«Auto insuficiencia», la convicción de la gracia

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Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que, aunque era rico, por causa de vosotros se hizo pobre, para que mediante su pobreza vosotros llegarais a ser ricos.

2 Corintios 8:9 NVI

El propósito de esta enseñanza es entender qué es la gracia y motivarnos a aceptarla y disfrutarla todos los días de nuestra vida.

Me encanta la gracia, me hace reír, me hace bailar, me hace celebrar, es maravilloso que veas al Señor actuar y simplemente disfrutar sabiendo que no mereces nada pero lo tienes todo simple y llanamente «gracias a Dios».

¿Qué es la gracia?

La definición más simple de la gracia es «un favor no merecido», es caerle bien a alguien muy importante y con mucho poder y recibir de esta persona bienes y favores sin ninguna otra razón sino la de que esta persona es bondadosa, le agradas, le caes bien y te quiere hacer bien. Pero no solo eso, sino que tú en realidad mereces que te traten mal pero te tratan bien y más aún, te tratan bien a costa de un sacrificio personal, esa persona que te está tratando bien lo está haciendo a un coste personal elevado. La gracia es gratis para el que la recibe pero costosa para el que la da.

Vamos a ver un ejemplo de lo qué es la gracia a través de la primera parte del Musical de Los Miserables, basado en la novela escrita por Víctor Hugo, ambientada en la época de la revolución francesa:

Los Miserables. Musical 2011. Teatro Lope de Vega (Madrid). Ver el musical del minuto 4:58 al 15:35

Es un relato hermoso, ¿con quién te identificas?, en el musical vemos varios personajes:

  • Javert y la gente que rechaza a Jean Valjean. Solo lo ven como un convicto, un ladrón, un delincuente, que merece el castigo y que no hay lugar para él en la sociedad, entre la gente «honesta».
  • El obispo Myriel, un hombre compasivo que brinda alimento y refugio a Jean Valjean, lo ve con unos ojos diferentes a cómo lo ven los demás, lo ve cómo un hermano. Lo perdona, le da sus riquezas y le anima a cambiar su vida. El obispo simplemente está siguiendo el ejemplo de Cristo.
  • Jean Valjean, un pobre desgraciado, maltratado por la vida, resentido y falto de amor, que intenta defenderse como puede en medio de un mundo despiadado y cruel. La primera vez que encuentra al obispo agradece pero no valora la gracia dada, no se siente culpable en realidad de nada sino víctima de la sociedad. La segunda vez es bien consciente de su culpabilidad, se encuentra con la gracia y no sabe qué hacer, al final decide aceptarla y dejarse transformar por ella, pero para comenzar de nuevo debe cambiar su identidad, por lo que decide morir a Jean Valjean y comenzar una vida nueva dedicada al bien.

La gracia es solo para los desgraciados

He aprendido que la gracia es humillante para el ego, para el «yo», porque a los ojos de nosotros mismos muchas veces nos creemos buenos y ricos y esa actitud no nos deja experimentar la gracia, ya que solo «los desgraciados» son candidatos a recibir la gracia, a recibir un regalo «no merecido». Si lo mereces ya deja de ser gracia.

Mirad el «target» (público) al que le apuntaba Jesús:

El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor.
Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.
Lucas 4:18-21 RVR1960

En esta escena, Jesús está citando al profeta Isaías, diciendo claramente que Él es el Mesías. Algo similar le dijo a Juan el Bautista cuando mandó a preguntarle si Él era en realidad el Mesías:

Y al oír Juan en la cárcel de las obras de Cristo, mandó por medio de sus discípulos a decirle: ¿Eres tú el que ha de venir, o esperaremos a otro? Y respondiendo Jesús, les dijo: Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos reciben la vista y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelio. Y bienaventurado es el que no se escandaliza de mí.

Mateo 11:2-6 LBLA

Jesús está diciéndole a Juan que Él cumple las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías. Los tipos de personas mencionadas se encuentran en varios pasajes de Isaías, el más famoso Isaías 61:1 pero hay otros (Isaías 35:5-6, Isaías 42:7).

Entonces aquí en Mateo 11 el Señor Jesús define su público target:

  • Ciegos.
  • Cojos.
  • Leprosos.
  • Sordos.
  • Muertos.

Y… ¿A quiénes se les anuncian las buenas noticias?

  • A los pobres.

