabanza, reconocimiento, me siento bien. Alabar algo es engrandecerlo, es reconocer lo que ha hecho y hacerlo grande, y tu ego se satisface temporalmente con eso. Tenemos una necesidad de reconocimiento, de aprecio y la buscamos satisfacer con nuestros logros y éxitos.
- Busca la sensación de estar saciado, de ser rico. Hay un deseo en nuestro corazón de no tener carencias, necesidades. Eso nos impulsa a buscar fuentes de riqueza, de provisión y seguridad en el mundo. Si sentimos que no lo tenemos, lo buscamos. “Porque dices: ‘Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad’; y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo…” Apocalipsis 3:17 LBLA
En el fondo de todo esto hay un deseo de subir y llegar por nosotros mismos, a un lugar de preeminencia, de grandeza, del cual caímos. El fondo del corazón de cada ser humano dice: “estoy abajo y eso no se siente bien, quiero estar arriba, allí se está mejor, allí se está más seguro, allí tendré todo lo necesario, allí seré feliz”.
Errantes y hábiles, pero soberbios.
Vamos a ir a Génesis 4, del 16 al 24. Génesis nos lleva al principio de la historia humana según la narrativa bíblica. En estos versículos del capítulo 4, está descrita la historia de Caín, el primer hijo de Adán y Eva, después de matar a su hermano Abel y recibir el castigo de Dios que maldijo su productividad y le desterró de su presencia. Esto nos cuenta la Biblia acerca de qué pasó con Caín y sus descendientes:
Y salió Caín de la presencia del Señor, y se estableció en la tierra de Nod, al oriente del Edén. Y conoció Caín a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad y la llamó Enoc, como el nombre de su hijo. A Enoc le nació Irad, Irad engendró a Mehujael, Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec. Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de una era Ada, y el nombre de la otra, Zila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y tienen ganado. Su hermano se llamaba Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan la lira y la flauta. Y Zila a su vez dio a luz a Tubal-caín, forjador de todo utensilio de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín era Naama. Y Lamec dijo a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, prestad oído a mis palabras, pues he dado muerte a un hombre por haberme herido, y a un muchacho por haberme pegado. Si siete veces es vengado Caín, entonces Lamec lo será setenta veces siete. Génesis 4:16-24 LBLA
Se nos dice que Caín salió de la presencia de Dios y se estableció en la tierra de Nod, Nod quiere decir “errante”. Todos los seres humanos somos errantes porque nos hemos ido de nuestra casa, nuestra casa es Dios.
En este relato vemos que Caín y sus descendientes:
- Edificaron ciudades.
- Iniciaron la poligamia.
- Domesticaron animales.
- Inventaron instrumentos musicales y utensilios de metales.
- Fueron violentos.
Hablando sobre las avances que realizaron los descendientes de Caín, dice lo siguiente en un comentario: “Todas estas actividades representaban por un lado grandes contribuciones para la humanidad, pero las mismas artes, que crean herramientas para la agricultura y la construcción, pueden también crear armas para tiranos que piensan que por sus propios esfuerzos pueden escapar de la maldición del juicio de Dios”. (Comentario de la Biblia de Las Américas Edición de Estudio).
Dios dio al ser humano grandes capacidades. Todos tenemos talentos y habilidades dadas por Dios. Esas habilidades fueron dadas con el fin de servir a los propósitos de Dios declarados en Génesis 1: 28 al crear a los seres humanos (llenad la tierra y sojuzgadla, ejercer dominio sobre los seres vivos, fructificar). Fueron dadas con el fin de servir a los demás motivados por el amor y bajo la dirección sabia y amorosa de Dios.
La soberbia coge las habilidades que Dios nos ha dado y las usa para buscar volver al lugar de exaltación que teníamos con Dios cuando nos creó, nos lleva a usarlas para auto-exaltarnos.
Dios no nos ha dado las mismas habilidades a todos, pero sí ha hecho lo posible para restaurar la relación con cada uno de nosotros por medio de su Hijo Jesucristo. Fuimos creados para encontrar nuestro valor, identidad y seguridad en Dios. Dios no quiere que nuestro valor lo saquemos de nuestras habilidades sino de nuestra relación con Él. Buscarlo en nuestros dones y talentos, en lo que hacemos o en cualquier otra cosa, nunca conseguirá devolvernos el valor que perdimos al desprendernos de Dios. Todos somos las ovejas perdidas, el hijo perdido de Dios y fuera de Él nunca encontraremos nuestro valor, hagamos lo que hagamos. (Isaías 53:6, Lucas 15, 1 Pedro 2:25).
