El amor de Dios se resume en un plan, un plan que demuestra cuánto me amó y cuánto te amó y me ama y te ama.
En Su gran amor y su inmenso deseo de estar contigo y conmigo para siempre, el Padre envió a Su Hijo a pagar la deuda que nos impedía acercarnos a Dios.
El Padre simplemente motivado por el amor, renunció y nos entregó a Su Hijo amado como pago por el rescate de nuestras almas.
Esto significó que Su Hijo se hiciera humano, viviera sin pecado y se dejara matar, y no cualquier muerte, sino una muerte en la que el Padre saciara su ira contra la humanidad, o sea, una muerte que no consiste solo en matar, sino en hacer sufrir como venganza por un daño hecho, con saña, y así poder saciar su sed de justicia y pagar el precio de nuestra salvación, el precio de poder vivir con Dios para siempre y librarnos de nuestros enemigos, de todo lo que nos impide vivir la vida de verdad, libres de miedos, depresiones, de ansias y ambiciones, de rivalidades; lo resume Isaías 53 en: «el castigo de nuestra paz fue sobre Él». Paz en hebreo es la palabra «shalom», que transmite el concepto de bienestar total, el precio de nuestro «shalom» fue pagado por Cristo.
Dios se desgarró a sí mismo por ti y por mí. Es tal su deseo de nosotros, su inmenso amor, que no le importó entregar a su Hijo, dejar que fuera torturado y muerto por mí y por ti, y a Su Hijo no le importó entregarse en las manos de su Padre, dejarse torturar y matar, sabiendo que lo hacía por ti y por mí. Además el Padre y el Hijo son uno, así que es como si el Padre también sufriera y muriera allí. Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándonos en cuenta nuestros pecados.
Pero el asunto no terminó allí. Dios con su poder resucitó a Su Hijo y lo estableció como el Dueño de todo y Soberano y a través de eso abrió de par en par las puertas del cielo y de la resurrección para mí también y para ti.
¿Qué necesidad tenía Dios de todo eso? ¿En realidad qué le aporto yo a Dios? La verdad no lo sé, pero se me ocurre algo pequeño pero creo que para Dios es muy significativo: cada ser humano ha sido hecho con ilusión por Dios. Dios es creador, Dios crea cosas buenas y con ilusión. Eso es lo que transmite Génesis 1 y 2: «y vio Dios que todo lo que había hecho era bueno» y en particular cuando creó al ser humano dice en Génesis 1:31: «y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera». Eso te incluye a ti y a mí, ya que los genes que tú y yo tenemos se originaron allí, en esa escena de nuestros ancestros. Nuestros genes y todo nuestro ser fue creado «bueno en gran manera» y como dice en Génesis 1:26 la idea que tuvo Dios fue: «hagamos al ser humano a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza», o sea «hagamos al ser humano parecido a nosotros», y eso define el propósito de Dios con cada ser humano que pisa este planeta: está diseñado parecido a Dios y bueno en gran manera.
Me imagino esa misma ilusión creadora de Génesis 1 y 2 en el rostro de Dios cuando mira a cada ser humano con un diseño único y exclusivo dado por Dios, no hay uno igual a otro. Una ilusión completamente rota y decepcionada por culpa de la maldad humana, del engaño del mundo y de Satanás. Tú y yo, este mundo y Satanás, somos culpables de partirle el corazón a Dios, a nuestro buen Creador.
Tal vez no te sientas alguien muy especial pero para Dios lo somos, porque cada uno tiene un diseño y un plan especial trazado por Él y un propósito de tener intimidad con Él de esa forma particular en la que diseñó a cada uno, o sea, la intimidad que puedo desarrollar y disfrutar mutuamente con Dios es diferente de la que tú puedes tener, o sea que si faltas tú o falto yo, falta esa forma particular que Dios diseñó de mutuo placer (entre cada uno de nosotros y Dios).
Dios se basta a sí mismo y no necesita a nadie ni a nada y somos muy muy pequeños comparados con Él, pero somos fruto de Su poder creador y de Su ilusión, somos hechos por Él, hechos para Él, para el disfrute de Él, disfrute que es bueno para nosotros también.
Entonces, «de tal manera amó Dios al mundo que envió a Su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea, no se pierda más tenga vida eterna» (S. Juan 3:16).
Dios no quiere seres humanos perdidos, perdidos de estar con Él, quiere que tengamos vida eterna, que es lo mismo que disfrutar para siempre de Dios, haciendo realidad la ilusión de Dios, que se manifieste y Dios se alegre viendo su diseño original en acción. Eso solo lo puede hacer realidad cuando por medio de Jesucristo se puede restaurar esa imagen y esa bondad de Dios de cada una de su creación.
Dios nos dice: «Desde que te conocí supe que eras para mí, desde que te pensé te imaginé conmigo, te hice para mí. No necesitas nada más, no hay mejor lugar que estar aquí conmigo. No hay mejor motor que tener mi cercanía, no hay mejor opción que ser mi compañía».
Cuando nos alejamos de Dios, cada uno de nosotros, lo que sucede es que se rompe el diseño original de Dios, y un montón de buenos propósitos y planes de Dios que son de paz y de bienestar, de bien y no de mal quedan truncados.
A Dios le duele profundamente en el corazón no solo lo malo que hacemos, sino también lo bueno que dejamos de hacer, lo bueno para lo que fuimos diseñados y que nos traería paz y bien a nosotros y a los demás. Cada ser humano quebrantado de este mundo (todos), es un sueño roto de Dios, sueño roto que para ser restaurado fue enviado Cristo.
Toda la humanidad clama por «paz y amor», por unidad. A todos nos gustaría que no hubiera hambres, guerras, enfermedad y dolor, que hubiera justicia, solidaridad, respeto, etc.