Si no estamos en esas  categorías no podemos experimentar la gracia. Ahí entendí el propósito de enviar primero a Juan el Bautista, era como el que iba haciendo  diagnósticos (tú eres cojo, tú ciego, tú leproso, etc.), ese es el propósito de la ley, pero no tenía el tratamiento. La ley te diagnostica, te dice que estás mal, pero no te cura, no tiene el poder para librarte de tu enfermedad (el pecado).

Por eso dijo Jesús que las prostitutas y publicanos entran primero en el reino de Dios (S. Mateo 21:31), ya tienen claro su diagnóstico, no necesitan que nadie se los diga, llevan buscando el tratamiento años, están listos para recibirlo sin rechistar.

En el mismo pasaje de Mateo 11 sigue Jesús diciendo:

»¿Con qué puedo comparar a esta generación? Se parece a los niños que juegan en la plaza. Se quejan ante sus amigos: “Tocamos canciones de bodas, y no bailaron; entonces tocamos cantos fúnebres, y no se lamentaron”. Pues Juan no dedicaba el tiempo a comer y beber, y ustedes dicen: “Está poseído por un demonio”. El Hijo del Hombre, por su parte, festeja y bebe, y ustedes dicen: “¡Es un glotón y un borracho y es amigo de cobradores de impuestos y de otros pecadores!”. Pero la sabiduría demuestra estar en lo cierto por medio de sus resultados».

Mateo 11:16‭-‬19 NTV

Esto es increíble, el ministerio de Juan el Bautista (arrepentimiento, lamento por el pecado, juicio) es como un funeral, hay duelo. El ministerio de Jesús (gracia) es como un banquete de bodas.

Parecen contradictorios pero así son, es comprensible la confusión de Juan. ¿Qué relación puede haber entre un funeral y un banquete?

La relación es que si el funeral es el funeral del yo, del ego… bienvenido al banquete.

Volvamos a leer Isaías 61:

El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del Señor y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que están de duelo, y a confortar a los dolientes de Sión. Me ha enviado a darles una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento. Serán llamados robles de justicia, plantío del Señor, para mostrar su gloria.

Isaías 61:1‭-‬3 NVI

Ahí está descrita la misma comparación entre una boda y un funeral: corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento… Hay un prerrequisito para la fiesta de bodas, el prerrequisito de estar antes «en la inmunda», en un funeral. El problema es que aunque a los ojos de Dios todos los seres humanos por nosotros mismos estamos «en la inmunda» no todos nos sentimos ni nos vemos así.

El año del favor del Señor

En Isaías 61 dice que el Salvador viene a pregonar «el año del favor del Señor», esto es una referencia al año del jubileo, vamos a ver de qué iba este año:

«En el monte Sinaí Dios ordenó a Moisés que les diera a los israelitas las siguientes instrucciones: «Cuando entren al territorio que voy a darles, la tierra deberá tener un año de descanso en mi honor. Durante seis años, podrán sembrar sus campos, podar sus viñedos y recoger sus frutos, pero al llegar el séptimo año no deberán sembrar sus campos ni podar sus viñedos. Tampoco deberán cosechar los campos ni recoger las uvas que broten después de la última cosecha. Lo que la tierra produzca por sí misma el séptimo año alcanzará para que coman ustedes, sus esclavos, sus trabajadores y los refugiados en el país, además de su ganado y los animales salvajes. Así la tierra gozará de un año completo de descanso en mi honor.

»Además, deberán multiplicar siete años por siete, lo cual da cuarenta y nueve años, y el año siguiente, es decir, el cincuenta, será declarado año de liberación. En el día diez del mes de Etanim de ese año, que es el día del perdón, harán sonar por todo el país la trompeta y anunciarán la libertad para todos los habitantes del país. En ese año, los que hayan perdido su propiedad podrán recobrarla, y los esclavos quedarán en libertad de volver a sus familias.

»En el año cincuenta no deberán trabajar la tierra en ninguna manera, sólo comerán lo que la tierra produzca por sí sola.»