Dios nos ha dado a todos habilidades y talentos, que quiere que los usemos con amor para servir a los demás y agradarle a Él, para hacer Su voluntad, que es buena, agradable y perfecta, no para auto satisfacernos. Él es la única agua que calma la sed de forma permanente, el único que da vida eterna, que es tener toda esa sed de nuestro interior saciada. Pero nosotros buscamos saciar nuestras necesidades y deseos de la forma que nos parece, que nos han enseñado, que nos muestra el sistema del mundo e inevitablemente caemos en el orgullo, basando nuestro valor en lo que hacemos o vamos a hacer, queriendo ser superiores a los demás, porque cuando soy superior a los demás consigo sentirme bien y aun en el caso de que no nos sintamos que lo somos (superiores), en el fondo queremos serlo o nos gustaría serlo y lo buscamos. No es solo el sentirnos «ricos» por nuestros propios medios, sino el querer serlo y ambicionarlo, es soberbia/orgullo.
La sociedad en general aplaude el orgullo, la auto confianza, el superarte, pero tapa o minimiza el daño que podemos llegar a hacernos a nosotros mismos y a los demás en nuestra carrera incesante hacia arriba.
Cómo se manifiesta la soberbia
En mi caso, la soberbia me llevó a estar siempre buscando retos, actividades, logros que alimentaran mi autoestima al conseguirlo. Cosas buenas todas, llámalo casarte, formar un hogar, dar lactancia materna, especializarte, hacer un proyecto de investigación, hacer un diagnóstico difícil y luego publicar el caso clínico, organizar un retiro de la iglesia, un curso, etc. Todo lo que el mundo tanto secular como religioso me pidiera para darme su aplauso. Lo malo no eran las actividades en sí, sino mis motivaciones y las formas cómo las hacía, ¿cómo se veía el orgullo?:
- Me llevaba a creer que lo sabía todo y menospreciaba las opiniones de los demás o me irritaba cuando alguien ponía en tela de juicio mis opiniones, habilidades o conocimientos, causando por ejemplo discusiones con los pacientes. El orgullo genera peleas y conflictos: si cada uno quiere hacer lo que quiere para ser grande, para tener el lugar «que merece», si cada uno quiere ser más grande que el otro, inevitablemente van a haber conflictos, porque los deseos de unos chocan con los de los otros.
- Un deseo de estar siempre “rindiendo”, “dando la talla”, esto genera estrés y te vas sintiendo cansada. Aunque temporalmente conseguir algo te da satisfacción, esa sensación dura poco y ya tienes que ir a buscar la siguiente actividad interesante. El problema es que además te das cuenta de que no puedes ser tan buena en todo como quisieras. Es muy difícil ser a la misma vez excelente profesional, buena madre y buena cristiana, pero claro, sin olvidarse de ser buena hija, buena amiga, buena ciudadana, en fin, es agotador querer ser excelente en todo. Vas cumpliendo años y te vas dando cuenta de que aunque te gustaría ser la mejor ya no das el mismo nivel, ya tienes otras ocupaciones además de tu profesión y que hay otros más jóvenes y/o más entregados, con ese vigor y ese tiempo que tú tenías a su edad.
- Conseguía rendir y dar la talla pero a costa de dolores de cabeza y de espalda, falta de descanso, insomnio, síntomas físicos de la tensión, el estrés al que nos lleva nuestro propio orgullo.
- También usaba métodos de organización que me permitieran tener el control de tantas cosas a la vez, una vida con la que lograba sentirme bien y ser “exitosa” pero con mucho estrés. El orgullo te lleva a la auto exigencia y a un deseo de llegar a un nivel de rendimiento que con frecuencia supera tu propia capacidad pero que te cuesta reconocer. La soberbia te hace creer dios, y los dioses no tienen límites.
- Todo esto me llevaba a experimentar falta de paz, inquietud y ansiedad.
