Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
Génesis 1:27-28 RVR1960
Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados.
Génesis 5:1-2 RVR1960
En estos pasajes bíblicos, se nos dice claramente que cuando Dios creó a los seres humanos nos bendijo. Nos puso unos propósitos, unas tareas y nos bendijo.
Pero cuando el ser humano pecó, Dios nos maldijo, poniendo dificultad, dolor y sufrimiento en nuestros propósitos y tareas:
A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. [17] Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. [18] Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. [19] Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.
Génesis 3:16-19 RVR1960
Los efectos de esta maldición se ven claramente por toda la historia de la humanidad y nos afectan hasta nuestros días. Esta maldición afectó además a toda la tierra, haciéndola hostil:
Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo; y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo.
Génesis 5:28-29 RVR1960
En muchas de las historias y escritos en la Biblia desde el episodio de Adán y Eva en adelante, la desobediencia a lo que Dios dice, a su palabra, expresada luego en la ley, trae maldición y la obediencia trae la bendición. La realidad que nos muestra y que seguimos experimentando hoy, es que la ley no consigue liberarnos del pecado, porque nos dice lo que tenemos que hacer pero por nosotros mismos no logramos hacerlo, no somos capaces de hacerlo, lo que nos hace a los seres humanos vivir continuamente bajo maldición a causa de nuestro pecado.
Cuando Dios escoge a Abraham, lo escoge por gracia y le dice que lo va a bendecir:
Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. [2] Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. [3] Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
Génesis 12:1-3 RVR1960
La respuesta de Abraham a este mensaje y promesa de Dios fue creerlo y actuar en consecuencia. Cuando pasó la prueba de su confianza en Dios, al pedirle Dios que sacrificara a Isaac, Dios le confirmó su promesa de bendición:
y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.
Génesis 22:16-17 RVR1960
Esta promesa de bendición se cumplió completamente en Cristo, para toda la humanidad, al llevarse Cristo nuestra maldición y traernos la bendición:
Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe? Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.
Gálatas 3:5-14 RVR1960
Cristo sufrió y se llevó en la cruz la maldición de nuestra desobediencia y nos regaló la bendición de su perfecta obediencia.
Pero además, como resultado de la obra perfecta de Cristo en la cruz, el Padre nos dio a Su Espíritu Santo como su bendición. Nuestra mayor bendición es Dios mismo, Su Espíritu. El Espíritu Santo nos une a Dios mismo, nos permite conocerlo de forma íntima y completa en cada creyente la obra liberadora de la maldición que realizó Cristo. Nos da la capacidad de poder obedecer a Dios y ser libres del pecado y de su maldición. El Señor Jesús dijo:
‘Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. ‘
S. Juan 14:15-17
La palabra traducida como “Consolador” hemos aprendido que en griego es la palabra parakletos que significa “uno llamado a estar a tu lado como ayudante”, como un abogado defensor. Esto es maravilloso, nunca estamos solos, siempre contamos con su ayuda. ¿Pero ayuda para qué? Dice lo siguiente en el comentario de la Traducción La Pasión a este versículo: “En los manuscritos de Juan en Arameo, la palabra aramea es paraqleta: que procede de dos raíces (1) praq, “terminar, finalizar, o salvar”, y (2) lyta, que significa “la maldición”. ¡Que bella figura literaria, el Espíritu Santo viene a terminar la obra de la maldición (del pecado) en nuestras vidas y a salvarnos de todos sus efectos! Paraqleta significa “un redentor que pone fin a la maldición””.
Gracias a Cristo todo el poder de la maldición fue roto en la cruz al recibirla Cristo y desde la venida del Espíritu Santo en Pentecostés este “fin de la maldición”, la liberación del pecado en nuestra experiencia diaria es posible por la obra santificadora del Espíritu Santo en nuestras vidas. Gracias a Dios, se acabó la maldición, y por la fe y la gracia, por la obra de Cristo, el tiempo de la bendición, del favor de Dios ha llegado:
‘Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, ‘
Efesios 1:3-7 RVR1960
Toda esta bendición la podemos experimentar si confiamos en el Señor y dejamos al Espíritu Santo dirigir nuestras vidas, para así experimentar el privilegio de ser guiados como un hijo es guiado por su papá, un Papá bueno, todopoderoso y sabio que nos ama, guiados por el camino de la bendición, por el camino de la libertad:
Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios
Romanos 8:19-21 RVR1960
La libertad gloriosa de los hijos de Dios es la libertad de la maldición, de la muerte, de la descomposición, de la vanidad para vivir en y por la eternidad.







Deja un comentario