Levítico 25:1-13 TLA

El año del jubileo es un año de libertad y descanso. Si eres una persona libre, sin deudas y rico pues ese año es un año cualquiera para ti, pero si eres un esclavo, un endeudado o uno de la clase obrera, que se la pasa trabajando esforzado, pues ese año es el mejor de tu vida. Eso es la gracia, es una noticia maravillosa, excelente, que hay que anunciar con trompeta pero que solo es buena si estás entre el grupo beneficiario:

El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del Señor y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que están de duelo, y a confortar a los dolientes de Sión. Me ha enviado a darles una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento. Serán llamados robles de justicia, plantío del Señor, para mostrar su gloria.
Isaías 61:1‭-‬3 NVI

Entendamos Isaías 61. La gran obra con la que el Señor se glorifica, se cubre de gloria, es el coger a un pobre, vil y menospreciado, a un quebrantado, cautivo y prisionero y liberarlo (año del jubileo), mostrarle su favor, liberarlo de sus enemigos (el mundo, el demonio y nuestro propio ego, todo lo que nos aprisiona y amarga la vida), consolarlo y llevarlo a la victoria y al gozo, a la alegría de servirle a Él, al gozo de disfrutarle y adorarle, «para que sean llamados robles de justicia, plantío del Señor, para que Él sea glorificado«.

Sigamos leyendo Isaías 61, del versículo 4 hasta el final:
Reconstruirán las ruinas antiguas,
y restaurarán los escombros de antaño;
repararán las ciudades en ruinas,
y los escombros de muchas generaciones.
Gente extraña pastoreará
    los rebaños de ustedes,
y sus campos y viñedos serán labrados
    por un pueblo extranjero.
Pero a ustedes los llamarán «sacerdotes del Señor»;
    les dirán «ministros de nuestro Dios».
Se alimentarán de las riquezas de las naciones,
    y se jactarán de los tesoros de ellas.
En vez de su vergüenza,
    mi pueblo recibirá doble porción;
en vez de deshonra,
    se regocijará en su herencia;
y así en su tierra recibirá doble herencia,
    y su alegría será eterna.
«Yo, el Señor, amo la justicia,
    pero odio el robo y la iniquidad.
En mi fidelidad los recompensaré
    y haré con ellos un pacto eterno.
Sus descendientes serán conocidos entre las naciones,
    y sus vástagos, entre los pueblos.
Quienes los vean reconocerán
    que ellos son descendencia bendecida del Señor».
Me deleito mucho en el Señor;
    me regocijo en mi Dios.
Porque él me vistió con ropas de salvación
    y me cubrió con el manto de la justicia.
Soy semejante a un novio que luce su diadema,
    o una novia adornada con sus joyas.
Porque así como la tierra hace que broten los retoños,
    y el huerto hace que germinen las semillas,
así el Señor omnipotente hará que broten
    la justicia y la alabanza ante todas las naciones.

Isaías 61:4-11 NVI

Todo esto es obra de Dios, coge a un pobre miserable (que no tiene lo que se necesita para vivir), lo sana, lo ayuda, lo libra, lo levanta y lo pone a su servicio gozoso para sus planes maravillosos, para traer bien y restauración a otros, para bendecirles y darles gozo mientras que ellos viven para Él, para servirle y adorarle con todo su corazón, gozandose en Él.

Entonces, el requisito y convicción fundamental para experimentar la gracia es ser pobre, «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.» Mateo 5:3 RVR1960

Ser pobre de espíritu es tener la convicción de corazón de que en mí no hay nada bueno, nada que pueda agradar a Dios, es estar en bancarrota espiritual, es sentirse impotente para agradar o cumplir las expectativas de Dios, que no tengo en mí lo necesario para vivir espiritualmente, para mi salud espiritual, que estoy absolutamente necesitado de que alguien haga algo por mí, absolutamente necesitado de un libertador.

Lo define muy bien el apóstol Pablo en Romanos 7:24-25:

¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado.
Romanos 7:24-25 LBLA

Este versículo de Romanos 7 es el maravilloso preámbulo al precioso Romanos 8, la vida en el Espíritu. La vida maravillosa a la que Dios nos ha llamado es la vida que se describe en Romanos 8: una vida guiados, impulsados y capacitados por el Espíritu Santo para agradar a Dios. Pero para experimentar Romanos 8 hay que llegar a la convicción de Romanos 7: 24-25. Cuando llegas a esa convicción ya no caes en la esclavitud de la ley y de las obras porque ya estas convencido que por tus propios medios no puedes agradar a Dios. («y los que están en la carne no pueden agradar a Dios». Romanos 8:8 LBLA).

Si no estás consciente y convencido de tu enfermedad, no buscas la curación y la sanidad. De la misma forma si crees que tú puedes actuar, que puedes hacer algo por tu cuenta, no buscarás al Señor, no buscarás al Libertador, no buscarás su sanidad.