Planes, soberbia y frustración
El orgullo o soberbia también nos lleva a idear planes, metas y sueños, en vez de consultarle al Dios que nos creó qué quiere hacer con nuestras vidas y dejarnos moldear por sus manos. Creemos que nuestros planes son mejores que los de Dios, o nos engañamos creyendo que vienen de Dios, cuando en realidad vienen de nuestro dios llamado ego y nos sentimos frustrados cuando las circunstancias u otras personas nos impiden cumplir esos maravillosos planes que habíamos hecho. O pueden que vengan de Dios pero no en la forma como nuestro ego quiere que se desarrollen o no en el tiempo que nosotros queremos.
Dijo la vírgen María en el Magnificat alabando a Dios: “Hizo proezas con su brazo; Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones”. Lucas 1:51 RVR1960. Quiere decir que a aquellos que son orgullosos en los planes y pensamientos que idearon en su corazón, Dios los esparció, los dispersó, los destruyó. El orgullo nos impide ver que los planes y pensamientos de Dios son mejores que los nuestros (Jeremías 29:11-13 LBLA, Isaías 55:7-9 LBLA).
Por ejemplo, yo soñaba con que aunque viviera en España, pudiera hacer misiones médicas cortas a África u otros sitios. Este plan se vio cada vez más lejano tras casarme y tener tres hijos. En cierta forma veía a mi familia como un obstáculo para alcanzar ese sueño, ese plan. Una vez tuve la impresión de que el Señor me dijo: “¿Soy de verdad suficiente para ti Viviana? aunque no hagas nada grande, aunque el mundo nunca se entere de tu existencia, aunque simplemente tengas un trabajo, y seas esposa y madre, ¿soy de verdad suficiente?¿se sacia tu ambición con eso? ¿con mi presencia? Si es lo único que te pido ¿te conformarás con eso? ¿o seguirás pensando en hacer algo grande para mí y sintiéndote frustrada por no hacerlo?¿y si la gran obra es solo ayudar y acompañar a tu esposo y a tus hijos en su caminar conmigo y ser ejemplo para ellos de un carácter transformado por mí?¿y si la gran obra es simplemente que donde sea que yo te ponga muestres mi amor aunque nadie se entere que soy yo?”. El Señor me hizo ver que mi esposo y mis hijos son sencillamente el plan de Dios para mí, para servirle a Él, para verle actuar en ellos y a través de mí. Tuve que pedir perdón al Señor por ver a mi esposo y a mis hijos como un obstáculo para servirle cuando en realidad era donde Él quería que yo le sirviera. Así como con nuestros talentos y habilidades, nos engañamos a nosotros mismos cuando creemos que el alcanzar planes, metas y sueños nos va a traer paz y felicidad.
La soberbia produce malas intenciones en el corazón
El orgullo además, tuerce nuestro corazón, lo desvía, incluso en nuestra relación con Dios hace que queramos manipularlo para que nos ayude a cumplir nuestros planes, aspiraciones y deseos. Esto fue lo que hizo Simón, un mago muy admirado en Samaria, en la época de los primeros cristianos, que aunque creyó en el Señor Jesucristo, cometió un error que se nos narra en Hechos 8:
Cuando Simón vio que el Espíritu se daba por la imposición de las manos de los apóstoles, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí esta autoridad, de manera que todo aquel sobre quien ponga mis manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero. No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Hechos 8:18-21 LBLA
Lo que Pedro quiso mostrar a Simón al decirle que su corazón no era recto delante de Dios, es que no era leal a Dios. Le era infiel a Dios con su amor a sí mismo. Quería usar a Dios, al Espíritu Santo, para su propio bienestar e interés personal. Y el Señor me lo mostró también a mí, que yo quería usar al Espíritu Santo para saciar mis ambiciones y sed de mi ego, para hacerme grande a mí.
Lo contrario a tener un corazón desleal es tener uno leal, uno que solo tiene un Dueño y un interés que es Dios. Ama, confía y por lo tanto obedece a un solo Dios, solo al Señor. Mi confianza en Cristo se traduce en lealtad a Él, confiar sólo en Él y no en el dinero, ni otras cosas, ni en mí mismo. Como confío sólo en Él, busco estar sólo con Él y descansar sólo en Él para darme vida y sentido de vida, sólo Él se convierte en mi definición de éxito, de vida plena: estar con Él es estar bien. El reposo, la plenitud, no vienen de cumplir planes sino de confiar como un niño en Dios, como la fuente que satisface todas nuestras necesidades y nos calma (Salmo 131).
