¿No son el Abaná y el Farfar, ríos de Damasco, mejor que todas las aguas de Israel? ¿No pudiera yo lavarme en ellos y ser limpio? Y dio la vuelta, y se fue enfurecido. Pero sus siervos se le acercaron y le hablaron, diciendo: Padre mío, si el profeta te hubiera dicho que hicieras alguna gran cosa, ¿no la hubieras hecho? ¡Cuánto más cuando te dice: «Lávate, y quedarás limpio»! Entonces él bajó y se sumergió siete veces en el Jordán conforme a la palabra del hombre de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño pequeño, y quedó limpio.
2 Reyes 5:12-14 LBLA
Entiendo a Naamán
Entiendo mucho a Naamán, lo entiendo. Espiritual y emocionalmente he tenido esa sensación, la de quedar con la piel como la de un niño pequeño, suave, renovada, inocente, limpia. Lo entiendo. El pecado es una lepra que te avergüenza y te amarga. Entiendo a Naamán con sus vestidos, sus victorias, con su pompa, pero leproso.
Entiendo a Naamán, lo entiendo, teniendo más fe en sus ríos limpios pero sin poder, que en la humillación de un río pobre, sucio y tal vez sin gracia.
Entiendo a Naamán, lo entiendo, la fe simple y humillante que se necesita para sumergirse siete veces en el Jordán.
Como Naamán yo sigo trabajando en Siria, teniendo que entrar en un templo y trabajar en la casa de un dios en el que ya no creo y en el que intento contarle a la gente de que existe una respuesta mejor con Eliseo, en el río Jordán.
Cuando nada funciona y la fe parece loca, humillarte a probarla es una gran responsabilidad.
Aquí sigo con mi pompa, con mis siervos y mis ropas, con mis riquezas que es lo que toca, pero sin lepra por pura misericordia.
Cuando tú no has comprado el milagro, cuando no te tocó hacer nada difícil, cuando no hay forma de jactarse, no hay otra cosa que contar lo que sucedió en realidad: me fui y me sumergí en el Jordán siete veces, no me costó nada, solo mi orgullo y me exigió confiar. Fe simple, humillante, milagro que el dinero no pudo comprar, que solo requirió fe, obediencia y humildad.
Y tú que me estás leyendo, ¿En dónde te estás sumergiendo en busca de tu sanidad?, ¿En el Abaná (tu propio río) o en el Jordán?
Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio.
Lucas 4:27 LBLA
«A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.»
Isaías 55:1 RVR1960






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