La gracia es el reposo de la fe, el descanso de las obras propias (por convencimiento de su impotencia) para dejar actuar a Dios. Es dejar de vivir para mí mismo porque reconozco que eso es enfermedad, por lo cual acepto la muerte y resurrección de Cristo y muero con Él. Muero a vivir para mí, reconozco que esa muerte de Cristo y con Cristo me libera de mí mismo y decido vivir todo para Dios, pero no en mis fuerzas sino buscando humildemente y desesperado el poder, la capacidad del Espíritu Santo de Dios, porque estoy convencido de que como dijo Jesús «separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5).

Si creemos que en el día a día nosotros podemos, no vamos a buscar al libertador. El libertador de nuestro día a día, que hace realidad la obra de Cristo no solo en el futuro sino en el hoy, el que nos libera de la maldición del pecado, de la maldición de nuestro egoísmo, de nuestro yo, el que nos da el poder para vencer, para liberarnos de nosotros mismos y  hacer lo que a Dios le agrada es el Espíritu Santo (Juan 14:16).

Tener la convicción de no merecer Su amor, hace más sabroso el experimentarlo, hace la vivencia más profunda. Eso es experimentar la gracia. Es estar convencidos de que no hay nada que podamos hacer para conseguir lo que Cristo ya consiguió para nosotros en la cruz.

Soñando con la gracia

El 3 de abril de 2022 tuve un sueño, íbamos con mi esposo a hacer una pequeña celebración, con un poco de familia y amigos, en un lugar sencillo, algo así como el típico local pequeño para reuniones y eventos de una comunidad de vecinos/urbanización o barrio. No tengo claro de qué era la celebración, el hecho es que sin saber por qué, se convirtió en un fiestón. Había muchísima gente, todos conocidos míos de las diferentes épocas y áreas de mi vida. Había compañeras del colegio, gente de la iglesia, compañeros del trabajo, de la universidad, amigos varios, familiares, gente de Colombia y gente de España. Estaban por ejemplo los miembros de la comunidad cristiana a la que asistía en Bogotá, incluso los líderes de este grupo con sus hijas, ya grandes, una de ellas bailando en la zona de baile al fondo, mientras que los demás en la mesa de este grupo estaban de muy buen humor, con el líder haciendo comentarios graciosos y todos riendo y disfrutando de la comida. En una de las mesas de mi familia, también sucedía algo parecido, un primo hacía chistes y todos estaban felices, comiendo y riendo.

Todo el mundo estaba por sus mesas y felices, aunque era una fiesta como un poco desordenada porque unos comían, mientras que otros partían una tarta y cantaban un cumpleaños. Habían camareros con bandejas variadas de comida deliciosa. Mientras tanto yo estaba estupefacta, como sorprendida y fuera de lugar porque: «¿Cómo terminó todo siendo así?, ¿por qué están sirviendo todo esto (pescado, carne rica), si yo no he hecho nada?, se supone que Jorge y yo somos los organizadores de la fiesta, todo está saliendo bien, pero nosotros dos no estamos haciendo nada. Se supone que yo soy la anfitriona y debo decir «ahora esto y luego esto», con el estrés asociado, pero no es así, yo no tengo el control de nada ni estoy diciendo nada y todo está saliendo bien, pero al mismo tiempo tampoco me puedo sentar y relajar como si fuera invitada. Estoy fuera de lugar, no sé qué hacer», esa era más o menos mi actitud.

Totalmente sorprendida me fui a buscar a Jorge y así acabó el sueño, me quedé junto a él de pie como en medio del salón apoyados en una especie de barra de madera, viendo juntos a lo lejos a otros de la fiesta que estaban en uno de los extremos del salón, que estaban cantando el cumple creo que a mi hijo, no lo sé, pero lo raro era que no eran todos los de la fiesta los que lo estaban haciendo, sino algunos y estaban todos contentos y bien, y lo increíble era que no era algo organizado ni por Jorge ni por mí y no estábamos ahí con ellos. La idea principal del sueño es que era una fiesta, una fiesta con mucha gente, en el que todos estaban felices, comiendo bien y pasándolo bien, cada uno con una cosa disfrutando sin problemas, pero nosotros, los organizadores, en realidad no teníamos el control de nada ni estábamos haciendo nada, había como una armonía en medio del caos aparente de que cada quien iba a su bola.