' Señor , mi corazón no es orgulloso ni son altivos mis ojos; no busco grandezas desmedidas ni proezas que excedan a mis fuerzas. Todo lo contrario: he calmado y aquietado mis ansias. Soy como un niño recién amamantado en el regazo de su madre. ¡Sí, como un niño recién amamantado soy! Israel, pon tu esperanza en el Señor desde ahora y para siempre.'
Salmo 131
Otras manifestaciones de la soberbia
Otra cosa que hace la soberbia es que nos hace sentir mal cuando no se nos tiene en cuenta o no se nos valora en algo de lo que creemos que sabemos, tenemos experiencia o nos gusta. ¿Por qué a él o ella y a mí no?. Por ejemplo en la iglesia o tu trabajo están organizando algo y escogen a otro como encargado y no a ti. Por una parte hay envidia, pero en el fondo está el orgullo de que tú crees que sabes más o que lo harías mejor que el otro, a tus ojos te ves merecedor de eso más que el otro.
El orgullo también nos hace sentir siempre inseguros, porque en cualquier momento otro puede llegar a ser mejor que nosotros. Cuando buscamos la seguridad de nuestra vida en nosotros mismos, en lo bueno que somos, en ser mejores que los otros, es decir, en la soberbia, siempre estamos aparentando para que los demás no vean nuestros puntos débiles. Esto nos produce relaciones superficiales, nos da miedo abrirnos, estamos inseguros, porque si ven nuestras debilidades, ya no somos superiores y si no somos superiores no nos sentimos bien. Esto en mi caso hacía que me sintiera incómoda y tensa en ciertas situaciones sociales, terminaba hablando del clima o con mutismo, evadiendo temas más profundos, por ejemplo no hablaba mucho de mi fe. En vez de estar pensando en cómo puedo ayudar a alguien, en el fondo había un temor al hombre, un “¿qué estarán pensando de mí?, no digas esto, no hagas esto”, bienvenido nuevamente el estrés.
Así que en el fondo estamos aislados, sin amor, porque sentimos que nos quieren por lo que hacemos, no por lo que somos, si supieran quienes somos, tal vez ya no nos querrían, por eso nos tapamos unos a otros.
Como conclusión podemos ver que el orgullo es una cárcel, preciosa cárcel adornada que nos deja aislados, disgustados, estresados y solos. No nos permite experimentar el genuino amor de Dios ni el de los demás.
La soberbia nos aleja de Dios
La peor consecuencia que tiene el orgullo es que nos aleja de Dios, la vida eterna (Juan 17:3).
Porque el Señor es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo conoce de lejos. Salmo 138:6 LBLA.
Cómo ser libres de la soberbia
Pidámosle al Señor que nos muestre toda raíz de orgullo en nuestra vida, cómo se manifiesta y el daño que ha hecho a nosotros y a los que nos rodean, y pidámosle que haga en nosotros lo necesario para librarnos de este enemigo que habita en nuestro ser. Te comparto la oración que hice mía y suelo hacer para pedirle a Dios que me muestre y libre de mi propia soberbia, fue escrita hace muchos años, por el rey David:
¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Salmos 19:12-13 RVR1960
Jesucristo vino para librarnos del orgullo y de todo pecado que nos aleja de Dios. Él nos libró y libra con Su humildad:
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. S. Juan 14:6 RVR1960
Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera. Mateo 11:27-30 LBLA
Te comparto algo que escribí en octubre de 2022 sobre cómo Dios respondió y sigue respondiendo a mi oración para ser libre del orgullo:
Te haré entender
Salmos 32:8 RVR1960
Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.
En Octubre de 2019 el Señor me dio esa promesa, y a fe que me miró, me miró con sus ojos de fuego y comenzó a destruir toda la inmundicia, a través de la tribulación.
En mayo de 2020, Dios usó a una amiga y mentora, para concretar algo que llevaba hablándome hace unos meses, desde un ayuno que hice en Febrero de 2020, pero que me costaba avanzar, el tema de la humildad. Santiago 5:19-20:»Si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad y alguno le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados«. Estaba desviada del camino desde hace muchos años, desviada del camino al corazón, a la intimidad con Dios, ya que el orgullo, la arrogancia me desviaba. Aunque ya el Señor me había mostrado mi pecado, no lograba librarme de él, tenía muchas facetas y en el mundo su actuar me funcionaba, por lo que no era fácil deshacerme de él.