Lo que llamamos «valores universales» vienen directamente del corazón de Dios, porque así fuimos creados por Dios. El error es pensar que algún día la humanidad pueda alcanzar eso por sus propios medios, el error es pensar que podemos ser independientes de Dios, no fuimos diseñados así y al alejarnos de Dios todo se dañó.
Entonces, el plan de restauración de Dios de todo fue y es Cristo, quien no sólo hace posible nuestro perdón y vida sino que hace posible que cada uno pueda experimentar el reino de Dios en el corazón, el gobierno de Dios, que es el único gobierno que puede traernos esperanza, ese «mundo ideal» que anhelamos en el fondo de cada corazón.
Su gobierno y la paz
Isaías 9:7 NTV
nunca tendrán fin.
Reinará con imparcialidad y justicia desde el trono de su antepasado David
por toda la eternidad.
¡El ferviente compromiso del Señor de los Ejércitos Celestiales
hará que esto suceda!
Los sueños de Dios
- Yo sueño, sueño contigo en mi reino, a mi mesa, comiendo y cenando conmigo, en mi palacio. Sueño con tener muchas conversaciones contigo, contarte quién soy yo, compartir mi vida contigo y disfrutar la tuya, de mi vida en la tuya. Sueño con que seas mi amigo, mi hijo, mi esposa, mi hermano. Sueño con tener comunión contigo.
- Sueño con que te dejes cuidar y dirigir por mí. Que dejes de preocuparte por tu presente y tu futuro y dejes toda tu vida y tú cuidado en mis manos. Que creas que yo soy capaz y quiero y puedo cuidarte, alimentarte, vestirte, proveerte a ti y a los tuyos, que puedo hacerme responsable por tu cuidado.
- Sueño que en vez de preocuparte por eso, por tu cuidado, te preocupes por mí, por mis asuntos, mi reino y mi justicia. Que te preocupes por amarme a mí por sobre todas las cosas y por agradarme amando y haciendo bien a tu prójimo, a tu hermano. Comenzando por los de tu casa, que te preocupes por amarlos como yo los amo.
- Sueño contigo siendo como mi Hijo, entregado a mí, dejando Su vida en mis manos y por amor a mí entregándose y sirviendo a sus hermanos.
- Sueño con que hagas tesoros en los cielos. Sueño que cuando te lleve a mi casa podamos celebrar juntos todo lo que hemos cosechado. Cosechado de hacer “bienes” a otras personas, cosechado de haber orado y haber ayudado, conforme a mi corazón y a mi cuidado.
- Yo soy capaz de liberarte de tu egocentrismo para que puedas amar a otros como yo te amo, para que puedas servirles como yo he soñado, sin pensar en ti ni en tu cuidado (porque de eso confías que me encargo yo), sino completamente a mi entregado.
- Sueño con que vivas cumpliendo todo lo que para ti yo he soñado.
La salvación no es algo que ustedes hayan conseguido, pues nadie puede decir que se salvó a sí mismo. Nosotros somos obra de Dios, creados en Jesucristo para realizar las buenas obras que Dios ya planeó de antemano para que nos ocupáramos de ellas.
Efesios 2:9-10 PDT
«Mi pequeño/a, yo me deleito en ti, no porque hagas grandes cosas o porque me sorprendas, sino lo único que me motiva a prestarte atención y embelesarme contigo es que eres mi hijo/a pequeño/a, mi corazón se derrite de amor por ti, como un padre asiste ilusionado a la actuación de su pequeño hijo o hija, así acudo yo a mirarte, así te presto atención, como un Padre enamorado de ti.
“Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable y yo te amé”. (Isaías 43:4)
Eres muy valioso/a porque saliste de mí, eres mi hijo/a y yo tengo grandes sueños para ti, yo quiero hacerte feliz. Tú eres mi hijo/a y yo vivo ilusionado por ti. Mis sueños son imposibles para tu humanidad poder cumplir, mis sueños solo mi Hijo puede hacerlos realidad en ti.
No tienes por qué correr a intentar hacerlos, déjalo, es imposible que lo puedas conseguir. Mis sueños solo se consiguen cuando dejas a mi Hijo que actúe permanentemente en ti, cuando dejas a mi Espíritu Santo guiarte y moverse con libertad en ti. Y mis sueños son lo de menos comparados con el estar aquí. Mis sueños son los de un Padre con su hijo, son los que yo quiero realizar en ti. Son estando juntos, por favor, no te alejes de mí.»
¿Quién soy yo?
Mota de polvo comparada contigo.
Mota de polvo pero creada por ti.
Mota de polvo pero diseñada con ilusión por ti.
Mota de polvo que desea agradarte a ti, disfrutarte a ti y servirte a ti.
Mota de polvo que se sabe y se siente amada por ti.
Mota de polvo que aunque pequeña es especial para ti.
Mota de polvo que no me necesitas pero me quieres
Mota de polvo que sólo encuentra su paz y su placer, su destino y su plan en ti.
Mota de polvo creada por ti y para ti.
Mota de polvo que bebe de tu copa, que come de tu mesa, que besa tus labios y disfruta tu cena.
Mota de polvo tratada como reina, que vive en tu Palacio y disfruta de tu fiesta.
Mota de polvo a quien sin merecerlo has hecho y llamas hija, esposa y amada princesa.
Dios ofreció a Su Hijo y por medio de su sacrificio, nos mostró su amor y se entregó todo para poder perdonarnos nuestros pecados, reconciliarse con nosotros y darnos Su vida y Su reino por medio de la resurrección de nuestra conexión con Él por toda la eternidad.
¿Y nosotros?… ¿y tú?…
¿Cómo responderemos?, ¿cómo respondes a este amor y sueño de Dios?







Deja un comentario