El mensaje que Dios me quería dar a través del sueño era: «Tu vida es una fiesta de la cual no tienes el control pero todo está saliendo bien. Serás capaz de sentarte y disfrutar o seguirás sorprendida intentando hacer algo cuando en realidad no hay nada que hacer, ya todo está hecho, tendrás que confiar y solo ver. Tranquila, yo me encargo. Es que el que ofrece el banquete soy yo, no tú. Tú solo me entregas tu vida y yo hago la fiesta.»

‘Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. ‘

Proverbios 3:5-6 RVR1960

Yo tal vez organizaría la fiesta de modo diferente, pero la realidad es que el que sea que la está organizando, aunque a mí me parece loco, la verdad es que todo el mundo está contento y se lo está pasando bien. No tengo que controlar para que todo salga bien, solo tengo que confiar y obedecer.

Yo ni siquiera invité a la gente, ni de eso tuve el control, se montó un fiestón y yo ni idea. Me acordé de Isaías 60, en la que está hablando un mensaje de restauración a Sión (Jerusalén) y Dios le dice:

‘En vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie pasaba por ti, haré que seas una gloria eterna, el gozo de todos los siglos. Y mamarás la leche de las naciones, el pecho de los reyes mamarás; y conocerás que yo Jehová soy el Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob. ‘

Isaías 60:15-16 RVR1960

¿Os imagináis eso? una gran fiesta, todo el mundo cree que tú eres el que ha hecho todo pero tu sabes bien que no, que en ti no había esa capacidad, que tú no lo hiciste, eso es la gracia. Imagínate si al final de la fiesta se acercan a agradecerte y alabarte por la fiesta, tu no te vas a jactar porque sabes muy bien que no has sido tú, no te creerás las alabanzas sino que estarás muy agradecido con el verdadero causante de todo tu bienestar. 

Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse. 1 Corintios 1:27-29 NVI

Pero Él me ha dicho: “Mi gracia es suficiente para ti [Mi bondad y Mi misericordia son más que suficientes, siempre disponibles, sin importar la situación];  porque [Mi] poder se está perfeccionando [y se completa y se muestra más eficazmente] en [tu] debilidad”.  Por tanto, con mayor gusto me gloriaré en mis debilidades, para que el poder de Cristo [me envuelva por completo y] habite en mí. 2 Corintios 12:9 AMP

Disfrutando y extendiendo la gracia

Si estás en la gracia tienes permiso para ser tú, permiso para equivocarte y ser un torpe y un tonto, como un niño pequeño. Las cosas no te salen bien por ser perfecto, te salen bien por Su gracia. No estoy hablando de pecado sino de qué o quién hace que las cosas te salgan bien. El Señor me dijo un día también: «la gente no te ama por ser perfecta, te ama por mi gracia». Eso es liberador. 

En mi sueño a mí me costaba disfrutar la fiesta, me costaba porque por un lado no me lo podía creer que yo iba con un plan y todo estaba completamente a otro nivel mucho más superior y porque las cosas aunque estaban saliendo bien no me encajaban en mi idea de cómo son las fiestas, del orden lógico y natural para mí, no encajaban en mi propia prudencia (Proverbios 3:5-6).

Eso era lo que les pasaba también a los fariseos y nos puede pasar a nosotros también. Dios me llevó a reconocer que como Israél he tropezado una y otra vez en la piedra de tropiezo:

Pero los hijos de Israel, que se esforzaron tanto en cumplir la ley para llegar a ser justos ante Dios, nunca lo lograron. ¿Por qué no? Porque trataban de hacerse justos ante Dios por cumplir la ley en lugar de confiar en él. Tropezaron con la gran piedra en su camino. Dios lo advirtió en las Escrituras cuando dijo: «Pongo en Jerusalén una piedra que hace tropezar a muchos, una roca que los hace caer. Pero todo el que confíe en él jamás será avergonzado». Romanos 9:31‭-‬33 NTV

Yo sé que ellos tienen un gran entusiasmo por Dios, pero es un fervor mal encauzado. Pues no entienden la forma en que Dios hace justas a las personas ante él. Se niegan a aceptar el modo de Dios y, en cambio, se aferran a su propio modo de hacerse justos ante él tratando de cumplir la ley. Sin embargo, Cristo ya cumplió el propósito por el cual se entregó la ley. Como resultado, todos los que creen en él son hechos justos a los ojos de Dios. Romanos 10:2‭-‬4 NTV