El camino por el que estaba desviada era el camino del orgullo. El camino que el Señor me hizo y me hace entender, que me enseñó y me enseña es el camino de la humildad y mansedumbre de corazón. Es algo sobrenatural porque lo natural para mí es el camino del orgullo y la jactancia, pero ya morí, ya lo dejé, gracias al Señor Jesucristo que me libró y me llamó a seguirle, a dejarlo todo y seguirle por Su camino, el camino de la renuncia a sí mismo, del servicio, del sufrimiento y de la gloria de Dios, el de no vivir por mis propias fuerzas sino el vivir por Él, por su Espíritu Santo. Y en este camino he encontrado liberación, alegría, paz y vida, no por la humildad en sí, sino porque la humildad me acerca a Él, me permite disfrutar de Él y dejarme dirigir por Él.
Yo estaba profundamente enamorada de mí misma pero ya no, yo ya no quiero nada de mi ego, no quiero nada de mi corazón, ya se por convicción que lo que de allí sale no es bueno. De la abundancia del corazón habla la boca y de ahí salía mucho resentimiento, mucha rabia, mucha arrogancia, mucha amargura, mucha jactancia, mucha maldición y mucha murmuración.
Yo ya no quiero eso, yo creo en Jesucristo mi libertador, quién me libera de mi corazón, me lo quita y me da uno nuevo, me lo ha dado por su Espíritu y yo quiero su corazón y que de ese corazón que es lo profundo de mi interior, broten ríos de agua viva, que salgan por mis palabras directas sin freno desde un nuevo corazón, llenas de vida, de paz, de detalles de amor, de frutos del Espíritu, que el fruto es el amor.
Señor, sigue mirándome con tus ojos de fuego que penetran y purifican hasta lo profundo, bien profundo de mi corazón. Sigue mirándome con tus ojos de amor, que me dan esa certeza de tu sangre derramada que me libera y me da tu bendición, con ese amor derrochado que me llena y me lleva a hacer lo mismo, con esa llama viva del fuego de tu amor y tú purificación. Sigue mirándome, sigue derritiéndome y sigue sacando tu oro de mi corazón, un corazón nuevo, solo producto de tu sacrificio y tu bendición.
Sofonías 3: 16-18a Nueva Biblia Española 1975:
Aquel día dirán a Jerusalén: No temas, Sión, no te acobardes, el Señor, tu Dios, es dentro de ti un soldado victorioso que goza y se alegra contigo, renovando su amor, se llena de júbilo por ti, como en día de fiesta.
Mi vida es una fiesta completamente fuera de control, pero todo está saliendo bien, porque la controlas Tú y porque simplemente soy feliz cuando estoy bien contigo2.
Cantar de los Cantares 4:16 TPT
¡Despierta, viento del norte! ¡Despierta, viento del sur! Sopla en mi jardín con tu Espíritu-Viento. Aviva la dulce especia de tu vida dentro de mí. No escatimes nada mientras me conviertes en tu jardín fructífero. No retengas nada hasta que libere tu fragancia. Ven a caminar conmigo como caminaste con Adán en tu jardín del paraíso. Ven a probar los frutos de tu vida en mí.
Esta canción describe el camino que caminó Jesús y por el cual nos guía para ser libres del orgullo y experimentar la verdadera exaltación que es disfrutar del amor y la compañía de Dios, viviendo con Él y a Su servicio. Te invito a seguir a Jesús por este camino.
- El libro se llama: Humildad, La Belleza de la Santidad, escrito originalmente por Andrew Murray en 1884. Edición en español traducida por Beatriz Schiava en 2015. Disponible en Amazon: https://amzn.eu/d/7aOs11v
↩︎ - Me refiero a un sueño que tuve en el que el mensaje era ese, que por la gracia de Dios mi vida era como una fiesta sin mi control, sino bajo el control del Señor. Puedes conocer el sueño completo en este artículo: «Auto insuficiencia», la convicción de la gracia. ↩︎







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