Muchos entendemos que nuestra salvación eterna es obra de la gracia de Dios, que no la merecemos (Efesios 2:1-10 NTV), que hemos sido salvados de la ira de Dios, del castigo eterno gracias a la obra de Cristo en la cruz, lo aceptamos como un seguro de vida: «cuando me muera me voy al cielo porque he creído en Cristo Jesús, en su muerte y resurrección, mis pecados han sido perdonados porque Él pagó por mí». Esto está muy bien, pero ¿en el día a día?, en el día a día muchos caminamos por obras, por merecer y no por fe. Así como estamos seguros de que la resurrección de entre los muertos es obra completa y total de Dios, imposible de realizar por nosotros mismos, en nuestro vivir día a día para agradar a Dios, lo que llamamos la santificación, deberíamos tener la misma convicción, de que somos única y exclusivamente la obra de Dios, el mérito y trabajo es de Dios.  

«Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.» Colosenses 2:6-7 RVR1960

Permanecer en la fe en Cristo (en vez de la fe en lo que yo pueda hacer) es lo mismo que pararse firme sobre una roca.

La gracia es liberadora porque no exige perfección sino confianza en el perfecto que nos hace perfectos como barro en las manos del alfarero. Nuestro único trabajo es dejarle a Él hacer el suyo, es rendirnos ante Él, reconocer que Él sabe más y hacerle caso a Él no a nosotros mismos, dejamos de confiar en nosotros mismos y comenzamos a confiar en Él… y a disfrutar la fiesta. 

Y una vez que has experimentado y disfrutado la gracia, te ves impulsado a  extenderla… y el mundo a tu alrededor, así se convierte en un lugar menos agresivo, en un lugar mejor.

El mundo actual está lleno de gente con problemas, gente con dificultades, gente pobre de amor, pobre de fuerzas, abundan los problemas de salud, los dolores, los problemas de salud mental, las penas. En el mundo en el que vivimos hay miedo, hay sin sazón, hay incertidumbre, hay temor. El mundo actual es un mundo lleno de gente necesitada, lleno de gente como tú y como yo. España y el mundo necesitan la gracia, necesitan verla en ti, necesitan experimentarla, un oído que escucha, un abrazo compasivo, una sonrisa, unas palabras amables.

Hoy igual que hace 2000 años el mundo necesita escuchar de la gracia de Dios, Dios dice: «España necesita mi gracia. Si yo caminara por España diría: «El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz, a los que resplandecían en sombras de tinieblas de muerte luz les resplandeció», hijitos míos, ¿dónde está mi luz?, Mi luz sois vosotros, dejadme brillar en vosotros, dejadme brillar en vuestro corazón. Este mundo es horrible, no es el mundo que yo creé, yo os he transportado a otro mundo mejor, vivid en mi realidad y transportad a otros a este mundo mejor. Venid a comprad sin dinero, venid a comer mi pan, mi pan es mi Hijo, venid a saborear mi banquete, venid a probar mi vino, venid, que yo os haré descansar.»

GRACIA
Oh Señor, te has cubierto de gloria,
has cogido a un pedazo de pecador,
pobre, ciego y desnudo, preso,
quebrantado y cautivo
y lo has transformado por completo,
me has liberado, limpiado, perdonado,
rescatado de mi terrible condición,
has pagado el precio de mi deuda,
te has vengado de mis enemigos,
me has sacado a un lugar espacioso,
me has librado solo por tu misericordia
y tu inmensa gracia y amor.

Has pagado el precio
que me era imposible pagar a mí,
y además me has compartido
toda tu riqueza,
me has dado tus vestidos,
tus joyas, tus adornos, tus coronas,
tu gloria.

¿Cómo no voy a estar agradecida si
estoy donde no merezco
y todo es maravilloso?,
pero sobre todo lo que tengo,
lo más valioso es que te tengo a Ti, mi Rey,
mi comunión contigo,
sentir tu inmenso amor y cariño,
toda tu generosidad y bendición
es más de lo que puede soportar mi
frágil corazón que sabe que no hay
nada en Él que merezca todo esto
sino sólo la semilla que Tú mismo has puesto.

¿Cómo voy a poder agradecer todo lo que has hecho por mí,
todo lo feliz que tú me haces sentir?
¿Cómo?, no lo sé, es imposible de pagar
pero me dispongo a que sigas haciendo
tu obra de arte maravillosa en mí,
sigue vistiéndote de gloria Señor,
sigue sacando oro de donde solo había escoria,
sigue haciendo tu milagro Señor
y permíteme alegrarme, admirar y celebrar tu existencia,
tu sabiduría, tu poder, tu gracia, tu genialidad.

No me dejes ni por un momento robarte el
protagonismo o creer que algo es por mí,
todo es obra tuya, todo es la mano del artista,
todo eres Tú Señor, sigue haciéndolo,
que nada impida tu perfecta y maravillosa obra de gracia en mí.

¿Quién iba a pensar que de esto iban a salir maravillas?
¿Quién iba a pensar que se podía hacer obra de arte con tan podrido material?
Gracias por cambiar mi esencia, mi materia y darme la tuya Señor,
muchas gracias por tu inmensa obra de poder hecha con tantísimo amor.
Muchas gracias Señor, gracias por ofrecerte, entregarte por mí,
para que yo pudiera recibir tu vida y tu corazón.

Señor Jesucristo tu eres mi herencia, mi porción, mi gloria, mi premio mayor.

Respondiendo a la gracia

¿Cómo le puedo pagar al SEÑOR por todo el bien que me ha hecho? Él me salvó, así que brindaré por él, y alabaré el nombre del SEÑOR.

Salmos 116:12‭-‬13 PDT

En las versiones más tradicionales de este salmo dice: «levantaré la copa de la salvación», no entendía a qué se refería hasta que leí «así que brindaré por él».

En medio de la fiesta que es experimentar en nuestra vida la gracia de Dios y gracias a Su obra en nuestras vidas ser de bendición a muchos, podemos levantar la copa y hacer un brindis para reconocer al que está haciendo posible todo esto, podemos levantar la copa, dar gracias y alabar al Señor. 

¿Por qué nos cuesta tanto experimentar, disfrutar y extender la gracia?

Y sucedió que estando Él sentado a la mesa en la casa, he aquí, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos. Y cuando vieron esto, los fariseos dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores? Al oír Él esto, dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. Mas id, y aprended lo que significa: «Misericordia quiero y no sacrificio»; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Mateo 9:10‭-‬13 LBLA

En este pasaje, Jesús habla nuevamente de cuál es su público target, hacia quién va dirigido el Mesías: los enfermos, que es una metáfora de los pecadores.

¿En qué consiste esta enfermedad?

Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona. Marcos 7:21‭-‬23 NVI

El problema de los fariseos, y muchas veces el nuestro, es que les era fácil ver «la enfermedad» en otros, pero no en ellos mismos. Y si no eres consciente de que estás enfermo, pues te creerás sano y no irás al médico, no buscarás ni aceptarás la medicina que el médico Jesucristo te ofrece, no experimentaras la cura, la limpieza, el poder de la gracia del Señor Jesucristo.

El Señor Jesús contó una parábola para explicar que en su reino «muchos primeros serán últimos, y los últimos primeros», la parábola dice así:

»En el reino de Dios sucede algo parecido a lo que pasó en una viña. El dueño salió muy de mañana a contratar hombres para que trabajaran en ella. Se puso de acuerdo con los trabajadores para pagarles el salario de un día completo; y los envió a trabajar. Como a las nueve de la mañana, el dueño volvió a salir, y en la plaza encontró a varios hombres que estaban desocupados. Les dijo: “Vayan a trabajar a mi viña, y les pagaré un salario justo.” Los hombres aceptaron y fueron a trabajar. Como a las doce del día, el dueño volvió a hacer lo mismo; y salió otra vez a las tres de la tarde. Ya eran las cinco de la tarde cuando el dueño fue de nuevo a la plaza, y vio a otros hombres desocupados. Entonces les preguntó: “¿Por qué han estado ahí todo el día sin hacer nada?” »Ellos le contestaron: “¡Porque nadie nos ha dado trabajo!” »El dueño les dijo: “Vayan a trabajar a mi terreno.” »Cuando se hizo de noche, el dueño le dijo al jefe de los trabajadores: “Llama a cada uno de los trabajadores y págales, comenzando por los últimos que vinieron, y terminando por los que vinieron primero.” »Entonces se acercaron los trabajadores que llegaron a las cinco de la tarde y recibieron el salario de un día completo. Después, cuando pasaron los que habían llegado primero, muy de mañana, pensaron que a ellos les pagarían mucho más. Pero cada uno de ellos recibió el mismo salario de un día completo. Después de recibir el dinero, esos trabajadores comenzaron a hablar mal del dueño de la viña y le dijeron: “Los que llegaron a las cinco de la tarde solo trabajaron una hora, pero usted les pagó a ellos lo mismo que a nosotros, que trabajamos todo el día aguantando el calor. Eso no es justo.” »Pero el dueño le contestó a uno de ellos: “¡Mira, amigo! Yo no he sido injusto contigo. Recuerda que los dos acordamos que tú trabajarías por el salario de un día completo. Toma el dinero que te ganaste, y vete. No es problema tuyo que yo les pague lo mismo a los que vinieron a las cinco. Yo puedo hacer con mi dinero lo que me parezca. ¿Por qué te da envidia que yo sea bueno con los demás?” Jesús terminó diciendo: «Así, los que ahora son los primeros, serán los últimos; y los que ahora son los últimos, serán los primeros.». Mateo 20:1‭-‬16 TLAI.

Esta parábola nos cuesta entenderla o aceptarla, ¿Cómo se le paga lo mismo (un denario, el salario de un día) a los que trabajaron menos horas? ¿No favorece eso la holgazanería?

Me he dado cuenta que la razón por la que esta enseñanza choca con nuestra forma de pensar es porque nos ponemos en el lugar de los que llegaron primero y ahí está el error: nos creemos buenos. 

Esto me pasaba a mí, hasta que un día por primera vez el Señor cambió mi visión y pude ponerme de corazón en el lugar del que llegó de último y ahí pude entender y sobre todo disfrutar/saborear Su gracia. 

Pensando en esta parábola y en la obra de Cristo, escribí lo siguiente:

BONDAD INMERECIDA

Sí Señor, yo soy la última,
La que vino a trabajar a las 5 de la tarde
Y le pagaste igual que a los que habían trabajado desde temprano.

Sí, esa soy yo,
En realidad todos lo somos.
Ninguno merece el pago de tu amor,
Ninguno Señor,
Ninguno cumple tus expectativas
O por lo menos yo no.

Aquí vengo, completamente dependiente de tu bondad.
Yo sé muy bien que solo trabajé una hora,
Veo la moneda de un denario en mi mano y no me lo puedo creer.
Me están pagando por un trabajo que no hice,
Por unas horas que no realicé
Él dice que puede hacer lo que quiera con su dinero, 
pues es que lo que ha hecho es regalármelo a mí.

No lo sé, no me lo puedo creer,
Ni siquiera sé porqué le caigo bien
Si fui yo quién le robé
Si fui yo quién le ignoré
Si fui yo quién le envío a la tumba 
Si fui yo quién le maté
No, no fui yo quién le resucité,
Pero su resurrección me ha dado vida
A mí, a mí que lo crucifiqué.

La vergüenza no me deja mirarle
La vergüenza solo me deja arrodillarme 
Y tal vez el privilegio de llorar a sus pies.
Entonces saca un anillo,
Me pide en matrimonio y ahí sí que ya no se qué hacer
¿Por qué hace todo esto? ¿Se puede saber para qué?
¿Cómo puede perdonarme así, 
llegando al punto de casarse con su torturador más cruel?

No entiendo este amor, 
a menos de que tú tengas el poder de cambiarme con tu poder, 
yo, yo es que no puedo olvidar que estoy casada 
con aquel a quién yo misma fui infiel y encima maté.

Te amo mi Señor, tu amor me ha desarmado 
y me ha dejado sin saber muy bien qué hacer, 
ya no puedo seguir odiando, 
ya no tengo excusas para no amar a alguien, 
como tú quieras seré.

¿Y tú, en qué lado estás?, te invito a reflexionar con sinceridad, en lo profundo de tu corazón, ¿crees que haces parte del «target» de la gracia de Dios?, ¿sinceramente crees que necesitas al médico o te cuesta ver y aceptar tu enfermedad?, ¿cómo vives tu día a día?

Sea cual sea tu respuesta, te invito a orar con sinceridad, pidiendo a Dios que abra tus ojos, te muestre en qué situación estás y cuál es la fiesta a la que Él te quiere llevar.

Canción «Es por tu gracia» – Jesús Adrián Romero

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